17/02/2016, 22:55
Le tomó bastante más tiempo a Ritsuko anudar su toalla que a Anzu llegar hasta la pared de la que provino el ruido, es más, la morena al menos se había percatado del lugar específico por el que provino el sonido mientras que la pelirroja solo sabía que la pared de frente tenía algo que ver por como tembló. ~ Se ve que tiene mejores posibilidades que yo… ~ Pensaba la pelirroja en lo que se acercaba a la pared para hacer lo que la rubia había hecho, es decir buscar algún tipo de rendija o agujero en la pared por la cual podría alguien espiarla pero sin éxito.
~ Mierda, tengo que irme antes de que me encuentren. ~ Pensó el gordito de gafas y rostro lleno de granos, que curiosamente lucía la bandana de Takigakure en su frente como si fuese un orgullo para él portarla. Caminó en silencio unos pasos detrás de esa pared hueca. Lo que no se esperaba era que justamente la única vía de escape estuviese en la misma dirección por la que una de las chicas se apareció, pues los baños termales tenían a su alrededor una pseudo muralla de madera algo más alta que el edificio principal, seguramente para evitar que la gente espiase. ~ ¡Me van a matar! ~ Dijo en su mente mientras retrocedía en silencio un par de pasos presa del pánico… Fue entonces cuando sus intestinos hablaron de una forma más que estrepitosa.
Mientras la kunoichi de piel morena se iba a lo que parecía ser una ventana, Ritsuko seguía revisando la pared hasta que finalmente encontró algo, un pequeño agujero que se camuflaba con las diversas marcas naturales de la madera, justo en uno de los puntos más oscuros era donde se encontraba. ~ Así que fue por aquí… ~ Pensó Ritsuko que acercaba su rostro a la ranura para verificar que pudiese verse algo pero justo en ese momento vio lo que parecía ser la cadera de alguna persona, claramente rellenita. - Entonces si, vio to… - Susurraba para si misma pero no terminó la frase que un ruido y más tarde un aroma de lo más… Bueno, digamos que la pelirroja se echó hacia atrás tapándose la nariz como si le hubiesen dado una hostia de las buenas. - ¡HIJO DE PUTA! - Bramó la kunoichi en lo que se levantaba para correr en la dirección por la que Anzu se había asomado como una bestia salvaje. - ¡Vamos Anzu! -
~ Mierda, tengo que irme antes de que me encuentren. ~ Pensó el gordito de gafas y rostro lleno de granos, que curiosamente lucía la bandana de Takigakure en su frente como si fuese un orgullo para él portarla. Caminó en silencio unos pasos detrás de esa pared hueca. Lo que no se esperaba era que justamente la única vía de escape estuviese en la misma dirección por la que una de las chicas se apareció, pues los baños termales tenían a su alrededor una pseudo muralla de madera algo más alta que el edificio principal, seguramente para evitar que la gente espiase. ~ ¡Me van a matar! ~ Dijo en su mente mientras retrocedía en silencio un par de pasos presa del pánico… Fue entonces cuando sus intestinos hablaron de una forma más que estrepitosa.
Mientras la kunoichi de piel morena se iba a lo que parecía ser una ventana, Ritsuko seguía revisando la pared hasta que finalmente encontró algo, un pequeño agujero que se camuflaba con las diversas marcas naturales de la madera, justo en uno de los puntos más oscuros era donde se encontraba. ~ Así que fue por aquí… ~ Pensó Ritsuko que acercaba su rostro a la ranura para verificar que pudiese verse algo pero justo en ese momento vio lo que parecía ser la cadera de alguna persona, claramente rellenita. - Entonces si, vio to… - Susurraba para si misma pero no terminó la frase que un ruido y más tarde un aroma de lo más… Bueno, digamos que la pelirroja se echó hacia atrás tapándose la nariz como si le hubiesen dado una hostia de las buenas. - ¡HIJO DE PUTA! - Bramó la kunoichi en lo que se levantaba para correr en la dirección por la que Anzu se había asomado como una bestia salvaje. - ¡Vamos Anzu! -