10/02/2026, 23:17
Suzaku seguía sin entender nada, y los pensamientos zumbaban en su mente como un enjambre de avispas enfurecidas en conjunción con el desagradable pitido que aún perforaba sus tímpanos. ¿Qué había pasado? ¿De dónde había salido esa explosión? ¿Y por qué? ¿Qué...?
—Suzaku... tenemos que hablar —la voz de su hermana la sacó de su ensimismamiento. Se apartó de ella, secándose las lágrimas y con el rimel manchando sus mejillas de un negro sucio—. Sobre la terrible mentira que he tejido para protegerte. Sobre la terrible verdad que escondían papá y mamá. Sobre el por qué nunca he podido compartir el entusiasmo por servir a la villa contigo.
Umi cruzó miradas con Suzaku. Sus ojos estaban anegados por el llanto, la culpa y el dolor. Y así, como suele suceder, sus iris tintados con la sangre carmesí que corría por sus venas.
El corazón de Suzaku latía desbocado. Las respuestas a tantas de las preguntas que habían inundado su vida, al alcance de su mano. Deseaba saber. ¡Claro que deseaba saber! Pero...
— Hermana... ¿Crees que es el mejor momento? — preguntó, con la garganta completamente seca.
—Suzaku... tenemos que hablar —la voz de su hermana la sacó de su ensimismamiento. Se apartó de ella, secándose las lágrimas y con el rimel manchando sus mejillas de un negro sucio—. Sobre la terrible mentira que he tejido para protegerte. Sobre la terrible verdad que escondían papá y mamá. Sobre el por qué nunca he podido compartir el entusiasmo por servir a la villa contigo.
Umi cruzó miradas con Suzaku. Sus ojos estaban anegados por el llanto, la culpa y el dolor. Y así, como suele suceder, sus iris tintados con la sangre carmesí que corría por sus venas.
El corazón de Suzaku latía desbocado. Las respuestas a tantas de las preguntas que habían inundado su vida, al alcance de su mano. Deseaba saber. ¡Claro que deseaba saber! Pero...
— Hermana... ¿Crees que es el mejor momento? — preguntó, con la garganta completamente seca.
