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El plan era bastante sencillo, depositar los restos moribundos del antiguo compañero de academia en la recepción, confiárselos a alguien e ir a buscar personal médico que pudiese hacerse cargo de la situación. Por alguna razón esa actividad tan simple estaba resultando un poco más complicada, la causa de esa dificultad no era otra que una Uchiha de pelo morado que no paraba de gritar.
¿Acaso esta salvaje no tiene nada mejor que hacer que gritarme...?
Pensó al escucharla entrar por la puerta, bueno, azotando la puerta y entrando a los gritos como una rabiosa. De un momento a otro sintió como algo le peinaba la melena e hizo recorrer un escalofrió a lo largo de toda su columna vertebral. Aquello que había pasado frente a él no sería otra cosa que una cubeta con agua la cual se dirigía furiosamente en dirección a la kunoichi pelimorada.
Pero la Uchiha no iba a recibir el golpe así como así, sino que iba intercambiar su lugar con una silla realizando lo que él interpretó como un Kawarimi no jutsu. Y como ya parecía ser un patrón en su conducta, no tardó mucho en empezar a lanzar palabras poco agradables.
Hey... paren de pelear...
Pensaba mientras admiraba desde una distancia segura como el bedel le partía un palo en la cabeza a la niña. Ese sujeto parecía tener sus años en el negocio, posiblemente y sin ser algo muy difícil todos en su carrera como shinobi habrían cruzado al viejo bedel al menos una vez, Tomoe se lo había cruzado, el joven médico lo había hecho, posiblemente hasta la misma Arashikage habría caminado en algún momento por el piso que ese tipo habría limpiado.
Sin duda alguna no lo está...
Contestó inicialmente a las palabras del bedel dedicadas al ratero de Urasaki, cuando se acercó a verlo. Tratando de completar una parte de su improvisado plan de auxilio, fue acercándolo cuidadosamente hasta recostarlo sobre una fila de sillas cercanas al mostrador.
Este malandro intentó robarle sus cosas a alguien y cuando lo terminé arrinconando allá afuera, esa niña va y le tira con todos los kunai a los que pudo echarle mano.
No deseaba cambiar ningún hecho, Urasaki se había intentado robar un baúl con valiosas pertenencias y eso lo volvía un ladrón y también la kunoichi había intentado matarlo. No iba a molestarse en mentir para cubrir su espalda, después de todo si él no hubiese ayudado al tipo seguramente estaría muriéndose en la lluvia.
¿Podría tenerlo aquí hasta qué busque a alguien para que se lo lleve?
Preguntó mirándolo directo a los ojos, su improvisado plan involucraba a una persona que pudiese velar por el moribundo de Urasaki hasta que él llegara al centro médico mas cercano.
—Este malandro intentó robarle sus cosas a alguien y cuando lo terminé arrinconando allá afuera, esa niña va y le tira con todos los kunai a los que pudo echarle mano—
El anciano bedel le echó una rápida mirada a la chica que seguía frotándose la cabeza como una loca tratando de alejar el dolor del golpe recibido —Me sorprende que siga vivo, nunca he visto a esa mocosa fallar disparo— observó mientras ayudaba al médico a acomodar al chico sobre una fila de sillas
—¿Podría tenerlo aquí hasta qué busque a alguien para que se lo lleve?—
Mientras el joven médico lanzaba su pregunta, el hombre revisaba la herida del chico cuidadosamente
—Veo que te has ocupado de la atención primaria— sacó un kunai y rompió la camiseta del herido por detrás para descubrir mejor la herida —No está nada mal, nada mal— palpó con cuidado la zona —No tienes que preocuparte más, me ocuparé yo de llevarlo directamente al hospital—
Tomoe observaba la escena aún sin poder quitarse su mano derecha de la coronilla, el golpe había sido tremendo "Preocuparse tanto por un maldito delincuente..." aún así permanecería en silencio, no quería recibir otro golpe por el momento
—Ha tenido bastante suerte este ladronzuelo, si el kunai hubiese golpeado un poco más arriba, se habría quedado inválido...— el anciano se incorporo
"Siempre fallo cuando intento ese golpe..." se lamentó la pequeñaja que una vez más había vuelto a errar el disparo entre vertebras
—Voy a guardar mis aperos de trabajo, vuelvo en un minuto— pidió el anciano bedel, que antes de marcharse recogería su cubo y el trozo de fregona que había rodado por el suelo
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En su interior dejó escapar un suspiro de alivio, las palabras del bedel lo habían dejado con la satisfacción de que su plan podría concretarse sin mayores dilemas. Hizo una formal reverencia en señal de respeto pero sobretodo de agradecimiento.
Se lo agradezco, señor.
Dijo acompañando el gesto que realizaba. Lo siguiente que captaría su atención sería el comentario sobre la suerte que había tenido el ratero de Urasaki, si el destino hubiese sido un poco mas generoso, con la kunoichi, el tipo probablemente no podría volver a pararse sobre sus pies nuevamente. Dicho sea de paso, la Uchiha se había mantenido callada por el tiempo suficiente como para hacer sospechar al joven médico.
No creo que se atreva a atacar a Urasaki aquí dentro...
Pensaba apreciando como se lamentaba el palazo en la cabeza. Entonces el bedel dejaría la escena un momento tras unas palabras.
Parece que te has ganado cierta fama con tus armas...
Comentó a la pelimorada, reconociendo sus habilidades con las kunai en base a lo que había dicho el bedel, a fin de cuentas la niña no dejaba de ser una persona y como buena artesana de la guerra, podía llegar a tener sus fallos. Sin embargo y a pesar de todo, había un detalle que no debía pasar por alto.
¿Está tu cabeza bien?
Preguntó a la niña con la actitud tan repelente que tenía a unos metros, no le agradaba tener que involucrarse mas con la Uchiha pero no podía hacer la vista gorda al tremendo golpe que le habían dado, algo asi como un debe mayor como médico era lo que lo estaba guiando en aquel instante.
—Parece que te has ganado cierta fama con tus armas...— ahora que el bedel se había ido el chico parecía querer limar asperezas con la pelimorada que ni siquiera le prestaba atención, estaba muy ocupada frotando el lugar del impacto
"Parece que se me vaya a abrir la cabeza por la mitad..." se lamentaba la pequeñaja del duro golpe recibido, no era el primero que recibía, ni siquiera era el primero del día y eso hacia mella en su resistencia "Si sigo así me quedaré como Koji..." en su cabeza apareció la imagen de su pelirrojo senpai cayéndole baba por la comisura de la boca con cara de bobo "No quiero ser una idiota..."
—¿Está tu cabeza bien?— volvió a hablar el médico, pero esta vez interesándose por su estado. Cualquier otro se lo hubiese tomado como un gesto amable, para Tomoe recibir el mismo trato de aquel chico que el que dispensaba al ladrón era denigrante, como mínimo
—Perfectamente...— respondió la mocosa con más orgullo que verdad, pues en sus cara se podía ver que el dolor seguía siendo intenso —No necesito que nadie se preocupe por mí, ve a ocuparte de tu novio-ladrón— le espetó con rudeza mientras tras dedicarle una dura mirada al muchacho
"Se cree que soy como esa mierda, yo no necesito su ayuda... ni la de nadie" se afianzó en sus convicciones a la vez que dejaba de rascarse la cabeza, pues había notado que aquello solo empeoraba la sensación
El bedel volvió rápidamente, no tenía mucho tiempo que perder. Ataviado con un chubasquero y portando en su mano derecha.
—Ya estoy listo, me llevaré al chico— extendió el otro chubasquero sobre el herido a modo de manta, antes de cogerlo en brazos —No me ensuciéis esto, volveré en seguida— dijo mirando a la pelimorada con dureza antes de desaparecer en mitad de la sala
—Ño mi inshusheis eshto— imitó con voz un tanto irritante lo dicho por el bedel —Viejo estúpido...—
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La orgullosa respuesta de la pelimorada no hizo otra cosa que seguir haciendo mella en la paciencia del joven médico. Clamaba no necesitar la preocupación de nadie y que mejor volviese a su actividad anterior, pero palabras no tan amables.
No tengo por qué seguir aguantando a esta niña.
Pensó dejando escapar un suspiro para luego girarse en dirección a Urasaki, ya había terminado su trabajo con él así que ya no tenía nada más que lo siguiese reteniendo en aquel lugar. Momento después volvería a entrar en escena el viejo bedel con su atuendo para la lluvia y uno para el ratero herido.
Vaya con cuidado, por favor.
Contestó respetando las formas y haciendo una ligera reverencia en señal de respeto hacía el trabajador, era lo menos que podía hacer después de molestarlo con la petición que le había hecho. La kunoichi por su parte siguió comportándose una forma que para él era totalmente incorrecta.
Puede que sea una persona de edad avanzada, pero no creo que sea estúpido...
Comentó el shinobi mirando la salida de la academia por la cual habría pasado el bedel. Había varias razones por la cual aquel empleado se merecía el respeto de ambos, era un mayor, se encargaba de limpiar el lugar donde mucha gente se formaba como ninja, entre otras cosas, pero puntualmente para el caso de la señorita de cabello morado...
Digo... ¿Acaso no fue él quien te dejó llorando y con la cabeza hundida? Si hubiese sido un combate real hubieses muerto.
Pero por supuesto que no llegaría a tal extremo, no con una persona de su propia aldea y mucho menos con una niña a la que seguramente le faltaba solamente un par de coscorrones.
Puede que sea una persona de edad avanzada, pero no creo que sea estúpido...
La pelimorada arqueó la ceja de manera un tanto arrogante mientras el chico dedicaba una mirada al lugar por donde suponía que debía de haberse marchado el anciano a toda velocidad. Aquel chico flacucho estaba consiguiendo molestarla, no es que fuese un reto imposible, ni siquiera ella misma lo calificaría como algo poco probable de lograr... pero lo que importaba es que el aprendiz de médico lo estaba haciendo y eso nunca terminaba bien, la última vez que un chico de la academia la provocó terminó en el hospital y no para aprender ninjutsu precisamente
Digo... ¿Acaso no fue él quien te dejó llorando y con la cabeza hundida? Si hubiese sido un combate real hubieses muerto
Y aquello fue el colmo, la gotita que lleno el vaso de chupito que representaba la paciencia de la kunoichi que no dudo en fruncir el ceño furiosa
—¡Uno: NO ESTABA LLORANDO!— alzó la mano para comenzar a enumerar furiosa —¡DOS: SIMPLE MENTE ME CONFÍE, EN UN COMBATE DE VERDAD LE HABRÍA VENCIDO SIN PROBLEMAS!— blandió la mano con dos dedos extendidos violentamente —¡IGUAL QUE A TODOS CON LOS QUE ME HE ENFRENTADO!— cogió aire para seguir dejando su furia fluir —¡Y TRES: ME ESTAS HARTANDO MEDICUCHO DE TRES AL CUARTO! ¡A MI NO ME DA LECCIONES NINGÚN JODIDO MATASANOS!— se bajo de un saltó del mostrador para colocarle la mano con los cuatro dedos extendidos todo lo cerca que pudo de la cara del chico, ya que su altura no le daba para refregárselos por la cara —¡¿TE HA QUEDADO CLARO?!—
La pequeñaja hizo gala de su fama de prepotente y poco educada, además de su innata propensión por la violencia
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La mirada del médico se posó sobre la kunoichi, parecía que había logrado hacerla enfadar mucho más de lo que ya la había enfadado previamente ayudando a una persona que ella no consideraba digna. Extendiendo los dedos de su mano en alto fue lanzando los puntos que deseaba aclarar, curiosamente al terminar tenía mas dedos extendidos de lo que había nombrado.
¡¿TE HA QUEDADO CLARO?!
Gritó al final casi queriendo picarle los ojos con la mano. Interiormente el joven médico luchaba contra sus primitivos instintos de querer golpear a una persona que realmente no te cae bien. Dio unos pasos hacía atrás mirando a la niña repelente a los ojos.
¿Quién soy yo para darle lecciones a una kunoichi tan distinguida después de todo, no?
Dijo tratando de conservar las formas tanto como pudo, necesitaba largarse de aquel lugar tan pronto como fuese posible, por el bien de su cordura.
En fin... no me apetece quitarle más el tiempo a una eminencia de las kunai, así que me voy a retirar de su presencia...
Mientras decía eso comenzó a dar pasos en dirección a la salida de aquel lugar y por tanto a tomar distancia de la pelimorada rabiosa.
Cuando termines de llorar procura ponerte hielo en la cabeza.
No pudo evitar que su recomendación tuviese un tinte provocador, el deseo de darle un golpe a la niña iba en aumento pero era simplemente una niña con muy mal carácter y una pobre educación en lo que a modales se refería.
¿Quién soy yo para darle lecciones a una kunoichi tan distinguida después de todo, no?
El chico dio unos pasos hacia atrás mientras hablaba con aquella condescendencia que tanto sacaba de quicio a la pequeña pelimorada que apretó los puños tratando de contener la rabia, una cosa era atacar a un ladrón y otra muy distinta atacar a otro shinobi por muy insoportable que este le resultara.
"Contente Tomoe... contente..." repetía aquellas palabras como un mantra, tratando de volver a ponerse bajo control. La Uchiha sabía perfectamente que irse de madre en aquel lugar podía acabar muy mal para ella
En fin... no me apetece quitarle más el tiempo a una eminencia de las kunai, así que me voy a retirar de su presencia...
La mirada de la pequeñaja se relajó extrañamente, ya no fruncía el ceño... sin embargo en sus ojos había algo hostil, una frialdad que nada tenía que ver con la furia que había demostrado hasta aquel momento. La joven ahora mismo debatía consigo mismo, una parte de ella deseaba matar al chico que tenía frente a ella... no pegarle una paliza o asustarlo, quería destrozarlo a él y su arrogancia... otra parte trataba de mantener el control, de evitar cualquier confrontación que acabase convirtiéndola en un peligro a ojos de sus supervisores. De manera casi instintiva, Tomoe se llevó las manos hasta el portaobjetos para sacar el pequeño tarrito naranja con las píldoras. Desenroscó la tapa y vertió directamente en su boca una cuantas, no sabía el número pero tampoco le importaba en aquel momento. Las tragó de golpe mientras devolvía el tarro al interior del portaobjetos
Cuando termines de llorar procura ponerte hielo en la cabeza.
El chico estaba apunto de abandonar la sala, cuando consiguió sacar de quicio a la pelimorada. Aprovechando que acababa de dejar el tarro de píldoras y sin pensarlo un instante sacó una kunai que lanzó casi de inmediato con dirección al lateral de la cabeza de su adversario. Si su oponente no conseguía esquivarlo, esta pasaría rozando su oreja y produciendole un pequeño corte de advertencia
"Voy a matarlo..." sus ojos se volvieron de un color rojo carmesí, mostrando dos tomoes alrededor de su pupila
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El sonido de un metal impactando contra una superficie llenó la habitación, instantáneamente el ruido de un cristal rompiéndose en incontables pedazos se adueñó de la escena. Mogura había detenido sus pasos a una escasa distancia de la puerta de salida.
Por unos segundos se mantuvo completamente en silencio, de pie mirando fijamente en la dirección a la que se había estado dirigiendo. A sus espaldas se encontraría la Uchiha con su verdadero color de ojos revelado pero Mogura no tendría ojos para ella en particular, se llevó una mano hasta la oreja para tener una certeza de que era aquello que se sentía tan caliente.
Sangre.
Avanzó unos pasos hasta los restos de lo que una vez fue una moderna puerta, pasando por sobre los restos de cristal con la seguridad de que su calzado evitaría que sus pies fuesen dañados, llegó hasta el arma responsable de su muy superficial herida.
Otra vez estas kunai causan problemas... ¿Se puede... se puede llegar a ser tan irresponsable...?
Pensó mientras empuñaba el pedazo de metal moldeado convenientemente, se encontraba en un problema culpa de la kunoichi y sus terribles formas de accionar.
¿Se puede ser tan descuidado...?
Su puño ejerció una presión casi sobrehumana sobre el mango de la kunai provocando que se doblara, dejándolo prácticamente inutilizado.
¡¿Se puede acaso ser tan estúpido?!
Rompió el silencio con un grito tremendo que sin mucha suerte superaría el estruendo que provoco el cristal al romperse. Se giró bruscamente en dirección a la niña e hizo contacto contacto visual con sus orbes rojos y esta a su vez podría ver sus ojos cafés, enojados, hartos y terriblemente molestos. Lanzó con ira la kunai contra el piso, si la kunoichi observaba el arma por un segundo se daría cuenta de que ya sería muy difícil darle un uso.
¡¿Quién diablos te crees que eres?!
El sonido de los cristales rotos o tal vez la herida, hizo al chico despertar. Ahora no sé parecía absolutamente en nada al pusilánime que se había arrastrado para ayudar a una rata de cloaca.
¡¿Se puede acaso ser tan estúpido?! los gritos del shinobi rompieron el instante de silencio tras la rotura de los cristales, apretó con fuerza el kunai mostrando aún más su enfado con la Uchiha que permanecía mirándolo fijamente ¡¿Quién diablos te crees que eres?!
La pelimorada se limitó a mirarlo a los ojos, desafiante. La kunoichi estaba acostumbrada a ese tipo de situaciones, desde que prácticamente podía recordar se había pasado la vida luchando.
Alguien como ella no podía permitirse la debilidad, ser débil significaba no ser útil y no ser útil conllevaba ser descartada, por eso para ella no había otro camino que el de demostrar que era superior al resto. Eso había derivado en una personalidad altamente conflictiva, con una mezcla de falta de empatía y desdén muy peligrosa... todo eso sumado a la confianza que la pequeñaja tenía sobre sus habilidades, ganada a base de aplastar a todo aquel que se ponía por delante... como aquel chico
"Debo tolerar que otros me hablen así... pero no lo toleraré de basura como él..." recordó la forma en que muchos la habían tratado y la rabia aumento, para muchos no era más que un arma a la que se podía insultar, menospreciar y juzgar sin ningún tipo de consecuencia... El combate era la manera de auto-reafirmarse así misma, de decir aquí estoy yo y esto es lo que soy. Por eso no habría una respuesta para las preguntas del shinobi "¡¿Quién diablos te crees que eres?! Voy a demostrarte quién soy"
Cuando alguien está dispuesto a llegar a esos extremos para mostrarse así mismo, las palabras sobran.
Tomoe sacó desde su portaobjetos un par de kunais, para empuñar uno en cada mano a la vez que tomaba posición de combate. Mano izquierda adelantada, mano derecha retrasada, pies firmes en posición inversa a las manos y mirada al frente
—Voy a destrozarte— la dureza de su voz podía llegar a sorprender, no casaba muy bien con su infantil apariencia
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El silencio reinó durante unos instantes después de que Mogura azotara la kunai contra el piso. Sin poder evitarlo, y siendo victima de su exceso de sinceridad el joven médico había dejado escapar de sus labios las palabras correctas para hacer enojar a la pelimorada y ella a su vez había hecho de las suyas para lograr lo mismo.
Los ojos de la Uchiha no parecían reflejar remordimiento alguno por haber roto la puerta en mil pedazos sino que parecía ser como si fuese otro de esos tantos desconocidos a los que usaba como blanco de práctica para usar sus kunai y no le correspondía mayor importancia.
¿Otra vez con los kunai?
Su expresión de enojo se acentuó más al verla desenfundar más armas y adoptando aquella posición de combate. La pelimorada estaba dispuesta a usar su fuerza como regla para medirse con él y demostrarle lo inferior que era.
Ni siquiera sueñes que vas a pelear conmigo en este lugar.
Dijo el molesto shinobi rechazando por completo la ridícula idea de pelear en la entrada de la Academia. Una pesima idea por donde fuese que la viesen sobretodo sabiendo que el bedel ya había limpiado ese lugar y no le caería para nada en gracia que dos ninjas arruinaran su trabajo.
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