17/12/2021, 15:48
Eri supo tranquilizarme. Se la veía una sensei amable y comprensible, lejos de alguien duro y recto. Métodos distintos pero agradecía el que había tomado para conmigo y así se lo hice saber con una sonrisa acompañado de un movimiento de la cabeza, asintiendo.
—No te preocupes, veremos qué podemos hacer, ah, y...
Repetí lo mismo que estaba haciendo Eri, desanudando la bandana de la frente y escondiendola en el portaobjetos que llevaba atado a la pierna, dejando todavía más libres mis nevados cabellos.
—. Vayamos de incógnito, seguro que así podemos tener más suerte. Y si no, siempre podemos recurrir a las vías diplomáticas al estilo ninja.
— Es verdad, así nos ahorramos de miradas indiscretas
Sin identificativos shinobi de por medio ahora si que si, ya podíamos ir a buscar le herraría de Kotetsu y pronto lo haríamos bajo aquel cartel que rezaba 'La Hoja Afilada'. Un local que probablemente escondiera secretos que no debían ser descubiertos. La verdad es que todo el panorama de aquella pequeña aldea empezaba a oler a chamusquina.
—Bienvenidos a La Hoja Afilada, ¿en qué puedo ayudarles?
Al otro lado del mostrador una chica de cabellos dorados se interesó por nuestra presencia. Intenté mostrar la mejor de las sonrisas al mismo tiempo que ponía mis dos manos en la nuca, dejando mis codos al aire.
— Estamos buscando a Kotetsu-san, ¿se encuentra aquí?
—No te preocupes, veremos qué podemos hacer, ah, y...
Repetí lo mismo que estaba haciendo Eri, desanudando la bandana de la frente y escondiendola en el portaobjetos que llevaba atado a la pierna, dejando todavía más libres mis nevados cabellos.
—. Vayamos de incógnito, seguro que así podemos tener más suerte. Y si no, siempre podemos recurrir a las vías diplomáticas al estilo ninja.
— Es verdad, así nos ahorramos de miradas indiscretas
Sin identificativos shinobi de por medio ahora si que si, ya podíamos ir a buscar le herraría de Kotetsu y pronto lo haríamos bajo aquel cartel que rezaba 'La Hoja Afilada'. Un local que probablemente escondiera secretos que no debían ser descubiertos. La verdad es que todo el panorama de aquella pequeña aldea empezaba a oler a chamusquina.
—Bienvenidos a La Hoja Afilada, ¿en qué puedo ayudarles?
Al otro lado del mostrador una chica de cabellos dorados se interesó por nuestra presencia. Intenté mostrar la mejor de las sonrisas al mismo tiempo que ponía mis dos manos en la nuca, dejando mis codos al aire.
— Estamos buscando a Kotetsu-san, ¿se encuentra aquí?