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Una nueva era T5

Tras la muerte de la mayoría de Señores Feudales a manos de la banda de criminales Dragón Rojo en el Torneo de los Dojos, el mundo ha pegado un giro de 180 grados. Las sombras de un nuevo Daimyo en el País de la Espiral preocupan a Sarutobi Hanabi. En el País de la Tormenta, Amekoro Yui ha creado secretamente el cargo de Tormenta mientras hace creer al resto del mundo que es la nueva Señora. En el País del Bosque, el único Daimyo superviviente teme por su vida. Pero no sólo los Tres Grandes han visto el status quo totalmente quebrado.

En el País del Fuego se extendió el caos, y hace tiempo ya que el Jūchin del Valle de los Dojos lo conquistó, expulsando a unas mafias que todavía colean, buscadas por los sámurais. En el País del Viento hay una cruda guerra civil a varios bandos, y en el de la Tierra hay rumores de que una está a punto de llegar. El País del Agua, quizás, esté en el centro de todo. Y si no lo está, debería preocuparse por demostrarlo, pues las sospechas sobre Umigarasu crecen cada vez más. Las aldeas saben que algo planea, al principio con Dragón Rojo, ahora quizás al margen de Dragón Rojo, según las últimas informaciones.

Pero quizás estos asuntos no sean más que la punta del iceberg de las amenazas de los ninjas. Kurama, junto a sus Generales, asegura ser el próximo Emperador de Oonindo. Nadie lo dice abiertamente, pero todo el mundo sabe que algún día presentará la guerra a las puertas de cualquiera de nosotros.
#46
Ese leve trecho que corrió lo terminó agotando. Tal vez no se hubiese esforzado al mismo nivel, pero estaba igual o más agotado que el joven Uzumaki. Se rindió al cansancio y se echó de sentón al piso, sosteniendo su peso con las manos apoyadas en suelo. Era increíble todo el maldito problema que se había armado por un simple pergamino. Ni siquiera era alguna aventura épica digna de recordar ni nada, era de las mayores estupideces que le habían pasado en la vida. Curiosamente lo único que se ocurrió preguntar al pelirrojo era si el bendito pergamino estaba a salvo.

—Sí, acá, está, perfecto...— Dijo con total desgano mientras le daba a un par de palmadas al portaobjetos, donde se lo había guardado.

"Claro, lo que importa es el papel, el puto papel."

Tardaría un buen rato en recuperar el aliento, más parecía que no sería suficiente. Esperaba que no los siguiesen más ni que mandaran a los perros, porque de hacerlo simplemente no iba a aguantar.

—¿Que rayos estuviste haciendo ahí adentro?— Bufó molesto. Se suponía que los ninjas debían ser sigilosos y aquello terminó siendo un escape de película de agentes secretos pero en versión de bajo presupuesto. Sólo le faltaron las explosiones.
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~Ausente los fines de semana~
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#47
Ralexion asintió. Afortunadamente el pergamino estaba bien. La misión estaba cumplida, después de todo, y podía relajarse. Contando con que esos pesados de la fábrica no siguieran sus andanzas, por supuesto, pero deseaba pensar en ello. Ya había tenido más que suficiente por un día, necesitaba sentarse y comer algo con tranquilidad.

Ante la cuestión de Kagetsuna se llevó la mano a la nuca, incómodo. Dudó si contar la verdad o inventarse algo que lo dejara en mejor lugar. Finalmente, optó por lo primero, demasiado cansado como para poder idear una serie de mentiras creíbles.

Pues así en resumen... —indicó, titubeante— Esos dos idiotas me llevaron hasta el sótano. Resulta que tienen a perros guardando el almacén, por algún motivo... el caso es que tratando de escapar de los chuchos, me tuve que meter en un conducto. Al final terminé frente al comedor, donde estaban todos los trabajadores. Les pedí ayuda para salir, pensando que podía engañarles, pero al final no, jajajaja...

Se aclaró la voz.

Y nada, tuve que correr por mi vida, subí de vuelta a la azotea y salté... entonces nos encontramos. Eso es todo.
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#48
—Yo no me estaría riendo de eso.— En realidad nunca se reía de nada —Pero bueno, tú sabrás.— Prefirió no hablar de lo que el mismo pasó ahí dentro. —Te envidio...— El chico de Uzu había terminado su encargo, pero el joven Isa aún tenía un largo viaje por delante.

Su respiración se estaba normalizando, ya no jadeaba como perro deshidratado. Era una total desgracia a la hora de esforzarse en cosas físicas. Hizo el esfuerzo por ponerse de pie, quitándose el polvo del trasero y luego estirando los brazos y los piernas para desperezarse.

—Pues bien, yo ya me tengo que ir. Sería mejor que tu lo hicieras antes que manden a los perros por ti— Le dijo sin más. Ni de broma le iba a dar las gracias por lo del pergamino. No iba a agradecer por algo que era obligación del muchacho de Uzu, esa era su filosofía.

»Pues eso, me voy largando. Adiós creo.

Levantó la mano casi con desgano para despedirse. Si nada lo detenía, se daría la vuelta, dejando atrás al Uzumaki, a la plaza, a Yamiria.
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~Ausente los fines de semana~
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#49
Ralexion se encogió de hombros. Desde luego, no parecía que Kagetsuna fuera muy asiduo a la acción de reirse.

No creo que me envidiaras tanto si a ti también te hubieran perseguido unos doberman sedientos de sangre...

Se tomó la molestia de rebuscar en su portador de objetos en pos de dar con su protector de Uzushiogakure, el cual había escondido previamente, y se lo colocó de nuevo en la frente.

Sí, será mejor que nos vayamos lejos. Yo tengo que dar parte de que he entregado el pergamino —levantó la mano, imitando a Kagetsuna.

El pelivioleta se marchó en una dirección, y el pelirrojo en la contraria. Pensó en detenerse en el Jardín del Té de nuevo, pero no quería arriesgarse a que por una mala casualidad volvieran a dar con él.

«Es un tipo extraño... pero supongo que no me disgusta del todo.»
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