8/07/2021, 15:54
Mientras estaba sentada, con los ojos cerrados, las piernas cruzadas, los brazos en la posición del loto o algo así, pudo sentirse en sintonía con la naturaleza. Con el mundo que la rodeaba. Sentía los ríos surcar la tierra, sentía la tierra apoyar las civilizaciones pasadas y presentes y sentía... sentía...
Nada. La meditación era una farsa, no sentía una mierda, todo esto era una perdida de tiempo y debería entrenar solo sus músculos, que era lo único de su cuerpo que funcionaba como debía.
—¡Sí!
El grito a su espalda salió de la nada y la sorprendió tanto que dio un bote hacia atrás que la dejó al borde de la Torre de Meditación. Se puso en pie tan rápido como pudo para afrentar esta nueva amenaza.
—¡Di-disculpe! ¡N-no quise interrumpirla!
Para cuando Chika se puso en pie, la desconocida ya estaba haciendo una profunda reverencia. Pasó de estar en guardia a sentirse culpable por no estar atenta a sus alrededores, porque realmente no era del todo culpa de la... Espera. Los ojos de Chika se centraron en la figura de la kunoichi de Kusagakure.
Era alta, de hecho, era altísima. Pero, normal, porque tenía unas piernas increíbles. Sus músculos parecían mucho más duros que la madera de la Torre, que era todo lo que tenía para comparar. Negó con la cabeza para quitarse el embobamiento de encima.
— Eh... No, no. Yo estaba distraida. Bueno, meditando supongo. Pero tendría que haber prestado más atención a mis alrededores. No hace falta que te disculpes.
¿Había mirado demasiado sus piernas? Es que podían ser tranquilamente las piernas más largas y entrenadas que había visto nunca, y eso que solo les había echado un vistazo con la poca luz que había en el ambiente nublado. Claro que para una amejin, nublado fuera de la Tormenta era como soleado para un uzujin, veía con claridad, con demasiada claridad.
— Si quieres meditar, mejor me marcho, no creo que valga para esto de todas formas.
Nada. La meditación era una farsa, no sentía una mierda, todo esto era una perdida de tiempo y debería entrenar solo sus músculos, que era lo único de su cuerpo que funcionaba como debía.
—¡Sí!
El grito a su espalda salió de la nada y la sorprendió tanto que dio un bote hacia atrás que la dejó al borde de la Torre de Meditación. Se puso en pie tan rápido como pudo para afrentar esta nueva amenaza.
—¡Di-disculpe! ¡N-no quise interrumpirla!
Para cuando Chika se puso en pie, la desconocida ya estaba haciendo una profunda reverencia. Pasó de estar en guardia a sentirse culpable por no estar atenta a sus alrededores, porque realmente no era del todo culpa de la... Espera. Los ojos de Chika se centraron en la figura de la kunoichi de Kusagakure.
Era alta, de hecho, era altísima. Pero, normal, porque tenía unas piernas increíbles. Sus músculos parecían mucho más duros que la madera de la Torre, que era todo lo que tenía para comparar. Negó con la cabeza para quitarse el embobamiento de encima.
— Eh... No, no. Yo estaba distraida. Bueno, meditando supongo. Pero tendría que haber prestado más atención a mis alrededores. No hace falta que te disculpes.
¿Había mirado demasiado sus piernas? Es que podían ser tranquilamente las piernas más largas y entrenadas que había visto nunca, y eso que solo les había echado un vistazo con la poca luz que había en el ambiente nublado. Claro que para una amejin, nublado fuera de la Tormenta era como soleado para un uzujin, veía con claridad, con demasiada claridad.
— Si quieres meditar, mejor me marcho, no creo que valga para esto de todas formas.