15/07/2021, 17:41
Era la hora del desayuno y Koji se disponía a volver a casa de su entrenamiento matutino cuando vio como un shinobi, que estaba haciendo las labores de reparto del correo, salía corriendo de enfrente de su apartamento con la velocidad que representaba al servicio postal de la villa, también ser rápido en desaparecer era lo mejor. Los kusajines, al menos los de su zona, no se toman bien las malas noticias y las pagan con los mensajeros, bueno, lo cierto es que las buenas las celebran golpeándose de manera afectiva que no era muy diferente.
Abrió la puerta mientras sacaba los brazos de su kimono y lo dejaba caer hasta su cintura, era invierno, pero la verdad es que después de vivir tanto tiempo en el bosque y madrugar para pillar el desayuno, el frío de la zona no le afectaba, o eso se decía a sí mismo mientras se sonaba la nariz por el catarro que había pillado. Es cierto que en el bosque hace frío, pero que los árboles ayudan a que éste no sea tan marcado es una verdad que hasta ahora desconocía y que por orgullo se negaba a aceptar.
Al mirar al suelo vio bajo su bota una carta con el sello de la villa, aunque ahora debido a su zapato y al barro de fuera, era medio símbolo y la mitad de la huella de su zapato.
Rápidamente se apresuró a abrir la carta esperando que esta no estuviese manchada porque el barro hubiese calado. Para su suerte esto no había ocurrido, la carta era blanca y claramente legible.
«Así que ahora me van a asignar a un sensei, ojalá sea alguien con quien tenga cosas en común. Según esto debo reunirme con él el Kazeyōbi a primera hora de la mañana en los dojos de instrucción, creo que será mejor que me cure el catarro lo antes posible para estar en la mejor forma.»
El Kaguya se dispuso a tomar su desayuno favorito, ramen de cerdo y huevo duro precocinado y sobre todo bien caliente, que la sopa este al punto de ebullición era lo mejor de tener las cocinas de la villa y no la fogata del bosque, ya que en invierno beberse la sopa caliente era una misión de rango S, entre que salía de la olla, la ponías en el tazón y llegaba a tu boca, la sopa ya estaba que daba pena.
«Cuando venga el abuelo tengo que darle esto de comer, seguro que con probar esto, a la próxima se trae a toda la familia.»
El día llegó y con el catarro totalmente curado, el peliblanco salió de su habitación camino al punto de encuentro, con muchas ganas de conocer a su nuevo sensei.
Abrió la puerta mientras sacaba los brazos de su kimono y lo dejaba caer hasta su cintura, era invierno, pero la verdad es que después de vivir tanto tiempo en el bosque y madrugar para pillar el desayuno, el frío de la zona no le afectaba, o eso se decía a sí mismo mientras se sonaba la nariz por el catarro que había pillado. Es cierto que en el bosque hace frío, pero que los árboles ayudan a que éste no sea tan marcado es una verdad que hasta ahora desconocía y que por orgullo se negaba a aceptar.
Al mirar al suelo vio bajo su bota una carta con el sello de la villa, aunque ahora debido a su zapato y al barro de fuera, era medio símbolo y la mitad de la huella de su zapato.
Rápidamente se apresuró a abrir la carta esperando que esta no estuviese manchada porque el barro hubiese calado. Para su suerte esto no había ocurrido, la carta era blanca y claramente legible.
«Así que ahora me van a asignar a un sensei, ojalá sea alguien con quien tenga cosas en común. Según esto debo reunirme con él el Kazeyōbi a primera hora de la mañana en los dojos de instrucción, creo que será mejor que me cure el catarro lo antes posible para estar en la mejor forma.»
El Kaguya se dispuso a tomar su desayuno favorito, ramen de cerdo y huevo duro precocinado y sobre todo bien caliente, que la sopa este al punto de ebullición era lo mejor de tener las cocinas de la villa y no la fogata del bosque, ya que en invierno beberse la sopa caliente era una misión de rango S, entre que salía de la olla, la ponías en el tazón y llegaba a tu boca, la sopa ya estaba que daba pena.
«Cuando venga el abuelo tengo que darle esto de comer, seguro que con probar esto, a la próxima se trae a toda la familia.»
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El día llegó y con el catarro totalmente curado, el peliblanco salió de su habitación camino al punto de encuentro, con muchas ganas de conocer a su nuevo sensei.
Narro — Hablo — Pienso