10/02/2021, 22:22
(Última modificación: 10/02/2021, 22:32 por Akamatsu Nao. Editado 6 veces en total.
Razón: Un montón de correcciones, toy oxidada.
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Despedida, Año 220
Nao recibió temprano en la mañana a un mensajero, quién le había llevado un pergamino de misión. Cuando no tenía nada planificado, solía quedarse dormido hasta tarde, pues pese a todo aún no estaba acostumbrado a ese cambio de ser civil a militar, donde en cualquier momento podían llamarle para una misión, como era el actual caso. Tras pasar muchos años bajo la tutela de su abuelo, ahora el joven prefería tomarse algunas libertades de la soledad, como elegir cuando y como hacer las cosas.
No es que pensara que su vida anterior era un encierro, pero de una u otra forma estaba en su etapa de adolescente rebelde, pese a que él no fuese a admitir que es mucho más impulsivo de lo que quiere aparentar.
De igual manera trataría de ser puntual, pues al menos se preocupaba de dar una buena imagen a los demás. Sin embargo, cuando leyó el contenido del pergamino no puedo evitar tener un bajón moral, pues se notaba que a simple vista era un trabajo sencillo y para nada complicado. Ergo, aburrido. Se volvió ninja para vivir aventuras, no para ser el mandadero personal del primer tipo con algo de dinero. No estaba nervioso en lo absoluto, más bien estaba desganado, pero eso no impidió que su maña saliese a flote y cediese a su deseo de sacar un pincel y metérselo a la boca, moviéndolo de arriba a abajo con ritmo.
Se alistó como de costumbre, tardándose más de lo habitual en su peinado. Por muy temprano que fuese quería lucir impecable. Tomó su peculiar karakasa y partió rumbo al distrito comercial con galante andar. Ciertamente era un chico de nieve que aún no aguantaba el agua. Siguió cuidadosamente las indicaciones del pergamino para llegar a dónde se le citó, pues aparentemente tendría algún compañero de labores quién seguramente habría recibido un pergamino como el de él. Con mucha precaución y curiosidad ladearía a los lados buscando a quién pudiese tener alguna bandana shinobi, esperando que pudiesen luego ir juntos a concretar el encuentro con su cliente.
Si bien lucía impecable, su cara no estaba muy animada que se diga, y se limitaba a morder el pincel mientras alzaba levemente la vista al nublado cielo. «La vida ninja no es ni de cerca como lo pintan las historias...»
