7/07/2021, 02:42
A pesar de que el arma volase, al parecer, en el momento que circulaba la encapuchada, no se hizo mucho problema por el acto. Parecía, incluso, estar feliz de aquella intervención que había sufrido, dejándose reflejar por esa sonrisa que tenía en la cara.
En el momento que estaban lo suficientemente cerca, la más alta se sacó la capucha, dejando ver su cabellera de color tan extravagante. El aspecto de la mujer, cuanto menos, era bastante extraño, al punto de que Jun, al verla bien, pensó que no era de allí ni porque se lo dijesen.
Tomó la kodachi, la envainó y, al ver a la chica, pudo notar en su cara como la peliazul todavía sonreía más, como si estuviera emocionándose con algo. Incluso se inclinó un poco hacía ella, como casi agachándose para hablarle. «¿Qué mierda hace?» A pesar de que no le agradase mucho que haga eso, su mirada se quedó indiferente hacia ella.
—No, no, no. Primero tienes que presentarte tú, señorita.
«¿SEÑORITA?»
Nunca le habían dicho esa palabra en toda su vida y lo que provocó en ella es que se ría un poco, desviando por un segundo la mirada. No es que se ría por malicia pero la tomó bastante por sorpresa.
—Eso solo significa que no has entrenado lo suficiente, yo suelo estar metida en un dojo. Y no veo que hayas entrenado mucho estos músculos. — dijo la muchacha, mientras señalaba los brazos de Jun.
Sentía que la estaba tratando como una niña, que, bueno, lo era en parte. Pero nunca la habían tratado de esa forma, ni siquiera sus hermanos que tenían más edad que la peliazul, o por lo menos según la edad que aparentaba. No sabía muy bien como reaccionar ante la situación.
—No siento que mi fuerte sea el músculo. Y, sinceramente, solo entreno con la espada, acá en el dojo de mi casa con mi hermano. — señaló hacia atrás, apuntando hacia la vivienda. —Mi nombre es Jun. Ahora dime el tuyo. Se-ño-ri-ta.
Sonrió un poco al pronunciar silaba por silaba y puso sus manos en sus bolsillos, mirándola fija.
En el momento que estaban lo suficientemente cerca, la más alta se sacó la capucha, dejando ver su cabellera de color tan extravagante. El aspecto de la mujer, cuanto menos, era bastante extraño, al punto de que Jun, al verla bien, pensó que no era de allí ni porque se lo dijesen.
Tomó la kodachi, la envainó y, al ver a la chica, pudo notar en su cara como la peliazul todavía sonreía más, como si estuviera emocionándose con algo. Incluso se inclinó un poco hacía ella, como casi agachándose para hablarle. «¿Qué mierda hace?» A pesar de que no le agradase mucho que haga eso, su mirada se quedó indiferente hacia ella.
—No, no, no. Primero tienes que presentarte tú, señorita.
«¿SEÑORITA?»
Nunca le habían dicho esa palabra en toda su vida y lo que provocó en ella es que se ría un poco, desviando por un segundo la mirada. No es que se ría por malicia pero la tomó bastante por sorpresa.
—Eso solo significa que no has entrenado lo suficiente, yo suelo estar metida en un dojo. Y no veo que hayas entrenado mucho estos músculos. — dijo la muchacha, mientras señalaba los brazos de Jun.
Sentía que la estaba tratando como una niña, que, bueno, lo era en parte. Pero nunca la habían tratado de esa forma, ni siquiera sus hermanos que tenían más edad que la peliazul, o por lo menos según la edad que aparentaba. No sabía muy bien como reaccionar ante la situación.
—No siento que mi fuerte sea el músculo. Y, sinceramente, solo entreno con la espada, acá en el dojo de mi casa con mi hermano. — señaló hacia atrás, apuntando hacia la vivienda. —Mi nombre es Jun. Ahora dime el tuyo. Se-ño-ri-ta.
Sonrió un poco al pronunciar silaba por silaba y puso sus manos en sus bolsillos, mirándola fija.