1/05/2021, 16:08
Los ánimos se calmaron, desde luego. Un año en el exilio habían templado sus nervios y le habían hecho darse cuenta de la importancia de que las palabras llegaran a su destinatario, sin importar cuánto había que repetirlas o de qué manera. Enfadarse no servía de nada, y menos cuando no sabes si es la última vez que hablarás con la persona que tienes delante.
En otras circunstancias, congratularía ese pequeño crecimiento personal, pero no era el momento ni el lugar.
— Creo que no eres muy consciente de lo que me estás pidiendo. Igual te estoy entendiendo mal pero... ¿me estás pidiendo que le coma la oreja a la Morikage? ¿que lave tu nombre desde dentro?
Juro no pudo evitar encogerse de hombros. Por el tono de su amigo, pudo ver que la tentativa no le hacía mucha gracia, pero, ¿qué había imaginado exactamente cuando se ofreció a ayudarle? Hiciesen lo que hiciesen, si la Morikage no le aceptaba, Juro nunca podría regresar a Kusagakure sin ser asesinado. La población podía decir lo que quisiera.
— Sé que es una mala idea. Es lo que pretendía decirte hace unos minutos — se defendió Juro, encogiéndose de hombros —. Por eso, que me presente en Kusagakure de buenas a primeras es una idea incluso peor, chicos. No daré dos pasos sin ser capturado y llevado ante la Morikage y estaremos en las mismas. Y si me permites decirlo, creo que apelar a una población que probablemente siente rencor y miedo hacia mi, de buenas a primeras, también es un suicidio para los tres.
»Este es el dilema. Para lograr esta misión, no podemos arriesgarnos a que piense que vosotros también sois traidores. Y tampoco vamos a arriesgar mi integridad física sin estar seguros de que no me van a matar en cuanto llegue. Esas son mis condiciones — exclamó Juro, con el mismo tono amable, pero mucho más tajante
Juro se llevó una mano a la barbilla, ciertamente pensativo. Eso era lo lógico sí, pero... ¿Qué podían hacer? ¿De verdad había algún plan que pudiera permitir todo eso y a la vez cumplir su objetivo? Hicieran lo que hicieran tomarían riesgos, desde luego, pero no quería tomar un riesgo demasiado grande. Hay quien dice que quien no arriesga no gana. Pero se negaba rotundamente. Aunque eso significara que la misión no pudiera cumplirse nunca, prefería que ambos pudieran continuar sus vidas.
— La verdad es que no tengo ni la menor idea de qué hacer — confesó Juro —. Quizá el problema está en que somos muy pocos y vais a estar solos en la Aldea. ¿Y si añadiésemos a alguien más a nuestra causa? ¿Crees que hay alguien en Kusagakure que podría creer mi historia y no delatarnos? Es una decisión muy arriesgada también y podría matarnos a los dos, así que si no estás completamente seguro, ni lo intentemos.
La verdad es que no solo era una lluvia de ideas. Había dicho la primera cosa que se le había pasado por la cabeza. Con más gente, su influencia ante el pueblo y la Morikage podría mejorar, y quizá adquiriría un mayor respaldo. Sin embargo, las consecuencias podían seguir siendo muy negativas y no estaba del todo seguro de si acabarían violando los acuerdos que acababa de proponer él.
En otras circunstancias, congratularía ese pequeño crecimiento personal, pero no era el momento ni el lugar.
— Creo que no eres muy consciente de lo que me estás pidiendo. Igual te estoy entendiendo mal pero... ¿me estás pidiendo que le coma la oreja a la Morikage? ¿que lave tu nombre desde dentro?
Juro no pudo evitar encogerse de hombros. Por el tono de su amigo, pudo ver que la tentativa no le hacía mucha gracia, pero, ¿qué había imaginado exactamente cuando se ofreció a ayudarle? Hiciesen lo que hiciesen, si la Morikage no le aceptaba, Juro nunca podría regresar a Kusagakure sin ser asesinado. La población podía decir lo que quisiera.
— Sé que es una mala idea. Es lo que pretendía decirte hace unos minutos — se defendió Juro, encogiéndose de hombros —. Por eso, que me presente en Kusagakure de buenas a primeras es una idea incluso peor, chicos. No daré dos pasos sin ser capturado y llevado ante la Morikage y estaremos en las mismas. Y si me permites decirlo, creo que apelar a una población que probablemente siente rencor y miedo hacia mi, de buenas a primeras, también es un suicidio para los tres.
»Este es el dilema. Para lograr esta misión, no podemos arriesgarnos a que piense que vosotros también sois traidores. Y tampoco vamos a arriesgar mi integridad física sin estar seguros de que no me van a matar en cuanto llegue. Esas son mis condiciones — exclamó Juro, con el mismo tono amable, pero mucho más tajante
Juro se llevó una mano a la barbilla, ciertamente pensativo. Eso era lo lógico sí, pero... ¿Qué podían hacer? ¿De verdad había algún plan que pudiera permitir todo eso y a la vez cumplir su objetivo? Hicieran lo que hicieran tomarían riesgos, desde luego, pero no quería tomar un riesgo demasiado grande. Hay quien dice que quien no arriesga no gana. Pero se negaba rotundamente. Aunque eso significara que la misión no pudiera cumplirse nunca, prefería que ambos pudieran continuar sus vidas.
— La verdad es que no tengo ni la menor idea de qué hacer — confesó Juro —. Quizá el problema está en que somos muy pocos y vais a estar solos en la Aldea. ¿Y si añadiésemos a alguien más a nuestra causa? ¿Crees que hay alguien en Kusagakure que podría creer mi historia y no delatarnos? Es una decisión muy arriesgada también y podría matarnos a los dos, así que si no estás completamente seguro, ni lo intentemos.
La verdad es que no solo era una lluvia de ideas. Había dicho la primera cosa que se le había pasado por la cabeza. Con más gente, su influencia ante el pueblo y la Morikage podría mejorar, y quizá adquiriría un mayor respaldo. Sin embargo, las consecuencias podían seguir siendo muy negativas y no estaba del todo seguro de si acabarían violando los acuerdos que acababa de proponer él.
Hablo / Pienso
Avatar hecho por la increible Eri-sama.
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Sellos implantados: Hermandad intrepida
- Juro y Datsue : Aliento nevado, 218. Poder:60