22/11/2021, 23:40
Daruu pulsó el botón del último piso. Las puertas del ascensor se cerraron, y el mecanismo comenzó a subir, lenta pero inexorablemente, hacia el pasillo que llevaba al despacho de la Arashikage... no. Ahora, temporalmente, era el despacho de la Segunda Tormenta.
Él tenía algo que decirle, y por eso reflexionaba. Por el camino había tenido dudas, pero ya las había despejado. Por eso no reflexionaba sobre qué decirle. Eso lo tenía claro. Reflexionaba cómo decírselo.
Se preguntó si acaso haría falta decírselo, siquiera. Tal vez la Tormenta había tomado ya una decisión. En ese caso, Daruu debía ser firme. No debía dejarse llevar. Debía plantar cara y defender sus motivos.
¿Los escucharía Shanise acaso?
Beep.
Las puertas del ascensor se abrieron. Y Daruu echó a caminar hacia las dos grandes puertas que separaban su pasado de su futuro. Se hizo de rogar y caminó observando la lluvia caer en las torres de la aldea a través de los ventanales. La mayoría de los edificios eran más bajos que aquél. Desde allí pudo ver el estadio donde había luchado con Kōri, y se preguntó si el Hielo lloraba cuando naide le veía y no tenía que vestir aquella máscara gélida. ¿Lo estaría haciendo?
Daruu sonrió. No importa lo que pasara dentro del despacho. Alguien iba a enfadarse con él. Pero un amejin está acostumbrado a correr bajo la tormenta.
Abrió las puertas.
—Buenos días, Shanise-sama —dijo, exhibiendo una reverencia—. No hemos tenido la oportunidad de hablar hasta ahora. Yo... —titubeó—. Lo siento mucho. —Oh, y lo decía de corazón. Daruu no había hablado muchas veces con Yui, pero los pocos encuentros habían bastado para que la admirase. Como todos en aquella aldea, suponía. Pero no podía evitar sentirla como una familiar más. Una segunda madre, más exigente. Una figura a la que uno ve de espaldas y que le hincha el pecho de orgullo. Y sabía que Yui le tenía en gran estima. Eso sólo hacía que doliese más.
Daruu no se había recuperado. Nadie lo había hecho.
Él tenía algo que decirle, y por eso reflexionaba. Por el camino había tenido dudas, pero ya las había despejado. Por eso no reflexionaba sobre qué decirle. Eso lo tenía claro. Reflexionaba cómo decírselo.
Se preguntó si acaso haría falta decírselo, siquiera. Tal vez la Tormenta había tomado ya una decisión. En ese caso, Daruu debía ser firme. No debía dejarse llevar. Debía plantar cara y defender sus motivos.
¿Los escucharía Shanise acaso?
Beep.
Las puertas del ascensor se abrieron. Y Daruu echó a caminar hacia las dos grandes puertas que separaban su pasado de su futuro. Se hizo de rogar y caminó observando la lluvia caer en las torres de la aldea a través de los ventanales. La mayoría de los edificios eran más bajos que aquél. Desde allí pudo ver el estadio donde había luchado con Kōri, y se preguntó si el Hielo lloraba cuando naide le veía y no tenía que vestir aquella máscara gélida. ¿Lo estaría haciendo?
Daruu sonrió. No importa lo que pasara dentro del despacho. Alguien iba a enfadarse con él. Pero un amejin está acostumbrado a correr bajo la tormenta.
Abrió las puertas.
—Buenos días, Shanise-sama —dijo, exhibiendo una reverencia—. No hemos tenido la oportunidad de hablar hasta ahora. Yo... —titubeó—. Lo siento mucho. —Oh, y lo decía de corazón. Daruu no había hablado muchas veces con Yui, pero los pocos encuentros habían bastado para que la admirase. Como todos en aquella aldea, suponía. Pero no podía evitar sentirla como una familiar más. Una segunda madre, más exigente. Una figura a la que uno ve de espaldas y que le hincha el pecho de orgullo. Y sabía que Yui le tenía en gran estima. Eso sólo hacía que doliese más.
Daruu no se había recuperado. Nadie lo había hecho.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)