17/02/2016, 22:11
Aquí hay alguien más. Mi instinto felino, digo femenino, nunca me falla. Anzu estaba segura de que había alguien observándolas. Parecía inverosímil, teniendo en cuenta que no había nadie más en las termas, y que además era bastante temprano. Pero ella lo sentía. Ritsuko le quitó importancia en un primer momento, pero entonces...
'Toc'. Un golpecito se escuchó claramente en toda la sala, proveniente de la pared frontal a las chicas.
-Lo viste... ¿No Anzu...? -preguntó la pelirroja mientras se estiraba a tomar su toalla para levantarse y envolverse en la misma.
-Te lo dije, alguien nos está espiando. -respondió la kunoichi morena, imitando a su compañera y saliendo del agua para luego envolverse cuidadosamente en su toalla. Hizo un precario nudo a la altura del pecho, de forma que la toalla la cubriese desde el mismo hasta poco más abajo de la cintura.
Lo que quien quiera que fuese que las estaba mirando a escondidas no sabía, era que Anzu tenía un oído prodigioso, casi tan fino como el de un gato. Intentando hacer el menor ruido posible, la kunoichi se acercó a la pared tras la que había sonado el golpe. La palpó con cuidado, buscando algún tipo de abertura o puerta secreta... Que, evidentemente, no halló. Se le ocurrió entonces otro plan. Con el mismo sigilo caminó hasta una de las ventanas que daban al exterior del baño termal, abriéndola con cuidado y sacando ligeramente la cabeza para intentar ver a quien quiera que estuviese al otro lado de la pared.
'Toc'. Un golpecito se escuchó claramente en toda la sala, proveniente de la pared frontal a las chicas.
-Lo viste... ¿No Anzu...? -preguntó la pelirroja mientras se estiraba a tomar su toalla para levantarse y envolverse en la misma.
-Te lo dije, alguien nos está espiando. -respondió la kunoichi morena, imitando a su compañera y saliendo del agua para luego envolverse cuidadosamente en su toalla. Hizo un precario nudo a la altura del pecho, de forma que la toalla la cubriese desde el mismo hasta poco más abajo de la cintura.
Lo que quien quiera que fuese que las estaba mirando a escondidas no sabía, era que Anzu tenía un oído prodigioso, casi tan fino como el de un gato. Intentando hacer el menor ruido posible, la kunoichi se acercó a la pared tras la que había sonado el golpe. La palpó con cuidado, buscando algún tipo de abertura o puerta secreta... Que, evidentemente, no halló. Se le ocurrió entonces otro plan. Con el mismo sigilo caminó hasta una de las ventanas que daban al exterior del baño termal, abriéndola con cuidado y sacando ligeramente la cabeza para intentar ver a quien quiera que estuviese al otro lado de la pared.