7/03/2021, 16:08
Yota estaba haciendo uso de toda su paciencia para aguantar los nervios. Juro lo podía notar perfectamente. Eran demasiados años a su lado para no saberlo. Se lo agradeció mentalmente, mientras él trataba de serenarse para llegar al final de aquella historia. Entonces, todo se habría terminado y esa pequeña charla se iría al garete. Lo que pasaría después era algo que ni si quiera él podía prever.
— El día que Kenzō me convirtió en jinchūriki yo me intenté negar, ¿sabes? Pero no tuve mucha opción ante una orden directa. Él me habló del gran potencial que tenía y cómo una persona joven tendría más opciones de sobrevivir. Me dijo que me convertiría en su jaula para el resto de los días de mi vida. Que sería un peso en la balanza para evitar una guerra. Me obligó a mantenerlo en secreto, para evitar que algún malvado hiciera algo contra mí. Pero creo que también era porque yo era su as en la manga, su arma en caso de que algo nos amenazara — Juro sonrió tristemente —. No me importó convertirme en un arma. Era por la villa. Me dijo que era parte de la gran familia de Kusagakure y que era como mi padre. Y yo lo sentía así.
Sus palabras se llenaron de nostalgia. El dolor en el pecho se acrecentó. En ese momento, no sabía que pensar. Ni si quiera sabía como explicar ese complejo sentimiento que le atenazaba: ese que unía el dolor por la traición de su líder junto al arrepentimiento por haber sido la causa de su muerte, por mucho que estuviera defendiendo su vida en el proceso.
— El día que lo sellaron en mí, el Nanabi me habló durante unos momentos. Nada importante, pero lo noté. Sin embargo, el Morikage no me creyó. Y al final, pensé que simplemente fue un delirio. Yo creía la versión de Kenzō. Pensaba que era un monstruo irracional. — relató —. Cuando aparecieron los generales, no tuvo más remedio que aceptar que los bijuu eran seres racionales. Yo le conté todo lo que supe, con la esperanza de que él me comprendiera. Pero lo único que me dijo es que los bijuus eran monstruos y que debía evitar entrar en contacto con ellos.
» No le culpo. Al fin y al cabo no sabe lo que se siente tener a uno en tu interior. Pero nunca quiso entenderlo. Y eso hizo que se abriera una brecha entre nosotros. Con el paso del tiempo yo cada vez me preguntaba más que estaba pasando en realidad en aquella guerra entre los bijuu, por qué el Gobi había rechazado a Kurama, y quién diablos era la criatura que tenía en mi interior. Pero si Kenzō se negaba a escucharme, pensé que entonces no podía si quiera contarlo
Paró un momento para respirar. Llevaba hablando mucho y ni si quiera había dado pie a que le preguntarán sus interlocutores. Por eso, decidió esperar para ver alguna reacción, y en caso de que no la hubiera, seguiría.
— El día que Kenzō me convirtió en jinchūriki yo me intenté negar, ¿sabes? Pero no tuve mucha opción ante una orden directa. Él me habló del gran potencial que tenía y cómo una persona joven tendría más opciones de sobrevivir. Me dijo que me convertiría en su jaula para el resto de los días de mi vida. Que sería un peso en la balanza para evitar una guerra. Me obligó a mantenerlo en secreto, para evitar que algún malvado hiciera algo contra mí. Pero creo que también era porque yo era su as en la manga, su arma en caso de que algo nos amenazara — Juro sonrió tristemente —. No me importó convertirme en un arma. Era por la villa. Me dijo que era parte de la gran familia de Kusagakure y que era como mi padre. Y yo lo sentía así.
Sus palabras se llenaron de nostalgia. El dolor en el pecho se acrecentó. En ese momento, no sabía que pensar. Ni si quiera sabía como explicar ese complejo sentimiento que le atenazaba: ese que unía el dolor por la traición de su líder junto al arrepentimiento por haber sido la causa de su muerte, por mucho que estuviera defendiendo su vida en el proceso.
— El día que lo sellaron en mí, el Nanabi me habló durante unos momentos. Nada importante, pero lo noté. Sin embargo, el Morikage no me creyó. Y al final, pensé que simplemente fue un delirio. Yo creía la versión de Kenzō. Pensaba que era un monstruo irracional. — relató —. Cuando aparecieron los generales, no tuvo más remedio que aceptar que los bijuu eran seres racionales. Yo le conté todo lo que supe, con la esperanza de que él me comprendiera. Pero lo único que me dijo es que los bijuus eran monstruos y que debía evitar entrar en contacto con ellos.
» No le culpo. Al fin y al cabo no sabe lo que se siente tener a uno en tu interior. Pero nunca quiso entenderlo. Y eso hizo que se abriera una brecha entre nosotros. Con el paso del tiempo yo cada vez me preguntaba más que estaba pasando en realidad en aquella guerra entre los bijuu, por qué el Gobi había rechazado a Kurama, y quién diablos era la criatura que tenía en mi interior. Pero si Kenzō se negaba a escucharme, pensé que entonces no podía si quiera contarlo
Paró un momento para respirar. Llevaba hablando mucho y ni si quiera había dado pie a que le preguntarán sus interlocutores. Por eso, decidió esperar para ver alguna reacción, y en caso de que no la hubiera, seguiría.
Hablo / Pienso
Avatar hecho por la increible Eri-sama.
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Sellos implantados: Hermandad intrepida
- Juro y Datsue : Aliento nevado, 218. Poder:60