29/11/2021, 14:50
— Claro, como no
Avancé hasta el lugar indicado mientras Enzo echaba el pestillo y cerraba el local al público. cuando volvió, el buen hombre aprovechó para sacar tres vasos y una garrafa de agua, gesto que agradecí con una leve reverencia con la cabeza. Estaba deseando escuchar lo que el tipo tenía que decirnos.
—Bien, la situación con Yokkai no es la idónea, como decía en el pergamino que envié a vuestra aldea unos días atrás: nos han cortado los suministros de golpe y porrazo, y nuestro proveedor se niega a darnos una respuesta, ¡ni si quiera ha dado la cara!
El principio del relato ya nos lo sabíamos más o menos pero ahora que lo escuchaba de nuevo me volvió a resultar de lo más extraño. Sin un motivo detrás, para que iba a cerrar nadie una ruta de negocio que proporcionaba unos ingresos para ambas partes. No, no tenía sentido. Tenía que haber algo más.
—. Algunos de mis compañeros han intentado acercarse, pero no se han sentido cómodos a medida que avanzaban. Alguno me ha indicado que se sentía observado desde los lados del camino, por lo que creo que han tomado Yokkai y sus minas, pero nosotros no somos rivales, solo somos herreros.
Puse la palma de mi mano diestra tras la nuca, pensativo. Por el rabillo del ojo traté de observar lo que hacía Eri. Pese a que me había dado toda la iniciativa la tenía muy presente, no quería cagarla.
— Es raro que os hayan cortado el suministro así de golpe y si es verdad lo que dices de los compañeros que han intentado acercarse a Yokkai... es posible que esto sea más gordo de lo que podíamos pensar en un primer instante. ¿Sabemos si Yokkai tenía algún enemigo o algo parecido?
Miré a Eri algo confuso.
— Igual deberíamos infiltrarnos en Yokkai vestidos de paisano, sin bandanas ni nada a la vista, como si fuéramos dos herreros más
Avancé hasta el lugar indicado mientras Enzo echaba el pestillo y cerraba el local al público. cuando volvió, el buen hombre aprovechó para sacar tres vasos y una garrafa de agua, gesto que agradecí con una leve reverencia con la cabeza. Estaba deseando escuchar lo que el tipo tenía que decirnos.
—Bien, la situación con Yokkai no es la idónea, como decía en el pergamino que envié a vuestra aldea unos días atrás: nos han cortado los suministros de golpe y porrazo, y nuestro proveedor se niega a darnos una respuesta, ¡ni si quiera ha dado la cara!
El principio del relato ya nos lo sabíamos más o menos pero ahora que lo escuchaba de nuevo me volvió a resultar de lo más extraño. Sin un motivo detrás, para que iba a cerrar nadie una ruta de negocio que proporcionaba unos ingresos para ambas partes. No, no tenía sentido. Tenía que haber algo más.
—. Algunos de mis compañeros han intentado acercarse, pero no se han sentido cómodos a medida que avanzaban. Alguno me ha indicado que se sentía observado desde los lados del camino, por lo que creo que han tomado Yokkai y sus minas, pero nosotros no somos rivales, solo somos herreros.
Puse la palma de mi mano diestra tras la nuca, pensativo. Por el rabillo del ojo traté de observar lo que hacía Eri. Pese a que me había dado toda la iniciativa la tenía muy presente, no quería cagarla.
— Es raro que os hayan cortado el suministro así de golpe y si es verdad lo que dices de los compañeros que han intentado acercarse a Yokkai... es posible que esto sea más gordo de lo que podíamos pensar en un primer instante. ¿Sabemos si Yokkai tenía algún enemigo o algo parecido?
Miré a Eri algo confuso.
— Igual deberíamos infiltrarnos en Yokkai vestidos de paisano, sin bandanas ni nada a la vista, como si fuéramos dos herreros más