30/03/2021, 14:31
— No digo que el Morikage no me hubiera escuchado
Aquella sensación extraña de descontrol volvía a hacer mella en mi cerebro. Discernir lo que era real de lo que no, si creer lo que Juro estaba diciendo o no. En definitiva dudas que iban a marcar mi futuro más próximo. Pero la verdad es que imaginarme a Kenzō-sama enrocado en algo me costaba de creer, ya ni que decir de imaginar.
Por supuesto que lo habría hecho. El problema era el contenido de mi mensaje. Él no quería escuchar hablar sobre la conciencia racional de los bijuu o su alineamiento en la guerra. Él solo quería tratarles como bestias sin nombre. Como armas para una futura guerra. Desconfió de mi porque no le gustó lo que le dije cuando supe sobre los bijuu la primera vez. Y cuando se enteró de lo que pasó en aquella cueva, tomó su decisión.
» Yo era importante para él, Yota. Porque era el arma de la aldea. Pero las armas son mejores cuando no tienen ideas propias. Cuando no te cuestionan. Y si una no sirve, siempre se puede remplazar. ¿Entiendes a que me refiero?
Me encogí de hombros. ¿Acaso alguien podía hacerse amigo de un bijū. el mundo en el que había crecido decía que eran seres peligrosos con un poder de destrucción masiva.
— Desconocía que te hubiera dicho eso, pero no logro entender la finalidad. Tú y yo ya eramos compañeros de equipo y amigos, nos protegíamos el uno al otro sin necesidad de que alguien nos lo ordenara, ¿o no es así?
— Supongo que quería asegurarse de que estaba realmente pendiente de ti
Te recuerdo que fue precisamente por su culpa que levanté un muro de distancia sobre ti y todos mis compañeros al obligarme a no contarle a nadie mi condición de jinchuriki. Y esa orden la recibiste justo después de que le informara sobre los generales y el Gobi. Casi me da a pensar que además de mi seguridad, le interesaba tenerme controlado.
— ¡Es evidente que quería tenerte controlado! Imagino que Kenzō-sama jamás se imaginaria que pudieras ganarte el favor del Nanabi, y por eso me confío esa tarea, porque estábamos unidos desde hacía mucho tiempo y sabía que podíamos confiar el uno en el otro, ¿Recuerdas esos tiempos?
Agaché la cabeza, entre un sentimiento de abatimiento y de tristeza. Aquello empezaba a superarme. Sacudí la cabeza.
— Supongo que tras aquel choque de opiniones empezó la famosa pelea en la que acabaste con su vida pero... si realmente te ganaste el favor del nanabi como dices tendrás alguna forma de demostrarlo, ¿verdad? — volví a alzar la mirada y esta vez sería yo el que clavaría mi mirada en la suya — Hazlo y confiaré en ti
Aquella sensación extraña de descontrol volvía a hacer mella en mi cerebro. Discernir lo que era real de lo que no, si creer lo que Juro estaba diciendo o no. En definitiva dudas que iban a marcar mi futuro más próximo. Pero la verdad es que imaginarme a Kenzō-sama enrocado en algo me costaba de creer, ya ni que decir de imaginar.
Por supuesto que lo habría hecho. El problema era el contenido de mi mensaje. Él no quería escuchar hablar sobre la conciencia racional de los bijuu o su alineamiento en la guerra. Él solo quería tratarles como bestias sin nombre. Como armas para una futura guerra. Desconfió de mi porque no le gustó lo que le dije cuando supe sobre los bijuu la primera vez. Y cuando se enteró de lo que pasó en aquella cueva, tomó su decisión.
» Yo era importante para él, Yota. Porque era el arma de la aldea. Pero las armas son mejores cuando no tienen ideas propias. Cuando no te cuestionan. Y si una no sirve, siempre se puede remplazar. ¿Entiendes a que me refiero?
Me encogí de hombros. ¿Acaso alguien podía hacerse amigo de un bijū. el mundo en el que había crecido decía que eran seres peligrosos con un poder de destrucción masiva.
— Desconocía que te hubiera dicho eso, pero no logro entender la finalidad. Tú y yo ya eramos compañeros de equipo y amigos, nos protegíamos el uno al otro sin necesidad de que alguien nos lo ordenara, ¿o no es así?
— Supongo que quería asegurarse de que estaba realmente pendiente de ti
Te recuerdo que fue precisamente por su culpa que levanté un muro de distancia sobre ti y todos mis compañeros al obligarme a no contarle a nadie mi condición de jinchuriki. Y esa orden la recibiste justo después de que le informara sobre los generales y el Gobi. Casi me da a pensar que además de mi seguridad, le interesaba tenerme controlado.
— ¡Es evidente que quería tenerte controlado! Imagino que Kenzō-sama jamás se imaginaria que pudieras ganarte el favor del Nanabi, y por eso me confío esa tarea, porque estábamos unidos desde hacía mucho tiempo y sabía que podíamos confiar el uno en el otro, ¿Recuerdas esos tiempos?
Agaché la cabeza, entre un sentimiento de abatimiento y de tristeza. Aquello empezaba a superarme. Sacudí la cabeza.
— Supongo que tras aquel choque de opiniones empezó la famosa pelea en la que acabaste con su vida pero... si realmente te ganaste el favor del nanabi como dices tendrás alguna forma de demostrarlo, ¿verdad? — volví a alzar la mirada y esta vez sería yo el que clavaría mi mirada en la suya — Hazlo y confiaré en ti
![[Imagen: K1lxG4r.png]](https://i.imgur.com/K1lxG4r.png)
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