15/12/2021, 14:21
(Última modificación: 15/12/2021, 14:21 por Uzumaki Eri.)
Ante la negativa del chico, Eri endulzó un poco sus palabras con una sonrisa. No tenía por qué ser un as con el sharingan aun siendo Uchiha, ni tampoco tenía que ser un experto cuando acababa de salir de la academia, así que simplemente quería saber hasta qué punto era consciente para partir de ahí. Le dio una suave palmada en la espalda para tranquilizarle.
—No te preocupes, veremos qué podemos hacer, ah, y... —Eri miró a todos lados y, cuando comprobó que no había mucha gente, se deshizo de sus elementos identificativos como kunoichi. Se recogió el pelo y sacó su naginata para ponérsela en la espalda—. Vayamos de incógnito, seguro que así podemos tener más suerte. Y si no, siempre podemos recurrir a las vías diplomáticas al estilo ninja.
Le guiñó un ojo, y cuando su pupilo hubiera hecho lo propio, ambos se dirigirían a la forja de Kotetsu. Estaba al otro lado de Los Herreros, y en su cartel, nuevo y brillante; se rezaba La Hoja Afilada. Al igual que su placa identificatoria, el lugar estaba nuevo e impecable, con el sonido de las herramientas golpeando el metal. Eri se dirigió a la puerta y la empujó.
—Bienvenidos a La Hoja Afilada, ¿en qué puedo ayudarles? —desde la recepción, una joven de cabellos dorados y ojos grises les miraba fijamente con una sonrisa—. Siéntesen libres de mirar todo lo que quieran.
A su alrededor todo eran armas de distintos tipos y características. Algunas reposaban en vitrinas y otras, más alejadas, se encontraban colgadas de la pared.
—No te preocupes, veremos qué podemos hacer, ah, y... —Eri miró a todos lados y, cuando comprobó que no había mucha gente, se deshizo de sus elementos identificativos como kunoichi. Se recogió el pelo y sacó su naginata para ponérsela en la espalda—. Vayamos de incógnito, seguro que así podemos tener más suerte. Y si no, siempre podemos recurrir a las vías diplomáticas al estilo ninja.
Le guiñó un ojo, y cuando su pupilo hubiera hecho lo propio, ambos se dirigirían a la forja de Kotetsu. Estaba al otro lado de Los Herreros, y en su cartel, nuevo y brillante; se rezaba La Hoja Afilada. Al igual que su placa identificatoria, el lugar estaba nuevo e impecable, con el sonido de las herramientas golpeando el metal. Eri se dirigió a la puerta y la empujó.
—Bienvenidos a La Hoja Afilada, ¿en qué puedo ayudarles? —desde la recepción, una joven de cabellos dorados y ojos grises les miraba fijamente con una sonrisa—. Siéntesen libres de mirar todo lo que quieran.
A su alrededor todo eran armas de distintos tipos y características. Algunas reposaban en vitrinas y otras, más alejadas, se encontraban colgadas de la pared.
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)