11/02/2021, 07:03
—Vaya, de alguna manera es tranquilizador saber que no soy la única persona que no gusta de la lluvia en un sitio dónde la tempestad es perenne —. Soltó una risa suave ante su propia afirmación.
Y aún así, pese a que ese día no llovía, siempre llevaba su paraguas. Independientemente de que estaba seguro que la lluvia iba a volver en cualquier momento, aunque no fuese así, igual lo llevaría.
—Y en efecto, el nombre coincide con el pergamino que me otorgaron, así que estamos juntos en esta misión — Asintió suavemente con la cabeza, para luego darse la vuelta observando el callejón. —Según el mapa el local de la señora Nadeshiko se encuentra al fondo —.apuntó con su mirada. —¿Vamos? —. Dijo mientras empezaba el mismo la marcha para dar el ejemplo.
Como se indicó, todos los negocios estaban cerrados y con las luces apagadas, causando un gran contraste con el bullicio habitual de la zona. Era ahí mientras avanzaran, que podrían percatarse del daño causado: pintas por todos lados; puertas, ventas y paredes por igual, nada se salvaba. Sin embargo, algo no estaba bien. «Esto no es simple vandalismo...» Más que garabatos, se trataba de letras... Mensajes.
A su paso, más consignas se hallaban escritas:
"La verdad está escrita en los libros", "No manchemos la memoria de los que están en el cementerio del Gobi", "No creeremos en los bijuu", "La historia no puede cambiarse".
Nao, repasaba con atención los mensajes y podía darse cuenta de por dónde iban los tiros. Pero, ¿debía importarle? A veces, se sentía como si el mundo ninja y los enormes problemas, no fuesen de él. La abierta voluntad a colaborar con las bestias con cola causó cierto revuelo cuando se supo, aunque las tensiones políticas tras el incidente del Torneo de los Dojos habían acaparado toda la atención. «Pero parece que aún hay gente con el suficiente tiempo libre para preocuparse por esto.» Él era, neutral ante esa opinión. Nuevamente, su falta de sentido de pertenencia no le permitía vivir con emoción las situaciones que le rodeaban.
—Por cierto —.soltó de pronto. —Debido a mi impertinencia y mi falta de paciencia, ni siquiera tuve la oportunidad de recibir un nombre en respuesta —volvió su mirar a su compañero, quién aún no se había presentado.
Y aún así, pese a que ese día no llovía, siempre llevaba su paraguas. Independientemente de que estaba seguro que la lluvia iba a volver en cualquier momento, aunque no fuese así, igual lo llevaría.
—Y en efecto, el nombre coincide con el pergamino que me otorgaron, así que estamos juntos en esta misión — Asintió suavemente con la cabeza, para luego darse la vuelta observando el callejón. —Según el mapa el local de la señora Nadeshiko se encuentra al fondo —.apuntó con su mirada. —¿Vamos? —. Dijo mientras empezaba el mismo la marcha para dar el ejemplo.
Como se indicó, todos los negocios estaban cerrados y con las luces apagadas, causando un gran contraste con el bullicio habitual de la zona. Era ahí mientras avanzaran, que podrían percatarse del daño causado: pintas por todos lados; puertas, ventas y paredes por igual, nada se salvaba. Sin embargo, algo no estaba bien. «Esto no es simple vandalismo...» Más que garabatos, se trataba de letras... Mensajes.
"No perdonemos, no olvidemos la Ciudad Fantasma".
A su paso, más consignas se hallaban escritas:
"La verdad está escrita en los libros", "No manchemos la memoria de los que están en el cementerio del Gobi", "No creeremos en los bijuu", "La historia no puede cambiarse".
Nao, repasaba con atención los mensajes y podía darse cuenta de por dónde iban los tiros. Pero, ¿debía importarle? A veces, se sentía como si el mundo ninja y los enormes problemas, no fuesen de él. La abierta voluntad a colaborar con las bestias con cola causó cierto revuelo cuando se supo, aunque las tensiones políticas tras el incidente del Torneo de los Dojos habían acaparado toda la atención. «Pero parece que aún hay gente con el suficiente tiempo libre para preocuparse por esto.» Él era, neutral ante esa opinión. Nuevamente, su falta de sentido de pertenencia no le permitía vivir con emoción las situaciones que le rodeaban.
—Por cierto —.soltó de pronto. —Debido a mi impertinencia y mi falta de paciencia, ni siquiera tuve la oportunidad de recibir un nombre en respuesta —volvió su mirar a su compañero, quién aún no se había presentado.
