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Estamos en Entretiempo, Otoño del año 217.
Últimos rumores: La situación política de Oonindo vuelve a estabilizarse, y con ella, todo el mundo duerme un poco más tranquilo. Lo suficiente para que el dinero fluya con ganas, al parecer: hay rumores que apuntan a planes para construír un nuevo método de transporte basado en raíles que uniría varios enclaves importantes del continente.

¡0 días sin RESET!
El pequeño remedio
#1
Era por la mañana, pero la totalidad del cielo se veía cubierto de nubes que, indecisas, albergaban tonalidades entre grises y negras. No obstante, el ambiente no dejaba de ser bochornoso, acorde con la estación estival. El viento soplaba, pero sin demasiado ahínco, lo justo y necesario como para alimentar las velas de aquella barcaza, algo destartalada, que surcaba las aguas en dirección a La Pequeña Blanca.

En esa misma embarcación viajaba Kojima Karma, genin de Uzushiogakure.

Era un navío destinado al transporte de pasajeros y mercancías entre las Islas del Té y otros puertos del mundo. Estaba fabricado en madera y en su momento debía de haber sido una gran nave, pero a estas alturas había visto días mejores. A popa, además del timón y un humilde techado sobre este para que el capitán se resguardase, habían unas escaleras que llevaban a la bodega de carga. A proa solo podían observarse un par de bancos a izquierda y derecha para que los pasajeros se acomodasen durante el viaje. Al centro un mástil con varias velas, el "motor". La cubierta estaba pintada de blanco, mientras que los parapetos, el mástil y el techado eran azul oscuro. El nombre de la nave era "La Mustia".

Y allí estaba la muchacha, apoyada con los hombros caídos sobre la barandilla del lado derecho de la barcaza, cercana al capitán, que controlaba el timón. Estaba pálida como un fantasma, una expresión de resignado sufrimiento acuchillándole el rostro. De pronto comenzó a convulsionar con ligereza, para entonces exhalar un desagradable "BLEGH" y comenzar a vomitar, lanzando el contenido de sus tripas al agua. Bilis, en su mayoría.

¿Está usted bien, kunoichi-chan? —preguntó el capitán, jocoso, sin desviar la vista del horizonte.

Karma vestía con su conjunto de ropajes y equipamiento habitual, el protector inclusive, por lo que era fácil identificarla como sirvienta de Uzu. Sacó un pañuelo del kit médico y se limpió los labios. Acto seguido lo guardó y miró al hombre. Era moreno, de facciones duras, con la faz surcada de arrugas. Tenía el cabello blanco y lucía una barba poblada, ambos tan blancos como su navío. Llevaba una robusta chaqueta negra, pantalones largos a juego y unas botas de trabajo. Sobre la cabeza un sombrero de capitán con un ancla en la frente.

Era el estereotipo de capitán experimentado, de viejo lobo de mar. Seguro de sí mismo, su disposición se le hacía irritante a más de uno. Pero es que el marinero estaba más que acostumbrado a ver a gente vomitar por el vaivén que azotaba el barco al navegar.

N-No...

No se preocupe —rió—. No tardaremos en llegar a la pequeña.

Pero es que no era el barco lo que había mareado a Karma y la había llevado a tirar lo poco que había almorzado aquella mañana, no. La pelivioleta llevaba una temporada horrenda: no paraba de contraer enfermedad tras otra, lo cual resultaba irónico ya que era aprendiz de médico.

La lista no se quedaba corta: dolor de cabeza, fatiga, mareos, dolor de estómago, vómitos, diarrea... Tras tratar de autodiagnosticarse, consultar con Kūjō Taiga —su sensei en las artes Iryō-Nin— y echar mano del poder de la medicina moderna, la joven seguía casi igual. Ni siquiera el Ninjutsu la libró de aquello. Taiga y Karma llegaron a la conclusión de que no debía tratarse de nada serio, tan solo mala suerte, acumulación de dolencias menores, y que eventualmente se mejoraría sola. Pero ya habían pasado dos semanas, y la fémina continuaba sufriendo malestares que iban y venían como les iba en gana...

«Espero no tener una enfermedad desconocida», reflexionó con temor.

Por ese mismo motivo quiso viajar hasta La Pequeña Blanca. Se trataba de una búsqueda, algo que quizás aliviaría sus males o los eliminaría por completo. No podía trabajar así.

Aparte del capitán habían otros pasajeros en la barcaza, aunque no muchos. La pelivioleta esperaba que no se hubieran percatado de su desagradable accidente digestivo...
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#2
«En Arashi no kuni, estaría lloviendo irremediablemente, aquí el tiempo no tiene idea de que hacer» era el pensamiento de la kunoichi de cabellos dorados mientras miraba las nubes, no era la primera vez que estaba fuera de su tierra natal, la tierra del eterno llanto. La Amejin estaba en aquellos lares por un pedido de sus padres, la gran tarea de comprar el té porque se había acabado.

Inicialmente, debido al clima de su país de origen, había salido con una capa impermeable, capa que desde que había salido del país de la tormenta estuvo guardada. El resto de su indumentaria contaba de una camiseta de color negro sin magas, de cuello alto y que dejaba la zona de las clavículas y parte de la espalda al descubierto, una falda de color morado y por debajo lo que parecía ser unas calzas de redecilla, el cabellos atado como rodete en lo posterior de su cabeza y la banda ninja de Amegakure al cuello.

La chica venia soportando dentro de todo, bien su viaje en barco, sentía un poco de mareos por el constante mecerse de la embarcación, pero no sentía nauseas. Ella iba en la parte posterior de la embarcación respirando el aire que ofrecía el mar, fresco y le daba una leve picazón la sal del mismo mar. La kunoichi jugaba con un shuriken en su mano, haciéndolo girar una y otra vez en su dedo y su mente ocupada pensando en que se perdería de participar de los exámenes Chuunin, pero estaría allí para observar los combates, aprendería algo para los siguientes exámenes, aunque lo mas probable era que en los siguientes no se enfrente a los actuales aspirantes al rango, si conocería de las habilidades de los mismos. Pero termino por salir de sus pensamiento en el momento en que oyó algo....algo particularmente repugnante, pero que le preocuparía a cualquiera.

La kunoichi Amejin se acerco y fue ahí cuando el evidente brillo de su banda ninja le dijo que ella también era una kunoichi, pero no lograba notar su origen -¿Te sientes bien kunoichi-san? te ves muy pálida- por su tono, siempre suave y melodioso, se notaba cierta preocupación por su estado de salud
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#3
Karma, claramente molesta, devolvió su mirada al azul infinito del mar. Así fue hasta que escuchó la entrada de un nuevo participante en la conversación, o mejor dicho una, a juzgar por su femenina voz.

Nada importante —injirió el capitán—. Falta de amor por la mar, eso es todo —y echó a reír de nuevo.

La fémina le dirigió una mirada fulminante al señor del navío. Entonces se fijó en Reika, aquella que se había preocupado por su bienestar a pesar de que no se conocían de nada. Sus ojos no necesitaron de mucho tiempo para aterrizar sobre el hitai-ate con el emblema de Amegakure que la rubia portaba al cuello. Karma habría jurado que el dolor de cabeza que le impedía pensar con claridad acababa de acrecentarse debido a esa imagen.

«¡Es una kunoichi de otra villa, y yo haciendo el ridículo así! ¡Es la primera vez que me topo con un integrante de otra aldea y tiene que verme echa un trapo, vomitando! Tan hábil como siempre, Kojima...», se desdeñó.

Gracias por su preocupación, pero no es nada serio. Llevo así una temporada —le respondió a la Yamanaka, quitándole hierro al asunto y haciendo gala de un respeto propio de quien goza de educación y trata con un desconocido.

La uzujin cayó en la cuenta de algo. Había una mujer a proa, sentada en el banco a mano izquierda, observando la situación con descarado interés, incluso sonreía. Karma retornó su campo de visión a la mar, allí donde no tenía que enfrentar la mirada de ningún curioso, así como la vergüenza que ello conllevaba.
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#4
Ante el acto de preocupación de la rubia Amejin, quien sería nada mas y nada menos que el capitán del navío, mencionó que no se trataba de la gran cosa sólo "falta de amor al mar". Pero el rostro dijo lo contrario, cosa que la chica pelivioleta confirmó que ya llevaba un tiempo así.

-Por cierto...disculpa mis modales, mi nombre es Reika- diría la rubia presentándose a la Uzujin, no creía que fueran necesarios más detalles en la presentación, igual no tenia nada de raro en sus genes ni nada, aunque algo era cierto, en el pasado su Clan tuvo bastante relevancia en el país del Fuego -¿Que trae por aquí?- preguntó la kunoichi, tan solo por curiosidad.
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#5
En esta ocasión la genin no se molestó en virar el rostro. No quería confrontar más miradas sardónicas procedentes del resto de pasajeros.

Yo soy Kojima Karma, es un placer —contestó. Era una presentación un poco maleducada, dada la pésima disposición de la fémina y la falta de contacto visual, pero su fortitud mental no daba para más en aquellos momentos—. Estoy aquí porque me han contado que alguien de La Pequeña Blanca cultiva un tipo de té blanco capaz de curar cualquier tipo de mal. Como ves, estoy bastante jodida y no logro quitármelo de encima, así que estoy dispuesta a probar cualquier cosa, aunque no sea demasiado científica que digamos.

Yo también he oído hablar sobre ese té. Todo pamplinas. Me creería antes una historia sobre una ballena blanca que un té blanco milagroso.

Karma bufó.
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#6
-El placer es mio Karma-san- respondió la kunoichi de cabellos dorados a la presentación de la kunoichi Uzujin -Sabía de su buen sabor, pero no de sus propiedades curativas- afirmó la rubia acerca del té cultivado en las tierras de la pequeña blanca

El navegante acotó nuevamente con su comentario innecesario, cosa que claramente molestaba a la Uzujin, Reika por su parte no le dío demasiada importancia -Conocí a muchos ninjas de tu villa, buena gente todos ellos- seguramente y como en cualquier lugar del mundo, habría gente que mejor perderla que encontrarla, por suerte no había sido mala la experiencia conociendo Uzujins
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#7
Ya sé que no suena muy creíble... —respondió, descorazonada, a Reika.

Karma sufrió un ataque de tos que le habría cortado la voz si hubiese querido seguir charlando. Momentos más tarde se calmó, el acre sabor de la bilis todavía rondándole el paladar. Entre tanto, la rubia se molestó en mencionar que había conocido a muchos de su mismo bando y todos ellos "buena gente".

Era cierto, a los de Uzushiogakure se les inculcaba con mimo unos valores de respeto y buena fe, incluso hacia ninjas de otras villas. Pero Karma esperaba que una relación entre kunoichis de distintas aldeas fuese un poco más... ¿fría y formal, quizás? Aunque Reika parecía todo lo contrario: no solo educada, si no también sociable.

Ya veo. Espero no ser la primera persona de Uzu que te de mala impresión —giró la cabeza y la miró, sonriendo de forma penosa.

La genin se fijó, al virar el rostro, en que la mujer que antes la observaba con sorna ahora se había levantado y estaba charlando con alguien. Se trataba de un hombre de estatura media, delgado, rapado y con una expresión funestamente seria, vestido con un yukata masculino de color azul oscuro y ligeras rallas blancas. Entre cuchicheos, la mujer volvía a mirarla de tanto en tanto. Karma entrecerró los ojos.

Va a llover —anunció el capitán con la más absoluta de las tranquilidades.

Ahora que lo mencionaba, el cielo sí que parecía más negro...
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