29/02/2016, 20:32
Hotaru encogió los labios en una mueca de frustración cuando vio cómo su tonfa pasaba justo por al lado de Ritsuko; gracias a una hábil maniobra, la chica pudo esquivar aquel hierro que iba directo a su rostro. Anzu, por su parte, se debatía entre si ayudar a su compañera y -entre las dos- darle una paliza a Hotaru, o dejar que la kunoichi se defendiese por sí sola.
No hizo falta mucha reflexión, porque cuando Ritsuko abrió una mano y soltó un chorro de lava ardiente por el extraño conducto, Anzu tuvo claro que su compañera sabía defenderse de sobra. El fluído magmático derritió incluso la piedra de la que estaba hecho el suelo alrededor de los baños termales, dejando un bonito y amenazador orificio en la superficie del mismo. Joder, esta tía es peligrosa aunque parezca que está ida. Más me vale recordar que puede tirar lava por esos orificios si algún día entreno con ella. Anzu había visto, hasta la fecha, pocas habilidades ninja más peligrosas que la que Ritsuko acababa de mostrar. Una sóla gota de aquel magma podía, sin lugar a dudas, derretir la carne hasta el hueso.
Mientras Takeshi seguía en el suelo, demasiado K.O. como para levantarse, Hotaru meditaba si valía la pena intentar otro ataque contra una kunoichi que podía lanzar magma por las manos.
-No seas idiota -soltó Anzu, de repente-. Hasta yo entiendo que es una locura pelear con alguien que puede lanzarte un chorro de lava a la cara. Esto puede acabar peor para tí que para tu amigo, y ya es decir, papanatas.
Los ojos de Hotaru se encontraron un momento con los de la Yotsuki. Sí, Anzu estaba cabreada por que hubieran intentado espiarlas en el baño, pero no quería meterse en un problema serio. Y quemarle el rostro con lava a un compañero de Aldea encajaba en esa categoría.
-Yo... Yo... Dejad que me vaya, ¡y Takeshi-san también! Ya nos habéis pegado lo suficiente... -la furia que antes había poseído a Hotaru parecía haberse derretido también bajo el magma de Ritsuko-.
No hizo falta mucha reflexión, porque cuando Ritsuko abrió una mano y soltó un chorro de lava ardiente por el extraño conducto, Anzu tuvo claro que su compañera sabía defenderse de sobra. El fluído magmático derritió incluso la piedra de la que estaba hecho el suelo alrededor de los baños termales, dejando un bonito y amenazador orificio en la superficie del mismo. Joder, esta tía es peligrosa aunque parezca que está ida. Más me vale recordar que puede tirar lava por esos orificios si algún día entreno con ella. Anzu había visto, hasta la fecha, pocas habilidades ninja más peligrosas que la que Ritsuko acababa de mostrar. Una sóla gota de aquel magma podía, sin lugar a dudas, derretir la carne hasta el hueso.
Mientras Takeshi seguía en el suelo, demasiado K.O. como para levantarse, Hotaru meditaba si valía la pena intentar otro ataque contra una kunoichi que podía lanzar magma por las manos.
-No seas idiota -soltó Anzu, de repente-. Hasta yo entiendo que es una locura pelear con alguien que puede lanzarte un chorro de lava a la cara. Esto puede acabar peor para tí que para tu amigo, y ya es decir, papanatas.
Los ojos de Hotaru se encontraron un momento con los de la Yotsuki. Sí, Anzu estaba cabreada por que hubieran intentado espiarlas en el baño, pero no quería meterse en un problema serio. Y quemarle el rostro con lava a un compañero de Aldea encajaba en esa categoría.
-Yo... Yo... Dejad que me vaya, ¡y Takeshi-san también! Ya nos habéis pegado lo suficiente... -la furia que antes había poseído a Hotaru parecía haberse derretido también bajo el magma de Ritsuko-.