10/01/2022, 13:13
—Verá, sé que no es algo de lo que me sienta terriblemente orgulloso admitir, pero todos mis metales proceden de una mina lejana, y aunque tardemos más de la cuenta en hacer esos pedidos, no voy a negar que nuestro material es de buena calidad
En mi cabeza seguía sonando algo extraño. Es decir, muy malo tenía que ser el acero de las minas de la zona para tener que irse tan lejos a buscar uno bueno. Salvo que... bueno, el negocio de las minas locales estuviese alterado por manos un poco cuestionables.
. Cuando nos mudamos no podíamos ser capaces de pagar las cuotas de las minas locales ni cercanas, por lo que necesitamos esos suministros para poder continuar con la tienda.
Una respuesta así fue lo que me imaginaba. No podía ser tan terrorífico el acero de la zona. Se puede decir que tenía cierta fama. Incluso a mí me habían llegado voces en Uzushiogakure. Estábamos ante una situación un tanto peculiar.
—Entonces, ¿de dónde vienen sus suministros?
Eri se adelantó a mis pensamientos. Es posible que aquella velocidad se la diese la experiencia real en al que me sacaba una clara ventaja.
—Del Valle de Unrakyo.
—Gracias, señor Kotetsu, lo tendremos en cuenta —Eri hizo una leve inclinación de cabeza—. Mi compañero y yo nos sumergiremos en un debate y veremos si su acero cumple con lo que buscamos, gracias de nuevo por su ayuda y hospitalidad.
Yo también hice una reverencia y luego un ademán con la mano para despedirme y seguir a mi sensei hasta el exterior.
— No parece que vayamos a sacar mucho de Kotetsu, pero... Me pregunto cuánto de caro será el acero de las minas de la zona para que una herrería tenga que irse hasta la otra punta de Ōnindo. Hay que pararles los pies a esos cabrones, sensei
Sentía rabia y así lo podría percibir Eri si miraba a mi puño, apoyado sobre el costado de mi cuerpo, apretándose hasta tal punto que los nudillos se tornaron de un tono blanquecino.
En mi cabeza seguía sonando algo extraño. Es decir, muy malo tenía que ser el acero de las minas de la zona para tener que irse tan lejos a buscar uno bueno. Salvo que... bueno, el negocio de las minas locales estuviese alterado por manos un poco cuestionables.
. Cuando nos mudamos no podíamos ser capaces de pagar las cuotas de las minas locales ni cercanas, por lo que necesitamos esos suministros para poder continuar con la tienda.
Una respuesta así fue lo que me imaginaba. No podía ser tan terrorífico el acero de la zona. Se puede decir que tenía cierta fama. Incluso a mí me habían llegado voces en Uzushiogakure. Estábamos ante una situación un tanto peculiar.
—Entonces, ¿de dónde vienen sus suministros?
Eri se adelantó a mis pensamientos. Es posible que aquella velocidad se la diese la experiencia real en al que me sacaba una clara ventaja.
—Del Valle de Unrakyo.
—Gracias, señor Kotetsu, lo tendremos en cuenta —Eri hizo una leve inclinación de cabeza—. Mi compañero y yo nos sumergiremos en un debate y veremos si su acero cumple con lo que buscamos, gracias de nuevo por su ayuda y hospitalidad.
Yo también hice una reverencia y luego un ademán con la mano para despedirme y seguir a mi sensei hasta el exterior.
— No parece que vayamos a sacar mucho de Kotetsu, pero... Me pregunto cuánto de caro será el acero de las minas de la zona para que una herrería tenga que irse hasta la otra punta de Ōnindo. Hay que pararles los pies a esos cabrones, sensei
Sentía rabia y así lo podría percibir Eri si miraba a mi puño, apoyado sobre el costado de mi cuerpo, apretándose hasta tal punto que los nudillos se tornaron de un tono blanquecino.