22/02/2021, 16:31
(Última modificación: 22/02/2021, 16:32 por Yasuyori Hayato.)
Estaba consiente de que no era tan fuerte como para aportar en aquella misión, considerando que la kunoichi tenía evidentemente más experiencia que el iryo-nin. Lo mejor que podía hacer era lo que sabía, y cuidar de aquellas personas. Pero también, antes que médico, era un ninja y quería pelear, hacer algo por ellos.
Permaneció en silencio unos segundos mientras atendía a la mujer, antes de responder a lo que dijo Ayame.
-S...supongo que no necesitarás mi ayuda, si...- Respondió a Ayame en voz baja, mientras terminaba de atender a su último paciente.
Pero sus palabras de resignación no coincidan con sus ojos. Tenía el ceño fruncido y bajo la mascarilla sus labios estaban apretados en una fina línea, y la tensión en su mandíbula era evidenciable en su cuello. Odiaba realmente que todo esto le estuviera pasando a aquel humilde pueblo.
Se puso de pie y miró a sus cuatro pacientes. El anciano respiraba un poco más tranquilo, los niños ya hablaban en voz baja entre ellos sonriendo y la mujer dormía, aun respirando agitada, pero el vapor del agua caliente redujo el ronquido general de todos los enfermos.
-Los acompañantes si desean ya pueden estar con sus familiares. Cuando las toallas estén tibias, quítenselas. De vez en cuando, hagan ejercicios de respiración con ellos. Inspirar por 4 segundos, sostener 2 segundos y expirar por 4 segundos y manteniendo otros 2 segundos antes de volver a inspirar...- Les dijo tranquilamente luego de quitarse el cubrebocas.
Como si tuvieran un resorte, los familiares de los enfermos corrieron a ver a sus familiares, sentándose junto a ellos y Hayato sonrió.
Tomó la cacerola, ya mucho más liviana y fría, y se quedó mirando a su interior.
-Me gustaría ir, no te lo niego, pero tienes razón. Estaré al pendiente si necesitas... algo...- Dijo algo distraído aún viendo el fondo de la cacerola. -Buena suerte- Finalmente miró a Ayame, sonriéndole sinceramente. -Esperaré un poco a que se enfríen las toallas y tal vez iré por más agua. Si esos bandidos tienen medicinas, te las encargo.-
Permaneció en silencio unos segundos mientras atendía a la mujer, antes de responder a lo que dijo Ayame.
-S...supongo que no necesitarás mi ayuda, si...- Respondió a Ayame en voz baja, mientras terminaba de atender a su último paciente.
Pero sus palabras de resignación no coincidan con sus ojos. Tenía el ceño fruncido y bajo la mascarilla sus labios estaban apretados en una fina línea, y la tensión en su mandíbula era evidenciable en su cuello. Odiaba realmente que todo esto le estuviera pasando a aquel humilde pueblo.
Se puso de pie y miró a sus cuatro pacientes. El anciano respiraba un poco más tranquilo, los niños ya hablaban en voz baja entre ellos sonriendo y la mujer dormía, aun respirando agitada, pero el vapor del agua caliente redujo el ronquido general de todos los enfermos.
-Los acompañantes si desean ya pueden estar con sus familiares. Cuando las toallas estén tibias, quítenselas. De vez en cuando, hagan ejercicios de respiración con ellos. Inspirar por 4 segundos, sostener 2 segundos y expirar por 4 segundos y manteniendo otros 2 segundos antes de volver a inspirar...- Les dijo tranquilamente luego de quitarse el cubrebocas.
Como si tuvieran un resorte, los familiares de los enfermos corrieron a ver a sus familiares, sentándose junto a ellos y Hayato sonrió.
Tomó la cacerola, ya mucho más liviana y fría, y se quedó mirando a su interior.
-Me gustaría ir, no te lo niego, pero tienes razón. Estaré al pendiente si necesitas... algo...- Dijo algo distraído aún viendo el fondo de la cacerola. -Buena suerte- Finalmente miró a Ayame, sonriéndole sinceramente. -Esperaré un poco a que se enfríen las toallas y tal vez iré por más agua. Si esos bandidos tienen medicinas, te las encargo.-