19/12/2021, 21:27
¿Era invierno? ¿Era verano? A ella siempre le había dado igual. ¿Frío? Apenas lo conocía. Infierno era la palabra correcta. No por que todo hubiera ido mal, claro, la vida tenia cosas buenas incluso para ella, pero esa palabra siempre le había venido como anillo al dedo, por razones que eran bastante obvias.
Hoy, como casi siempre, había escapado del orfanato diciendo que iba a cumplir con su deber como shinobi. Una excusa estúpida. ¿Que misiones había para una genin como ella? No podia cuidar animales ni niños, por que acababan heridos. No podia ayudar a las ancianas con la compra, por que ponia malos algunos productos, no podian mandarla a limpiar nada, por que estropeaba los enseres de limpieza. Tristemente, había muy pocas cosas que alguien como ella podía hacer. Pero siempre le había dado igual, la placa le venia de maravilla para poder salir del orfanato a hacer lo que más le gustaba: Surfear.
Pero antes de ir al mar en pleno invierno, vestida únicamente con el mono de manga corta de surf y una camisa hawaiana, tenía que pasar por un sitio muy especial. Había un parque en el centro de la ciudad, donde un señor mayor tenia un puestecillo donde vendia dulces y comida a los visitantes del parque. Y ¿Por que era especial para Yakiniku? Pues por una razón muy simple: Incluso en invierno, tenia lista la maquina de hielo raspado. Solo por ella.
Montada en su tabla de surf, que flotaba por encima del suelo y otras superficies, llegó al sitio en un santiamén y no tardo en comprarse su "comida". Aunque el hielo se derretía poco antes de entrar siquiera en su boca. Tampoco le importaba. Nunca había podido discernir los sabores, y la única razón por la que le gustaba, es por que era de los pocos alimentos que podia "comer" fresquitos.
Aparcó su tabla cerca de la fuente, y se sentó sobre ella. Habia aprendido a trasmitirle el chacra a través de su trasero para poder tener un sitio en el que sentarse. ¿Los bancos? El problema es que al ser de madera, dejaba su culo marcado en el banco y claro...
Se sentó a comerse sus trocitos de hielo mientras observaba el panorama. Había unos chicos jugando con unas monedas cerca de la fuente. Ella no podia hacer esas cosas, salvo aue tuviera mucho cuidado, y a veces con la emoción, se le olvidaba que no era normal.
Había otro chico sentando en un banco observando a aquellos chicos como si quisiera unirse y otras personas iban y venían, evitando pasar cerca de Yakiniku, o pasando corriendo si no la habían visto cuando notaban el calor.
Si, debía ser al reves. Con el calor que hacía a su alrededor, en invierno, la gente debería querer estar cerca de ella, pero no era así. ¿Por qué? A saber. La excusa probablemente fuera que habían salido de casa preparados con mucha ropa de abrigo para el frío, y que al pasar a su lado, sudaban.
—Que estupida es la gente...
Sí. Lo había dicho en voz alta. Y le daba igual que le escucharan. Yakiniku no tenia pelos en la lengua, y para bien o para mal, siempre decia lo que pensaba. Sin importar las consecuencias. Lo que muchas veces suponía un problema.
Hoy, como casi siempre, había escapado del orfanato diciendo que iba a cumplir con su deber como shinobi. Una excusa estúpida. ¿Que misiones había para una genin como ella? No podia cuidar animales ni niños, por que acababan heridos. No podia ayudar a las ancianas con la compra, por que ponia malos algunos productos, no podian mandarla a limpiar nada, por que estropeaba los enseres de limpieza. Tristemente, había muy pocas cosas que alguien como ella podía hacer. Pero siempre le había dado igual, la placa le venia de maravilla para poder salir del orfanato a hacer lo que más le gustaba: Surfear.
Pero antes de ir al mar en pleno invierno, vestida únicamente con el mono de manga corta de surf y una camisa hawaiana, tenía que pasar por un sitio muy especial. Había un parque en el centro de la ciudad, donde un señor mayor tenia un puestecillo donde vendia dulces y comida a los visitantes del parque. Y ¿Por que era especial para Yakiniku? Pues por una razón muy simple: Incluso en invierno, tenia lista la maquina de hielo raspado. Solo por ella.
Montada en su tabla de surf, que flotaba por encima del suelo y otras superficies, llegó al sitio en un santiamén y no tardo en comprarse su "comida". Aunque el hielo se derretía poco antes de entrar siquiera en su boca. Tampoco le importaba. Nunca había podido discernir los sabores, y la única razón por la que le gustaba, es por que era de los pocos alimentos que podia "comer" fresquitos.
Aparcó su tabla cerca de la fuente, y se sentó sobre ella. Habia aprendido a trasmitirle el chacra a través de su trasero para poder tener un sitio en el que sentarse. ¿Los bancos? El problema es que al ser de madera, dejaba su culo marcado en el banco y claro...
Se sentó a comerse sus trocitos de hielo mientras observaba el panorama. Había unos chicos jugando con unas monedas cerca de la fuente. Ella no podia hacer esas cosas, salvo aue tuviera mucho cuidado, y a veces con la emoción, se le olvidaba que no era normal.
Había otro chico sentando en un banco observando a aquellos chicos como si quisiera unirse y otras personas iban y venían, evitando pasar cerca de Yakiniku, o pasando corriendo si no la habían visto cuando notaban el calor.
Si, debía ser al reves. Con el calor que hacía a su alrededor, en invierno, la gente debería querer estar cerca de ella, pero no era así. ¿Por qué? A saber. La excusa probablemente fuera que habían salido de casa preparados con mucha ropa de abrigo para el frío, y que al pasar a su lado, sudaban.
—Que estupida es la gente...
Sí. Lo había dicho en voz alta. Y le daba igual que le escucharan. Yakiniku no tenia pelos en la lengua, y para bien o para mal, siempre decia lo que pensaba. Sin importar las consecuencias. Lo que muchas veces suponía un problema.