Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#51
Poco a poco, la vista se me fue acostumbrando a aquella luz. Joder, fueron varias eternidades allí, solo y sin ningún tipo de luz, el shock para mis ojos fue de dimensiones estratosféricas, pero empezaba a vislumbrar figuras. Primero a Daigo que no tardó en ser liberado de las malditas telas y más tarde a zaide, con su particular cogorota calva y aquella prominente barba. Allí estaba y yo estaba hecho un jodido saco de nervios. Devolví mi mirada a mi compañero.

— Mierda, Daigo, joder, reacciona — le di un par de golpecitos con la planta de los pies a modo de pequeñas pataditas — Daigo, dime que estás bien

Sin embargo, aquella iba a ser el menor de mis quebraderos de cabeza. El hecho de si Daigo estaba bien o mal. Pronto Zaide iba a pronunciar las palabras mágicas.

Kintsugi… no quiso pagar.

— No...

El mundo a mi alrededor se había congelado. El paso del tiempos e detuvo. Incluso mis constantes vitales. Como un jarrón de agua congelada. ¿Así era cómo iba a acabar la historia de Sasagani Yota y Tsukiyama Daigo? Mi cabeza descendió hasta que mi mirada se clavó en el suelo mientras las lágrimas amenazaban con precipitarse. Me sentía como un perro abandonado a su suerte. Me sentía...

«... como Jurete.»

— N-no puede ser... Mientes, quieres divertirte con nosotros un rato más y por eso nos mientes

Alcé la cabeza de nuevo.

— ¡¡ES MENTIRA, MALDITO BASTARDO!! — grité entre dolido e incrédulo.
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RE: ¡Doctor, no siento las piernas! - por Sasagani Yota - 1/09/2021, 18:06


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