15/02/2022, 00:35
La chica escupió una pregunta que sonó hasta ridícula. Le encajó la pregunta retórica de que había sido amable. Y no tardó en volver a escupir iracunda el motivo por el cuál estaba tan enojada: El calor. Parecía estar enojada de que todo el mundo le gastase siempre bromas acerca del calor que desprendía, como si fuese una paria de la sociedad. Preguntó sarcástica si no tenía suficiente con mirarla mal desde lejos, o haciendo muecas. Mira que el Senju podía carecer de fuerza, o agilidad, pero normalmente no fallaba demasiado en lo que a la inteligencia refiere... Y sin embargo, no había estado muy ágil mentalmente viendo la situación.
Y la verdad, tal y como explicaba su situación, se veía hasta reflejado. Le sonaba demasiado eso de ser mirado mal, o tratado distinto al resto.
Sin embargo, no entendía como pretendía la chica que él supiese algo así. Ni por asomo sabía que era de algún tipo de linaje de shinobis que controlaban o creaban hielo, y mucho menos sabía que era ella la que emitía ese condenado calor. Si por un momento había pensado que era la tabla esa de surf... ¿Acaso no era algún tipo de conductor de chakra que emitía calor para flotar?
¡A la mierda todas esas clases de física en la academia en un suspiro!
El Senju no medió palabra con la chica. Tomó de su bolsillo unas monedas, y pasó de ella hasta colarse al lado del carrillo en el que anteriormente ella había comprado el hielo raspado. Rápidamente pidió otro del mismo tipo, recalcando que quería uno del mismo que ella había pedido. Y se aproximó de nuevo hasta ella, con una ofrenda de paz.
—Lo siento si te he ofendido. No te conozco, ni había escuchado hablar de ti. —Y alzó el cartón de hielo raspado.
»Creí que el calor venía de la tabla de surf, la verdad. ¿Podemos hacer las paces y empezar de nuevo?
La verdad, Siete no sabía que le había dolido más... ¿el tener que pagar otro cucurucho de hielo raspado o el pedir perdón por algo de lo que no tenía culpa?. Quizás lo que pasaba es que en parte se sentía reflejado en ella, y le mordía esa víbora enorme llamada remordimiento.
Y la verdad, tal y como explicaba su situación, se veía hasta reflejado. Le sonaba demasiado eso de ser mirado mal, o tratado distinto al resto.
Sin embargo, no entendía como pretendía la chica que él supiese algo así. Ni por asomo sabía que era de algún tipo de linaje de shinobis que controlaban o creaban hielo, y mucho menos sabía que era ella la que emitía ese condenado calor. Si por un momento había pensado que era la tabla esa de surf... ¿Acaso no era algún tipo de conductor de chakra que emitía calor para flotar?
¡A la mierda todas esas clases de física en la academia en un suspiro!
El Senju no medió palabra con la chica. Tomó de su bolsillo unas monedas, y pasó de ella hasta colarse al lado del carrillo en el que anteriormente ella había comprado el hielo raspado. Rápidamente pidió otro del mismo tipo, recalcando que quería uno del mismo que ella había pedido. Y se aproximó de nuevo hasta ella, con una ofrenda de paz.
—Lo siento si te he ofendido. No te conozco, ni había escuchado hablar de ti. —Y alzó el cartón de hielo raspado.
»Creí que el calor venía de la tabla de surf, la verdad. ¿Podemos hacer las paces y empezar de nuevo?
La verdad, Siete no sabía que le había dolido más... ¿el tener que pagar otro cucurucho de hielo raspado o el pedir perdón por algo de lo que no tenía culpa?. Quizás lo que pasaba es que en parte se sentía reflejado en ella, y le mordía esa víbora enorme llamada remordimiento.