29/02/2016, 14:26
Ritsuko no parecía en absoluto compartir aquel destello de respeto que había brillado en los ojos de Anzu. La Yotsuki era una chica peleona y de furioso temperamento, y había pocas cosas que pudieran hacerla cambiar de opinión. Pero el acto valiente de no abandonar a un compañero, aunque fuese para espiar en las termas, era -en cierto modo- una de ellas. Por eso mismo, cuando Ritsuko atrapó al delgado, el presunto cerebro de la trama, ella contuvo sus puños. ¿De verdad era lo correcto? Golpear a aquel chico hasta hacerle sangrar por la nariz mientras su compañera le sujetaba. Y una mierda, ¿quién soy yo? ¿Una jodida abusona? Por descontado que no.
-No sé, Ritsuko-chan, somos dos contra uno y...
Un grito la interrumpió. Giró la cabeza para encontrar al otro chico, el más pesado, que había cambiado de actitud radicalmente. Conmovido -quizás- por la valentía de su amigo, intentaba ahora hacer lo mismo y volvía en su ayuda. Anzu flexionó las rodillas, sujetándose el nudo de la toalla con una mano mientras recogía el otro brazo. Se quedó así, quieta, inmóvil como una estatua de mármol... Esperando su momento. Cuando el Mirón estuvo a punto de alcanzarla, su cuerpo se accionó como un resorte; extendió el brazo libre, con su puño duro y compacto en la vanguardia. Estampó sus nudillos contra la nariz del chico, que en carrera no tuvo siquiera tiempo de reaccionar, tirándolo de espaldas. La violencia del golpe fue tal que Anzu tuvo que contener un gemido de dolor.
-Joder, si que tiene la cara dura este tío.
El llamado Hotaru se revolvió entre los brazos de Ritsuko, que le agarraban con firmeza.
-¡Takeshi! ¡Takeshi! ¡Takeshi, por todos los dioses, dime algo!
Anzu soltó una carcajada ante el dramatismo de aquel chico, que no apartaba los ojos, llorosos, de su inmóvil compañero. Las risas se fueron apagando cuando la Yotsuki se dio cuenta de que el Mirón -o, Takeshi- no se levantaba. Se acercó, dándole un suave puntapié.
-Eh, tú, Akimichi 'wannabe', ya está bien de teatro. Levántate, hombre.
No hubo respuesta. La Yotsuki empezó a ponerse nerviosa, y se agachó para agarrarle de la camiseta y sacudirlo varias veces. Nada.
-Me cago en... Creo que lo he tumbado, Ritsuko-chan -confesó con cierta culpabilidad-.
-¡Está muerto! ¡Asesina! ¡Asesinas las dos! ¡Senju-sama se enterará de esto! -gimió Hotaru, tratando sin éxito de quitarse a Ritsuko de encima-.
-¡No está muerto, joder, deja ya de lloriquear! Sólo se está echando un sueñecito... -replicó la Yotsuki, aunque lo cierto era que ella misma no sabía exactamente en qué estado se encontraba Takeshi-.
-No sé, Ritsuko-chan, somos dos contra uno y...
Un grito la interrumpió. Giró la cabeza para encontrar al otro chico, el más pesado, que había cambiado de actitud radicalmente. Conmovido -quizás- por la valentía de su amigo, intentaba ahora hacer lo mismo y volvía en su ayuda. Anzu flexionó las rodillas, sujetándose el nudo de la toalla con una mano mientras recogía el otro brazo. Se quedó así, quieta, inmóvil como una estatua de mármol... Esperando su momento. Cuando el Mirón estuvo a punto de alcanzarla, su cuerpo se accionó como un resorte; extendió el brazo libre, con su puño duro y compacto en la vanguardia. Estampó sus nudillos contra la nariz del chico, que en carrera no tuvo siquiera tiempo de reaccionar, tirándolo de espaldas. La violencia del golpe fue tal que Anzu tuvo que contener un gemido de dolor.
-Joder, si que tiene la cara dura este tío.
El llamado Hotaru se revolvió entre los brazos de Ritsuko, que le agarraban con firmeza.
-¡Takeshi! ¡Takeshi! ¡Takeshi, por todos los dioses, dime algo!
Anzu soltó una carcajada ante el dramatismo de aquel chico, que no apartaba los ojos, llorosos, de su inmóvil compañero. Las risas se fueron apagando cuando la Yotsuki se dio cuenta de que el Mirón -o, Takeshi- no se levantaba. Se acercó, dándole un suave puntapié.
-Eh, tú, Akimichi 'wannabe', ya está bien de teatro. Levántate, hombre.
No hubo respuesta. La Yotsuki empezó a ponerse nerviosa, y se agachó para agarrarle de la camiseta y sacudirlo varias veces. Nada.
-Me cago en... Creo que lo he tumbado, Ritsuko-chan -confesó con cierta culpabilidad-.
-¡Está muerto! ¡Asesina! ¡Asesinas las dos! ¡Senju-sama se enterará de esto! -gimió Hotaru, tratando sin éxito de quitarse a Ritsuko de encima-.
-¡No está muerto, joder, deja ya de lloriquear! Sólo se está echando un sueñecito... -replicó la Yotsuki, aunque lo cierto era que ella misma no sabía exactamente en qué estado se encontraba Takeshi-.