27/02/2016, 15:05
La Yotsuki sonrió con malicia, sin molestarse en disimularla ni un instante, cuando sintió el duro contacto de su espinilla con el tobillo de aquel chico. Como una bola de demolición, el gordito cayó redondo al suelo -y aplastando a Ritsuko en el proceso-. Anzu se dio cuenta entonces de que su compañera había quedado enterrada bajo el pervertido. Mierda, tendría que haber calculado mejor... Por las dimensiones de este tío, a Ritsuko-chan le deben quedar, a ojo, unos cinco segundos de oxígeno. Dispuesta a enmendar su error, la kunoichi agarró al Mirón pasando sus brazos por debajo de los de él, y trató de levantarlo.
-Hijo de puta, pesas un quintal -masculló, flexionando las rodillas para hacer más fuerza-.
Por suerte, el chico parecía de acuerdo con la maniobra, y ayudándose de sus propias manos consiguió incorporarse. Ahora que lo veía de cerca, parecía incluso... 'Mono'. No guapo, desde luego, pero sí tenía los rasgos de esas personas que definitivamente no eran feas. Sea como fuere, el Mirón trató de huir de nuevo, mientras pedía compasión a gritos. Su recién adquirida cojera se sumaba al tonelaje innato del chico, por lo que su carrera hacia la libertad parecía más bien un trote cochinero.
-¡Vuelve aquí, desagradecido! -vociferó la kunoichi-.
-¡No está solo, Anzu! -gritó su compañera.
La Yotsuki alzó la mirada hacia donde le apuntaba Ritsuko y pudo ver a otro chico encaramado al muro que rodeaba las termas. A simple vista parecía todo lo contrario al Mirón; escurridizo, de rostro flaco y ojos hundidos que observaban la escena con evidente nerviosismo.
-No sé por qué, pero tengo la sensación de que estos pervertidos trabajan por parejas... -dijo Anzu a su compañera-. ¡Eh, tú! ¿Qué haces ahí, mirando? ¿Es amigo tuyo este albaricoque?
El Flaco se debatió entre responder y dar la cara por su amigo, o huir y salvarse de una más que probable paliza. Al final, aquel peculiar sentido del honor que existe entre los pervertidos que van a espiar a los baños termales se apoderó de sus acciones. Apoyándose en el muro con ambas manos, saltó hacia el otro lado y cayó frente a las dos chicas -con notable agilidad-. Lucía en su frente la bandana de Takigakure, igual que el Mirón, y en sus ojos brillaba una determinación firme.
-Sí, es mi amigo -confesó sin un ápice de duda en su voz-. Al oírle, el gordo paró en seco y se dio la vuelta, atónito-. Y no sólo eso... La idea de espiar en los baños termales de las chicas fue mía. Deberíais pegarme a mí -la voz estuvo apunto de quebrársele, evidentemente tenía miedo, pero en su mirada se podía entender que no pensaba abandonar a su camarada-.
Anzu se cruzó de brazos, arreglándose el nudo de la toalla. Sus ojos de hielo miraban alternativamente al Mirón y al Flaco con gesto reflexivo.
-Vaya, al menos tú tienes pelotas -admitió cuando rompió su silencio-. Y, por suerte para tí, respeto eso. Pero si te crees que os vais a ir de rositas después de haber estado espiando como perturbados... ¿Tú qué opinas, Ritsuko-chan?
-Hijo de puta, pesas un quintal -masculló, flexionando las rodillas para hacer más fuerza-.
Por suerte, el chico parecía de acuerdo con la maniobra, y ayudándose de sus propias manos consiguió incorporarse. Ahora que lo veía de cerca, parecía incluso... 'Mono'. No guapo, desde luego, pero sí tenía los rasgos de esas personas que definitivamente no eran feas. Sea como fuere, el Mirón trató de huir de nuevo, mientras pedía compasión a gritos. Su recién adquirida cojera se sumaba al tonelaje innato del chico, por lo que su carrera hacia la libertad parecía más bien un trote cochinero.
-¡Vuelve aquí, desagradecido! -vociferó la kunoichi-.
-¡No está solo, Anzu! -gritó su compañera.
La Yotsuki alzó la mirada hacia donde le apuntaba Ritsuko y pudo ver a otro chico encaramado al muro que rodeaba las termas. A simple vista parecía todo lo contrario al Mirón; escurridizo, de rostro flaco y ojos hundidos que observaban la escena con evidente nerviosismo.
-No sé por qué, pero tengo la sensación de que estos pervertidos trabajan por parejas... -dijo Anzu a su compañera-. ¡Eh, tú! ¿Qué haces ahí, mirando? ¿Es amigo tuyo este albaricoque?
El Flaco se debatió entre responder y dar la cara por su amigo, o huir y salvarse de una más que probable paliza. Al final, aquel peculiar sentido del honor que existe entre los pervertidos que van a espiar a los baños termales se apoderó de sus acciones. Apoyándose en el muro con ambas manos, saltó hacia el otro lado y cayó frente a las dos chicas -con notable agilidad-. Lucía en su frente la bandana de Takigakure, igual que el Mirón, y en sus ojos brillaba una determinación firme.
-Sí, es mi amigo -confesó sin un ápice de duda en su voz-. Al oírle, el gordo paró en seco y se dio la vuelta, atónito-. Y no sólo eso... La idea de espiar en los baños termales de las chicas fue mía. Deberíais pegarme a mí -la voz estuvo apunto de quebrársele, evidentemente tenía miedo, pero en su mirada se podía entender que no pensaba abandonar a su camarada-.
Anzu se cruzó de brazos, arreglándose el nudo de la toalla. Sus ojos de hielo miraban alternativamente al Mirón y al Flaco con gesto reflexivo.
-Vaya, al menos tú tienes pelotas -admitió cuando rompió su silencio-. Y, por suerte para tí, respeto eso. Pero si te crees que os vais a ir de rositas después de haber estado espiando como perturbados... ¿Tú qué opinas, Ritsuko-chan?