3/02/2021, 01:25
Juro se encogió de hombros ante la afirmación de Yota. Sí, puede que tuviera razón. Dar por hecho cosas era sinónimo de confiarse, y un ninja confiado siempre acababa en el mismo lugar: enterrado bajo tierra. En lo que respecta a Kurama, uno nunca podía saber en qué clase de cosas pensaba aquel zorro.
El marionetista alzó la mano derecha — lentamente, para que nadie lo confundiera con una agresión — con la palma extendida hacia su compañero, en un gesto para que se calmara.
— Entiendo que tienes muchas preguntas, pero vayamos por partes. Eso te lo contaré después — afirmó, para luego continuar —. Antes de hablar con Kurama, tuve la oportunidad de hablar con Yubiwa. Traté de razonar con él y averiguar por qué estaba traicionando a la villa. Pero su respuesta me dejó... inquieto. No parecía el mismo hombre que había conocido en su día. Algo le había cambiado.
Se aclaró la garganta. La historia que venía ahora era incluso más complicada de entender, y eso ya era decir. Pero había algo de lo que se había dado cuenta hace mucho tiempo y que no había tenido la oportunidad de comprobar hasta ahora: Yota había estado en la misma misión que Yubiwa. Si alguien sabía lo que había pasado ahí, podía ser él.
Quizá su antiguo compañero de villa podía decirle, de una vez por todas, si ese hombre decía la verdad o mentía.
— Me habló de una misión. Una que tú también debes conocer muy bien, puesto que fuiste con él y con una tal Taeko — Juro no reconocía ese nombre, aunque le sonaba ligeramente. Una compañera supuso —. Él... bueno, me dijo que estuvo ante una especie de árbol sagrado y que tuvo una revelación. Que él era un ninja de una antigua nación llamada Takigakure, a la que Kenzō-sama exterminó y que él fue el último superviviente. Le borraron la memoria y le instruyeron como arma para Kusagakure por su poder.
»Fuese o no verdad, Kurama lo engatusó con la promesa de que resucitaría su antigua nación y que le nombraría lider. Y a cambio de ello, él aceptó ser su siervo. No solo estaba dispuesto, sino que consideraba que los humanos eramos seres inferiores y que debíamos servir a los bijuu, así como que era necesario destruir el orden establecido — murmuró, con cierta amargura. No era fácil hablar de algo así.
El marionetista alzó la mano derecha — lentamente, para que nadie lo confundiera con una agresión — con la palma extendida hacia su compañero, en un gesto para que se calmara.
— Entiendo que tienes muchas preguntas, pero vayamos por partes. Eso te lo contaré después — afirmó, para luego continuar —. Antes de hablar con Kurama, tuve la oportunidad de hablar con Yubiwa. Traté de razonar con él y averiguar por qué estaba traicionando a la villa. Pero su respuesta me dejó... inquieto. No parecía el mismo hombre que había conocido en su día. Algo le había cambiado.
Se aclaró la garganta. La historia que venía ahora era incluso más complicada de entender, y eso ya era decir. Pero había algo de lo que se había dado cuenta hace mucho tiempo y que no había tenido la oportunidad de comprobar hasta ahora: Yota había estado en la misma misión que Yubiwa. Si alguien sabía lo que había pasado ahí, podía ser él.
Quizá su antiguo compañero de villa podía decirle, de una vez por todas, si ese hombre decía la verdad o mentía.
— Me habló de una misión. Una que tú también debes conocer muy bien, puesto que fuiste con él y con una tal Taeko — Juro no reconocía ese nombre, aunque le sonaba ligeramente. Una compañera supuso —. Él... bueno, me dijo que estuvo ante una especie de árbol sagrado y que tuvo una revelación. Que él era un ninja de una antigua nación llamada Takigakure, a la que Kenzō-sama exterminó y que él fue el último superviviente. Le borraron la memoria y le instruyeron como arma para Kusagakure por su poder.
»Fuese o no verdad, Kurama lo engatusó con la promesa de que resucitaría su antigua nación y que le nombraría lider. Y a cambio de ello, él aceptó ser su siervo. No solo estaba dispuesto, sino que consideraba que los humanos eramos seres inferiores y que debíamos servir a los bijuu, así como que era necesario destruir el orden establecido — murmuró, con cierta amargura. No era fácil hablar de algo así.
Hablo / Pienso
Avatar hecho por la increible Eri-sama.
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Sellos implantados: Hermandad intrepida
- Juro y Datsue : Aliento nevado, 218. Poder:60