18/01/2021, 20:57
Hayato pareció ir relajándose conforme avanzaba la conversación. O al menos eso era lo que Ayame quería creer. No le habían pasado desapercibidos los gestos nerviosos del muchacho y, de alguna manera, se sentía responsable de romper el hielo con él. O, al menos, que se sintiera más cómodo en su presencia. Siendo shinobi, podía entender que se mostrara receloso hacia otros shinobi, y esa era otro motivo para hacerle entender sin palabras que ella no tenía ningún tipo de mala intención.
—Gracias, Aotsuki-san, más tarde te invito a un té caliente... si quieres... —dijo Hayato, avergonzado después de que Ayame le invitara a comer.
—Puedes llamarme Ayame, no hay problema —repuso ella, agitando una mano en el aire—. Pero está bien. Aunque mejor si es un chocolate caliente, no me gustan demasiado las infusiones —se rio.
—Disculpe, señor, ¿ya está el agua para los pacientes? —Hayato se había vuelto hacia el tabernero, que asintió de forma behemente.
—¡Sí! ¡Ahora mismo te la traigo! —El hombre desapareció tras la barra y apareció al cabo de unos pocos minutos, aferrando con las manos desnudas las asas de una cazuela bastante grande. Aún estando cubierta con una tapa, se apreciaba el vapor del agua caliente surgiendo de las hendiduras. También dejó varios trapos de cocina cuidadosamente doblados sobre la barra—. Mucha suerte, muchachos.
—Muchas gracias, señor —Ayame inclinó la cabeza a modo de agradecimiento, antes de levantarse de su asiento—. Te sigo, Hayato. ¿Necesitas ayuda para cargar con el agua o los trapos?
—Gracias, Aotsuki-san, más tarde te invito a un té caliente... si quieres... —dijo Hayato, avergonzado después de que Ayame le invitara a comer.
—Puedes llamarme Ayame, no hay problema —repuso ella, agitando una mano en el aire—. Pero está bien. Aunque mejor si es un chocolate caliente, no me gustan demasiado las infusiones —se rio.
—Disculpe, señor, ¿ya está el agua para los pacientes? —Hayato se había vuelto hacia el tabernero, que asintió de forma behemente.
—¡Sí! ¡Ahora mismo te la traigo! —El hombre desapareció tras la barra y apareció al cabo de unos pocos minutos, aferrando con las manos desnudas las asas de una cazuela bastante grande. Aún estando cubierta con una tapa, se apreciaba el vapor del agua caliente surgiendo de las hendiduras. También dejó varios trapos de cocina cuidadosamente doblados sobre la barra—. Mucha suerte, muchachos.
—Muchas gracias, señor —Ayame inclinó la cabeza a modo de agradecimiento, antes de levantarse de su asiento—. Te sigo, Hayato. ¿Necesitas ayuda para cargar con el agua o los trapos?

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