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RE: Torbellino - Sarutobi Hanabi - 4/10/2019 Ya fuera por temeridad, por respeto, o confianza en que su pupilo no le metería en una jugarreta nada más comenzar, Hanabi no apartó la mirada. No al menos por ahora. Datsue el Intrépido no perdió ni un momento. Tras el saludo inicial, echó a correr y recortó la distancia que le separaba del líder de Uzushiogakure en un suspiro. Fue entonces cuando el espíritu de otro Datsue muy diferente le poseyó, y tomó forma... de baikunai. Datsue el Matakages movió la pierna y levantó una nube de arena, obligando a Hanabi a cerrar los ojos, quien chasqueó la lengua con fastidio. La gigantesca arma de Datsue viajó horizontalmente con una intención para nada inocente, y si lo que buscaba era un saludo de Hanabi, lo recibió. Muy cálido. El filo besó el vientre como a una amante, y se deslizó limpio por el estómago al tiempo que el Uzukage se retorcía en un alarido. Datsue el Intrépido sólo estaba jugando, pero Datsue el Matakages consiguió su objetivo, al f... Fue entonces cuando Hanabi le devolvió la travesura a Datsue, y el Uchiha fue cegado por cientos de partículas de una arena que no formaba parte de la playa y que de hecho ni siquiera era arena. La ceniza quiso meterse en sus ojos y en su boca, y envolvió al muchacho como un desierto de oscuridad. El Uzukage dejó atrás una pequeña chispa, una que incendió, incendió como las llamas de aquél Uchiha que aconsejó a Datsue esperar al primer movimiento de su oponente le aleccionarían, como el castigo de un padre severo. La ceniza pasó. El fuego pasó. El humo pasó. Y Hanabi, posado sobre las aguas, más adelante, sonriendo amable pero no burlón, aguardaba con una mano tras la espalda y la otra al frente, expectante. Y, esta vez sí, procurando no acercar su mirada a la de su posible sucesor, carmesí, peligrosa. —¿Te gusta? Le llamo "Petardo Sorpresa". Creo que es muy tú. RE: Torbellino - Uchiha Datsue - 7/10/2019 Por un momento, lo tuvo. Saboreó la victoria, el éxtasis que solo el hecho de vencer a la persona que más admirabas y respetabas podía brindarte. No por superarle, o siquiera orgullo, sino por lo que eso significaba. Y en lo que eso te convertía. Pero tuvo que haberlo visto venir, incluso sin el Sharingan. No iba a ser tan fácil. No podía serlo. «¿¡Un clon!? ¿¡Kawarimi!?» Las dos posibilidades le pasaron como un rayo por la mente del Uchiha. El sabor a ceniza se le metió en la boca, y un recuerdo muy amargo le vino a la mente. El Katon: Haijingakure no Jutsu, ninjutsu que en una ocasión Akame había usado contra él. Temeroso por los daños, el Uchiha potenció sus piernas de chakra y saltó. Saltó, alto, muy alto, con toda la fuerza que se había ganado con tanta sentadilla en los últimos meses. Pero, entonces… ¡¡¡BBBAAAMMMMM!!!
Una potente explosión que ahogó su chillido de dolor. Había saltado, sí, pero no a tiempo. Muy alto, sí, pero las llamas le habían lamido las piernas antes de alcanzar su máxima altura. El ōkunai se le escapó de las manos, clavándose en la arena, y el cayó poco después, teniendo que apoyar ambas manos en el suelo para amortiguar el aterrizaje. —¿Te gusta? —oyó decir a Hanabi, a lo lejos—. Le llamo "Petardo Sorpresa". Creo que es muy tú. «Será cabronazo…» Casi ni habían empezado el duelo, y ya le habían reventado. Su pantalón humeaba por todos lados, y la piel de las piernas le ardía. De hecho, no sabía ni cómo mantenía la mente tan clara, sin entrar en conmoción. No… Se engañaba. En realidad sí sabía el porqué. Cuando se dio cuenta, sonrió. «Gracias, Shukaku…»
Jamás creyó que fuese a decir las siguientes palabras, ni aunque fuesen mentalmente. «Gracias por hacerme más fuerte.»
Todas esas noches, torturándole día sí y día también. Haciéndole ver cosas horribles. Destrozándolo. Machacando su cuerpo de todas las maneras imaginables. Partiéndolo. Quemándolo. ¿Qué era unas pocas quemaduras cuando Datsue había sentido cómo la piel se le caía, derretida, por las llamas? ¿Qué era un corte, un golpe, un poco de sangre, cuando le habían cercenado cada extremidad y agujereado su cuerpo con lanzas? Su piel no era más dura. Sus músculos tampoco más grandes por aquellas pesadillas. Pero Shukaku, sin quererlo, había convertido al quejica de Datsue en un tío que miraba al dolor y era capaz de devolverle la sonrisa. Se levantó, más seguro de sí mismo que nunca. —Bonito truco —tuvo que reconocerle—. No piense que caeré dos veces en él —tomó el ōkunai y lo enfundó en la vaina. «Perdóname, Raito-sensei». Así era. Raito había sido el Uchiha veterano que le había enseñado aquella táctica: aprovecha los ojos, y aguarda a que el oponente haga el primer movimiento. Antes, cuando había recordado a todos los que le habían hecho ser quien era —Akame, Zoku, Daruu… y el resto— se había olvidado de él. Aquello le había costado una buena quemadura. No se volvería a repetir. Tomó una píldora estimuladora de sangre y luego alzó las manos en posición defensiva. Consciente —esta vez de verdad— que si quería ganar aquel combate iba a tener que darlo todo. RE: Torbellino - Sarutobi Hanabi - 8/10/2019 —No pretendo que lo hagas, compañero —respondió Hanabi, juntando las manos tan rápido como le fue posible en una corta serie de sellos. Pájaro, Serpiente, Dragón, Carnero. El viento había comenzado a moverse alrededor de Hanabi ya incluso antes de terminar. Una gigantesca corriente de viento, similar a un tornado —y con la misma mala hostia— salió disparada hacia Datsue casi al instante. El viento arrancó el agua del océano, robándole a Susano'o parte de su ser, y avanzó junto a él en un Torbellino mortal. El jutsu levantó la arena y la unió en sí mismo, creando surco de arena mojada en los veinte metros del recorrido cuando el efecto se disipó. RE: Torbellino - Uchiha Datsue - 9/10/2019 ¿Han visto alguna vez un duelo de leones? Es un combate rápido, donde apenas se intercambian unos pocos golpes. Unos zarpazos, un par de mordiscos, y se termina. La razón es muy sencilla: son bestias tan poderosas, que alargar la pelea significaría la muerte para uno de los dos. Porque sus zarpas son demasiado afiladas. Porque sus colmillos se clavan demasiado profundo. Algo así sucedía con el combate de Hanabi y Datsue. Habían alcanzado tal nivel, que, como un duelo de verdad entre samuráis —y no los que vendían en las películas palomiteras—, apenas podía durar un suspiro. Datsue lo supo nada más ver el torbellino de agua que se abalanzaba sobre él. Supo también en aquel preciso instante que se había estado preparando para aquel momento. Desde el mismo día en que Hanabi, allá por Bienvenida, le había recogido el guante. Ciento veinte días con sus ciento veintiuna noches, soñando con aquello. Entrenando sin descanso. Preparándose. Bajó la cremallera de su chaleco y, como si fuese una declaración de intenciones, los músculos que tanto había cultivado en aquellos meses salieron a relucir. Abrió los brazos, decidido. Sin un atisbo de duda en su corazón. Iba a parar aquel jodido torbellino con el pecho, estrangularlo con las manos y luego lanzárselo de vuelta a Hanabi. Sí, eso iba a hacer. ¡Eso iba a hacer! No para derrotar a Hanabi, sino para dar un golpe encima de la mesa. Para mandar un mensaje tan alto y tan claro que, a pesar de los millares de kilómetros que les separaba, llegara a destino. A Uchiha Akame. A Umikiba Kaido. A los Generales. A Kurama. ¿Querían seguir jodiéndoles? ¿A Oonindo? ¿A Uzu? Entonces más les valía prepararse, y observar, porque esto… Esto era a lo que se tendrían que enfrentar. A la Nueva Generación. A tipos que se desayunaban Náyades por la mañana y tornados por la tarde. —¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHH!!! Rugió. Rugió con todas sus fuerzas para que su voz cruzase el océano. Para que llegase al Agua; y a donde fuese que se escondiese la sabandija de Kurama. Y entonces, lo paró. Vaya que si lo paró. Con sus propios brazos. Con sus manos desnudas. ¿No lo creen? ¿Por qué sino fueron cabellos rubios los que se empaparon? ¿Por qué fueron orbes anaranjados los que tuvieron que enfrentarse a su propia creación? ¿Por qué fue Hanabi el que tuvo que probar de su propia medicina, mientras Datsue se posaba en las aguas cristalinas, allí donde momentos antes había permanecido su Uzukage? ¿No creen a Datsue? Oh, pero es que el Uchiha no es un mentiroso. Simplemente… le gusta tergiversar ligeramente la realidad. Vale, lo que había sucedido no había sido exactamente eso. Datsue no había parado el torbellino con sus manos, claro. Lo que había hecho era devolverle la jugada. ¿Qué él usaba un Kawarimi para intercambiarse por pólvora? Pues Datsue le copiaba y utilizaba la idea para intercambiarse por... ...el propio Hanabi. —¡¡¡YEEEEEEEEEEEHHHHHHHAAAAAAAAAAAA!!! —no pudo evitar exclamar, de puro júbilo. La adrenalina inyectaba todo su ser y se sentía eléctrico, pletórico—. Todavía no tengo un nombre para esto. ¿Qué le parece “Devoluciones Express"? —Por eso de devolverle el regalo al adversario. Aunque creía que le faltaba algo de gancho al mote. A todo esto... Hanabi estaría bien, ¿verdad? «¡Pues claro que estará bien! Aún si le alcanzó de lleno… ¡es Uzukage! ¡Puede con eso y mucho más!» RE: Torbellino - Sarutobi Hanabi - 10/10/2019 Hanabi sonreía. Sonreía, porque se sentía cómodo en aquellas demostraciones de Poder. Siempre se había sentido cómodo. Su chakra era como un monstruo, y liberado, destruía montañas. Derribaba paredes. Borraba todo con lo que se topab. Pero Uchiha Datsue era astuto como un zorro —¿o podríamos decir como un tanuki?—, y sabía encontrar las debilidades en todos los adversarios. La debilidad de Hanabi era su propia fortaleza. El hombre abrió los ojos, totalmente sorprendido ante el ardid de su sucesor. Se había sentido agarrado y desplazado a tal velocidad que había sentido únicamente un zarandeo brusco. Y ahora se encontraba allí, ante las fauces de su propio monstruo. Hacía mucho que no sentía aquella sensación. La de un Ninjutsu que él no pudiese, simplemente, anular como quien pisaba con la suela del zapato una pequeña hormiga. Era la primera vez que se encontraba frente a frente con una fuerza igual a la suya. Literalmente. —¡Mierda KAZE NO YAIBA! —Hanabi arqueó el brazo y trató de cercenar aquella técnica como ya había hecho con tantas otras. La cuchilla chocó contra el torbellino y se mantuvo un instante invicta, pero al siguiente el Uzukage ya estaba tragando agua y arena y dando vueltas sobre sí mismo, viéndose arrastrado por una vorágine de su propia medicina. Diez segundos más tarde, allá en medio de la playa se levantaba, los brazos temblándole, tosiendo esputos mezclados con agua y limpiándose con el dorso de la mano el barro de la cara. Pero si alguien piensa que Hanabi se sentía en aquellos momentos como un perdedor, se equivocaba. Se equivocaba, porque Hanabi sonreía más que nunca, y su emoción alcanzaba el cielo. Datsue le llamó la atención desde lejos: —¡¡¡YEEEEEEEEEEEHHHHHHHAAAAAAAAAAAA!!! —no pudo evitar exclamar, de puro júbilo. La adrenalina inyectaba todo su ser y se sentía eléctrico, pletórico—. Todavía no tengo un nombre para esto. ¿Qué le parece “Devoluciones Express"? —¡Hacía tiempo que nadie me hacía esto! —le gritó, terminando de reincorporarse. «A quién voy a engañar...»—. ¡Hacía tiempo que no me sentía tan VIVO! «Ambos sabemos que voy a perder este combate.» RE: Torbellino - Uchiha Datsue - 13/10/2019 Oh, claro que Hanabi estaba vivo. ¡Más que nunca, al parecer! Datsue sonrió. Feliz por satisfacer a su Uzukage. Feliz porque estuviese a salvo —si él hubiese llegado a recibir aquel ataque, a buen seguro no se mantendría en pie—. Y, porque no, feliz de que todavía pudiese saborear aquel combate. Pero la sonrisa se le borró del rostro en cuanto recordó una valiosa lección: cuando tu enemigo se encuentre conmocionado o agotado, no le des ni un segundo de respiro. Había visto usar aquella táctica cientos de veces a alguien que en su tiempo consideraba un profesional, y siempre con resultados positivos. Arrancó a correr en dirección a Hanabi, atravesando el enorme surco causado por el anterior jutsu, recortando la distancia que les separaba. Veinte metros. Quince. Doce. Con eso bastaría. —¡Está bien, Hanabi-sama! ¡Voy a darle lo que tanto deseaba! Se llevó una mano a la espalda y sacó un pergamino. Uno en el que había sellado un par de técnicas la noche anterior, y que ahora podría utilizar sin gasto alguno. Ventajas de ser especialista en fuuinjutsu, señores. —¡Un duelo de poder! ¡Este es mi mejor golpe! —anunció—. ¡¡¡PREPÁRESE!!! ¡¡¡FSSSSSIUUUUUUUUUPPP!!!
Una esfera flamígera salió disparada del pergamino al abrirse, empachándose por el viento y engordando todavía más sus dimensiones. Tres metros de diámetro que por un momento ocultaron al pupilo del maestro. Al sucesor del Uzukage. Eclipsados ambos por una bala que se dirigió, a una velocidad alarmante, hacia su objetivo. Descendiendo un poquito con cada metro recorrido. Si Hanabi se apartaba, colisionaría contra el suelo poco después. ¿Aceptaría Hanabi el reto que tanto buscaba? ¿O huiría de él, ahora que lo tenía en frente? Cabe decir que Datsue no tardó en volver a aparecer en su rango de vista, corriendo hacia la derecha, en un semicírculo dónde él —Hanabi—, era el centro. Y es que, como Daruu había enseñado a Datsue en un par de ocasiones —en el torneo y en puente Tenchi—: cada segundo que pierdes de vista a tu oponente, es un segundo en el que te está jodiendo. Mejor tenerlo bien vigiladito con el Sharingan. 2 AOs realizadas –RE: Torbellino - Sarutobi Hanabi - 14/10/2019 Bueno, a ver, bueno, a ver. Una cosa era que le gustara sentirse vivo, y otra encontrarse en aquella situación. Hanabi ya había admitido interiormente que iba a perder, pero aún así su orgullo de Sarutobi se resistía a dejarse caer tan fácilmente, y menos contra otro usuario del Katon, y menos contra uno del clan Uchiha, grupo que ostentaba la supremacía con aquél elemento tanto o más que ellos mismos. Por eso cuando Datsue envió aquella bola de fuego alimentada con la fuerza de un pequeño huracán, sonrió todavía más. Y sabiéndose perdedor miró a Datsue un momento, le guiñó un ojo y luego clavó la vista en el jutsu de nuevo. Abrió los brazos y respiró hondo. Abrazó el calor que proyectaba el ataque sobre él y quiso hacerle a Datsue una demostración más de fuerza. Porque alguien que se sabe perdedor no tiene nada que perder. Y no iba a caer sin devolverle la jugada a aquél cabrón. Juntó las manos en un único sello, el sello más característico de su elemento. El sello del Tigre, el sello del Fuego. Hanabi saltó hacia la izquierda, al lado contrario de Datsue, y cuando la técnica del Uchiha pasó justo a su lado, de nuevo bloqueando el contacto visual entre ambos... Entonces, Hanabi le mostró a Datsue lo que significaba la palabra Fuego. «¡¡Katon: Gōen no Jutsu!!» Un chorro de llamas rojas, naranjas y blancas sin adulterar fue lo que engulló al jutsu de Datsue como si fuese un hermano menor. Se lo comió, y con los nutrientes creció y avanzó sin remedio para tratar de comerse también al Hijo del Desierto. Pero su voracidad no conocía límites, y por eso seguiría devorando la arena, haciéndola cristalizar en múltiples pedazos de color arcoíris. Aquél día, la Playa Túnel quedaría marcada por el duelo de titanes de forma irremediable. RE: Torbellino - Uchiha Datsue - 15/10/2019 Oh, ¿Hanabi había visto algo allí donde Datsue había estado momentos antes de abrir el pergamino? Fue solo un instante, apenas un suspiro, justo cuando saltó hacia su derecha y emitió la llamarada de fuego para tragarse al Katon de su llamado sucesor. Con el rabillo del ojo. ¿Habían sido imaginaciones suyas, o la arena se había movido, como engullendo algo? «Qué cojones… ¿¡La va a parar con el pecho!?» Pensó el Uchiha, cuando le vio. Datsue, por supuesto, había ido de farol. Cuando se abrió de brazos ante el torbellino de viento y agua de Hanabi, jamás en la vida se hubiese planteado pararla. Pero, ¿Hanabi? Por un momento pensó que era capaz. Tal era su devoción en él. «¡Hijo de…!» Y no, no lo hizo. Pero sí algo muy parecido. Por si no hubiese sido suficiente con expeler un tornado y resistir su propia furia, aquel cabronazo —sí, cabronazo— se sacaba otro Katon de la manga para engullir al suyo como si se tratase de una canica. ¡A su mejor jutsu, combinado con su mejor Fuuton! Tenía que ayudarse de un Kage Bunshin si quería crearlo en plena refriega, ¡e iba Hanabi y con un jodido sello se lo fundía! «Oh, no…¡No…! ¡No! ¡Y una mierda! ¡Y una mierda me ganas tan fácil en un duelo de poder! ¡Soy el jodido Uchiha Datsue! ¡Soy el PUTO HIJO DEL DESIERTO!» Su diestra voló rápida hacia su portaobjetos… … y una estrella metálica salió disparada hacia arriba, trazando un enorme arco por encima del chorro de llamas y bajando para impactar contra la arena, varios metros a la espalda de Hanabi. ¿Había fallado? O... —¡¡¡AAAAAAAALLLTOOOOO!!! Y el chorro de llamas paró, a un palmo de él, como si el mismísimo Kagutsuchi se lo hubiese demandado. Chasqueó los dedos, hizo un ademán con la mano para que la Llama Majestuosa desapareciese inmediatamente de su vista, como un Señor Feudal hastiado haría con un súbdito, y la llama obedeció. No solo obediente, sino avergonzada, humillada, tanto que quiso desquitarse con su creador por haber osado mandarla en contra de su Padre. Oh, sí. La técnica creada por Hanabi se revelaba contra él por segunda vez. Pero, ¿qué había pasado realmente? Pues que el Sharingan de Datsue era capaz de ver el chakra en las técnicas, como un manto de luz lo suficientemente claro como para hacerse una idea de cuán poderoso era. Que Datsue había colocado un sello con forma de kanji de fuego en el shuriken lanzado hacia el Uzukage. Y que, justo después, había realizado dos sellos, los dos sellos que activaban dicho kanji. Y así, por primera vez en un combate real, Datsue hizo uso de la que consideraba su técnica estrella: el Jishaku Gogyō Fūin. 2 AOs mantenidas –RE: Torbellino - Sarutobi Hanabi - 15/10/2019 Sí, Hanabi había visto algo por el rabillo del ojo. ¿Un Kage Bunshin, quizás, hundiéndose en la arena con una técnica de Doton? ¿O sería el propio Datsue quien se hundía, y él estaba luchando contra un señuelo? No importaba, en realidad. Porque el ímpetu le hacía moverse hacia adelante, sólo hacia adelante. Apostar. Apostarlo todo a un movimiento, a dos, a tres. A cuantos fueran. En su estado, no tenía nada que perder. Pero con un poco de suerte, tenía todo por ganar. Y además, habían problemas más acuciantes que atender. Como... —¡MIRA, ME CAGO EN TU RAZA! —bramó, sincero y contundente. Primero había visto por el rabillo del ojo un shuriken pasando por encima de su cabeza. Ya entonces sabía que algo tramaba Datsue, pero no esperaba que no una, sino dos veces tuviera que enfrentarse a su propia técnica. Cómo lo hizo, Hanabi no lo supo entonces. Pero el chorro de fuego había comenzado a acumular llamas hacia el final de su trayectoria y ahora era a él a quien le venía una gran masa de fuego. Apostar. Puede que fuera su última apuesta. Pero debía apostar. Y las llamas engulleron a Hanabi. El torrente de fuego pasó. Fue entonces cuando Datsue supo que Hanabi no estaba allí. Y entonces la justicia poética cayó sobre él. Un chorro de fuego directamente encima. Otro por un flanco. Y otro por el otro. Estallaron en el centro y le engulleron para vengar a su hermano humillado. «Si es un clon, el combate ha terminado. Si es el real, el combate... ha terminado.» Hanabi, desde allá arriba, se mantenía en el aire por la misma fuerza de sus llamas. RE: Torbellino - Uchiha Datsue - 16/10/2019 Hanabi había tenido razón. Como siempre. Desde el mismo momento en que le había apostado una cita a Yui para animarle a darlo todo. Todo… Todo. Qué iluso había sido. Por un momento, creyó que con sus mejores trucos le bastaría. Creyó que a base de ingenio, de prepararse como nunca y usar todos los ases que tenía bajo la manga podría alcanzar. Lo pensó en el momento en que el torbellino de agua impactó en Hanabi, y no antes. Lo pensó cuando vio que devolvía el fuego de Hanabi como si de una maldita pelota de tenis se tratase. Y por eso, se había confiado, y ahora lo iba a pagar. No lo vio venir directamente, pero lo sintió. ¿Cómo no hacerlo? Cuando las temperaturas aumentan drásticamente por encima de tu cabeza, cuando la propia sombra que proyecta tu cuerpo desaparece por un nuevo sol… ¿cómo no hacerlo? Cuando se dio cuenta tenía fuego por todas partes. A su izquierda. A su derecha. Por arriba. Era el fin, y por eso, se rindió. Se rindió en su empeño de no pedir su ayuda. Se rindió en su intento de no sentir su dolor. Se rindió en su deseo de no pagar más sacrificios. Se rindió… Se rindió… Se rindió. —¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGGGGGGHHHHHH!!! Las llamaradas impactaron en él con la furia de tres dragones hambrientos. Calcinando huesos, derritiendo costillas. Costillas, sí… …porque Uchiha Datsue le había cumplido el gusto a Hanabi. Había invocado al puto Susano’o. —¡Esto es lo que querías, ¿no?! ¡Está bien! ¡¡¡AQUÍ LO TIENES!!! A Susano’o no le había dado tiempo a proteger del todo a su invocador. Era muy rápido acudiendo a la llamada de sus adoradores, más incluso que las propias llamaradas de Hanabi, pero tardaba en materializarse por completo. Por eso, las llamas habían reventado sus costillas desnudas, que finalmente habían impactado en Datsue. Y por eso, dolorido y colérico a partes iguales, y todavía tirado en la arena, el Uchiha había tenido que pedir prestado su poder por segunda vez. A Susano’o no le importaba, claro, siempre y cuando pagasen el correspondiente sacrificio. Siempre y cuando le remunerasen con luz. ¡¡¡BAAAAMMMM!!!
Un brazo demoníaco salió de las nuevas costillas de Susano’o, pegando semejante golpetazo en el suelo que dejó la marca de su puño en la arena. —¡Ahora sí! ¡Acabemos con esto! 2 AOs reveladas: Efectivamente, Datsue creó un Kage Bunshin que hizo sumergir bajo tierra con la técnica de Doton. Como recibí un daño superior a 50PV, el clon desaparece RE: Torbellino - Sarutobi Hanabi - 16/10/2019 Los chorros de llamas chocaron contra Datsue y estallaron. Hanabi escuchó su grito gutural. Vio ascender un brazo esquelético turquesa, que golpeó la arena e hizo temblar las rocas... y sus entrañas. Sin duda el Sharingan de Datsue lo había visto ya. A Hanabi no le quedaba prácticamente nada de aquella monstruosa cantidad de chakra habitual. Pero de la nada, brillaba todavía con más fuerza. Con la fuerza de un huracán de llamas que alimentaba la emoción en su corazón. Porque había al fin logrado exprimir a su alumno al máximo. «Eso es, ¡eso es!» —¡¡ESO ES, DATSUE, ESO ES JODER, ESO EEEEES!! —Y así, en plena caída, allá arriba pareció haber una explosión de llamas. No. No eran llamas. ¡Era el chakra de Hanabi, que había alzado una mano al cielo! Como corrientes de viento, el chakra naranja del líder de Uzushiogakure se reunía encima de su palma y comenzaba a girar en todas las direcciones como miles de hilos del color del fuego. Tal vez había oído hablar de ella, o leído en algún libro de historia. Pero seguro que Datsue nunca la había visto. La técnica legendaria de Senju Kyosuke, el fundador del clan Senju. Cedida por un ninja de la extinta Konohagakure a Uzumaki Shiomaru en agradecimiento por acogerles en Uzushiogakure. Pasada de generación en generación de Uzukages, pasando por Daigo, Shiona, y ahora, él. Aquél bijuu sin cola que era Hanabi. El chakra del hombre prácticamente salía a chorros, exprimido de todos los rincones de su cuerpo. Hanabi extendió el brazo hacia él, hacia las costillas de Susano'o, hacia su técnica más poderosa, hacia la barrera impenetrable. Porque Sarutobi Hanabi no le tenía miedo a nada, porque con la Voluntad de Fuego que le fue transmitida se enfrentaba a su pupilo con todo lo que tenía, en respuesta a lo que él mismo le había dado. —¡¡AAAAAAAAHHHH!! ¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH!! Los ojos de Datsue se cruzaron un momento con los de Hanabi. Y entonces lo vio. Hanabi había dado todo en aquél último ataque, y sus ojos, en blanco, delataban que había perdido el conocimiento. RE: Torbellino - Uchiha Datsue - 17/10/2019 Oh, sí. Lo sabía. Lo veía. El chakra de Hanabi ya no se desbordaba como un incendio en un río de aceite. Había perdido su inmensidad, bajado en tamaño, pero no por ello había palidecido. Al contrario, cuando le miró, allá arriba, brillaba con más fuerza que nunca. De pura energía, de pura emoción, y de pura Voluntad de Fuego. No necesitó sus ojos para saberlo: la batalla se decidía ahí y ahora. Sin trucos. Sin Kawarimis ni Sunshins por parte de ninguno. Iban a enfrentarse con lo mejor que tenían cada uno. Lo mejor que el clan Senju había concebido por un lado; lo mejor que el clan Uchiha había hecho por el otro. ¡En toda la maldita historia! Dos técnicas tan legendarias que algunos lo consideraban meras habladurías. Mitos. Leyendas de otros tiempos para contar a los niños. Y ahí estaban ahora: ¡cara a cara! —Susano’o… es… ¡¡¡IIIINNEEEEEEXPUUUUGNAAAABLEEEEEEE!!! Y Susano’o respondió a su llamada. Sus costillas se endurecieron, su brazo contó con un nuevo hermano, y sus huesos terminaron de crecer hasta formar la figura de un esqueleto viviente. Abrió los brazos, y recibió a Hanabi y su esfera de puro chakra con hambre. Como si llevase días sin comer y aquel colosal Rasengan fuese su cena. Y es que, Susano’o era el Dios del Mar y las Tormentas. Y un dios no teme a nada… … ni a nadie. «Solo un poco más, solo un poco más, ¡solo un poco más…!» Pero no, no daba tiempo. ¡No daba tiempo! ¡Tendría que bastar con el esqueleto! ¡Bastaría! ¡Por Susano'o que bastaría! —[b]¡¡AAAAAAAAHHHH!! ¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH!![/b] Era inexpugnable. ¡Era inexpugnable! ¡Era inexpugna…! «¿Q-queeeé…?» Las costillas de Susano’o soportaron el primer impacto, pero sus huesos empezaron a ceder, a retorcerse como el alambre de un resorte hasta formar una espiral. Tanto que Datsue pudo oírlos resquebrajándose, partiéndose como un leño en el fuego. Poco a poco, centímetro a centímetro. ¡¡¡CrrrrsshhhhhhhHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!
Y, sin haber concebido posible algo semejante, el Rasengan atravesó el corazón de Susano’o. Luego fue el propio brazo de Hanabi. Finalmente todo su cuerpo, mientras el enorme esqueleto del Dios caía en pedazos como cristales rotos. ¡¡CrssssssBUUUUUUMMMMMM!!
Su cuerpo salió despedido hacia atrás, dando vueltas como una hélice a una velocidad terrible. Cayó con fuerza contra la playa y rodó descontrolado varios metros más, tragando arena y llevándose hostias por todos lados. Por unos interminables segundos, fue una maraña de brazos y piernas hasta que la fricción hizo su trabajo y su cuerpo frenó, allá a lo lejos. —Im… Imposible —farfulló, cuando consiguió que el aire volviese a llenar sus pulmones. Unas manos apoyadas en la arena. Un pie. Ahora una rodilla. Ahora alzándose. Muy poco a poco, tambaleándose. Un dolor repentino en los ojos le hizo cerrarlos y llevarse la mano al rostro—. Imposible… —volvió a decir, incrédulo. Hanabi acababa de destrozar su Susano’o… … por segunda vez. Y, con aquello, el maestro le había dado al pupilo una última lección. No solo le había exprimido al máximo, le había enseñado que nunca era suficiente. Que debía seguir buscando superarse. Que por mucho camino que hubiese recorrido, todavía le quedaban muchos kilómetros por delante. Mucho sudor. Muchos castañazos. —Hanabi-sama… —balbuceó al llegar a su lado. No por el cansancio, no por el dolor, sino porque la emoción le había formado un nudo en la garganta. El Uzukage estaba inconsciente, drenado al completo de su majestuoso chakra. Pero estaba bien. Se recuperaría en nada—. En verdad eres el ninja más impresionante que he conocido en mi puta vida. Y entonces, no supo ni sabría explicar muy bien porqué, cayó de rodillas y lloró desconsoladamente. Quizá porque se acababa de dar cuenta que había vencido. Quizá porque había cumplido un sueño, uno para el que se había estado preparando un año… o toda la vida. Quizá porque el niño de la Ribera del Norte que llevaba en él, aquel que se había imaginado luchando junto a leyendas y salvando el mundo, y que él mismo había aplastado a golpes bajo una alfombra para ocultarlo por mucho tiempo, al fin salía a la luz. Al fin sonreía. O quizá, simplemente quizá, porque había soñado con aquel momento mucho tiempo atrás. Y, en ese sueño… … en ese sueño tenía a un Hermano a su lado. RE: Torbellino - Bakudan - 17/10/2019 «¡Datsue! ¡Datsue! ¡Despierta, coño! ¡Están aquí!»
Datsue sintió como si abrieran un grifo de golpe dentro de su cuerpo. El chakra recorría todo su sistema circulatorio como un torrente de energía revitalizadora. Shukaku le estaba dando todo. Y eso sólo podía significar qué... —¡¡UJA, UJAJA, UJAJAJA, UJAJAJAJA UJAJAJAJAJAJA, UJA, UJAJAJAJA, UJAAAAJA JAJA, UJAAAA!! ¡¡BAUUM!! Todo había sucedido en un instante. Con Hanabi derrotado a los pies de Uchiha Datsue, quien, arrodillado, rememoraba otros tiempos quizá mejores. Y como el mero hecho de pensar en su Hermano hubiera despertado fantasmas del pasado, una grotesca risa, una tan terrible que dejaba a la de Shukaku en el suelo, moribunda e indefensa, se había precipitado sobre el dúo de Uzushiogakure, armado con un hacha gigantesca envuelta en un extraño chakra rojo anaranjado. Y es que las peores sorpresas siempre vienen en el peor de los momentos. El extraño había enarbolado el hacha, pero no había hecho falta que el filo llegase a tocarles. De hecho, aquél chakra estalló súbitamente a más de cinco metros de donde ellos estaban, envolviéndoles, e impulsando a aquella sombra vestida con una túnica blanca hacia atrás. Aterrizó arrastrando los pies por la arena. Llevaba una máscara blanca con una equis gruesa y negra dibujada, pero aún así, su asquerosa, grande y sádica sonrisa se adivinaba por las arrugas de su rostro. Sus ojos negros, rabiosos, parecían estar abiertos constantemente. Y como tal, la esclerótica del tipo tenía un tono rosáceo enfermizo. —¡UJAJAJAJA, UJAJAJAJAJA! ¡AL FIN! ¡AL FIN TE ENCONTRÉ, Y ME LLEVO UN UZUKAGE DE REGALO, UJAJAJA, UJA, UJAJAJA, UJAAAAAA! «¡Me cago en la puta! ¡JIAJIAJIA, ES EL CABRÓN QUE MATÓ A AKAME!»
RE: Torbellino - Uchiha Datsue - 17/10/2019 La voz del Gran Shukaku le despertó de su trance no con la delicadeza de un amante, sino con la celeridad e impaciencia de un padre severo. Y su chakra, oh, su chakra. ¿Alguna vez han tomado un chupito bien cargado de un solo trago? El fuego bajando por la garganta, el ardor… Bien, pues aquello no era nada en comparación a lo que sintió Datsue, y no por la garganta y el estómago, sino por todo el cuerpo. Por todas las malditas venas. Un chakra tan vivo y tan bullicioso como lava hirviendo. Si había algo que se aproximaba verdaderamente al poder de un dios, era aquello. Eso, sumado a sus palabras, solo podía significar una cosa. Una maldita cosa. Y entonces, le escuchó. Aquella risa. Aquella puta risa. Capaz de dejar a la de Shukaku en la categoría de inocente si se les comparaba. ¡Y luego decía que Shukaku daba miedo cuando se reía! Que daba miedo cuando se reía… Que daba miedo cuando… Cuando… Su alma, triste y oscura, recordó. Y Datsue solo tenía una cosa que decir al imbécil con máscara de payaso que se le había puesto delante. Con voz muy tranquila y sosegada, dijo: —Muere. Y le devolvió todo el amor y todo el cariño que ese hijo de puta quería darle. Con una bijuudama tan enorme y tan colosal que se tragó la mierda de explosión de aquella escoria y amenazó con tragarle a él también. Sin contemplaciones. Sin medias tintas. Sin tantear al rival ni hostias. Una bijuudama en la cara y a otra cosa. Quizá alguno se esté preguntando cómo a Uchiha Datsue le dio tiempo a hacer tal cosa. Una bijuudama no se hacía tan rápido. Había que encontrar un equilibrio perfecto entre chakra positivo y negativo. Amoldarla, comprimirla. Luego todavía dispararla. Bien, lo cierto es que no hizo nada de eso. No acudió al Gran Shukaku, sino a una amiga. ¿O debía decir a dos? Así era: Datsue había liberado la bijuudama que Ayame —o Kokuo— le habían lanzado en el Examen Chūnin. «¡Me cago en la puta! ¡JIAJIAJIA, ES EL CABRÓN QUE MATÓ A AKAME!»
«Lo sé… Y hoy cenará en el Yomi.» RE: Torbellino - Bakudan - 18/10/2019 Datsue, como un demiurgo, doblegó la naturaleza misma de una de las técnicas de los bijuu para generarla de la nada y por sorpresa, engullendo la gran explosión del hacha de Bakudan. Sin perder ni un instante aquella sonrisa sádica y demente, el General recibió el golpe. El pequeño láser, aunque menguado por culpa del choque, consiguió causarle algo de daño y lo empujó algo más allá. No obstante, a juzgar por la gracilidad del aterrizaje, con ambos pies en la arena, había estado lejos de mandarle a cenar al Yomi. Como mucho, había sido un desayuno ligerito en la Tierra. «No te confíes.»
—¡Shukaku, mi querido hermano menor...! «Sucio zorro arrogante... ¡Mátalo!»
Porque la voz que había hablado no era la de Bakudan, no se correspondía con aquella risa demente de antes. Sonaba igual de cruel, pero de una manera totalmente distinta. Era fría. Era distante. Era autoritaria. —¿Qué pasa, te ha comido la lengua el humano? —El General ahora había abandonado sus ojos negros inyectados en sangre y los había cambiado por unos rojos, brillantes. El Sharingan de Datsue distinguió claramente un aura de chakra más fuerte, intimidatoria—. Ya sabes para lo que estoy aquí. —Bakugan-Kurama guardó el hacha detrás de la espalda, en el cinto, y abrió las manos, como dándole la bienvenida. —Para seguir creyéndote el más fuerte, el mejor, el primogénito. —Aunque el sello había mantenido a raya a Shukaku todo este tiempo, el tanuki había conseguido abrirse paso con toda su fuerza de voluntad, y la voz había venido desde las entrañas de Datsue, incontrolablemente. «Espera un momento, Hijo.» —¡Oh! Sí, sí, todo eso que has dicho es verdad —asintió el otro—. Pero vengo a liberarte. A hacerte libre, Shukaku. Vengo a invitarte a mi proyecto. Gobernemos a los humanos, Shukaku. Tú y yo. Y el resto de tus herm... —¡JIAJIAJIAJIA! ¡Sí, ya! Bajo tu mando, ¿verdad, puto zorro? ¿¡Bajo tu puto mando, eh!? —Bueno, claro, por derecho, pero... —¿¡POR DERECHO!? —Esta vez, Shukaku fue un paso más allá. Y dio un paso adelante—. ¿¡Por derecho, hijo de la gran puta!? ¡¡Padre nos crió a todos como iguales!! Eres un puto ególatra. Kurama rio. —¡¡Estoy hasta los putos cojones de que todos vosotros os rebeléis contra mi!! ¡CONTRA VUESTRO HERMANO! —bramó Kurama, ido de sí—. ¡Primero Kokuō, la puta pacifista de mierda, luego Chōmei, quien al parecer ahora es amiguito de su humano! ¡Os creéis muy listos, todos! ¡Y ahora, ahora tú! ¡Pero claro, qué se iba a esperar del puto mapachito de una colita de mierda! Shukaku-Datsue cerró los puños. Datsue sintió un enorme poder corriendo por sus venas... »¡Mírate, qué penita que das! ¡Ahí, encerrado en un ser inferior! ¡Estamos destinados a ser REYES, Shukaku! ¡REYES! ¡Yo tengo a mis Generales! ¡Yo tengo a un Ejército! ¡Y tú, ahí, prisionero! ¿¡Ves porque soy mejor que tú, hijo de puta!? ¡Tengo ambición! ¡Y tengo el poder para hacerla prosperar! Shukaku-Datsue dio un paso adelante. —¿Esclavo, dices? ¿Que no tengo nada? Te equivocas. Este de aquí. Este. —Shukaku-Datsue se señaló el pecho con el pulgar—. Este es Datsue el Intrépido, quien acaba de ventilarse AL PUTO UZUKAGE sin mi ayuda. Este es mi General. No, no mi General. Este es mi General, y mi PUTO EJÉRCITO. ESTE ES MI HIJO DEL DESIERTO. »¡Escúchame bien, Kurama! ¡Mi Hijo del Desierto se folla a todos tus putos Generales y luego los cuelga de un puto árbol! ¡El más alto de los árboles! ¡Mi Hijo del Desierto, CONTRA TODOS TUS PUTOS GENERALES, HIJO DE LA GRAN ZORRA SIFILÍTICA, CABRÓN! ¡JIAJIAJIAJIAJIAJIAJIAJIAJIAJIAJIA! —Estoy harto... ¡Harto de todos vosotros! ¡Muy bien, pues si no estás conmigo, estás contra mí! —Y a mucha honra, chúpame la colita, payaso. —¡AAAGH! ¡Está bien, pues te mataré, y cuando renazcas volveré a matarte, y cuando renazcas te sellaré en una puta vasija y te meteré en el cuarto de baño para que me veas cagar, hijo de puta! ¡Bakudan, mátalo, mátalo! ¡Mátalos a los dos! —Kurama-Bakudan se retorció, y de pronto sus ojos volvieron a tornarse de un color negro profundo. El hombre respiraba agitadamente—. Será un placer, ¡UJA, UJAJAJA, UJAJAJAJA! —Con la mirada perdida en algún punto de la arena detrás de la cintura de Datsue, Bakudan comenzó a rodearse de un manto de chakra anaranjado y burbujeante. Nueve colas comenzaron a crecer de ese mismo chakra, lentamente. Peligroso. Como si acabase de salir a superficie después de bucear, Datsue sintió que le venía una bocanada de aire. Acababa de recuperar el control. «Destrúyelo, Hijo del Desierto. Y cuando todo esto termine, tú y yo tendremos una pequeña charla.»
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