13/05/2016, 16:47
El calvo pensaba de manera distinta a la peliblanco, y así se hizo mostrar dando a conocer su opinión. Para él, la opinión de los compradores no valía demasiado, menos aún si eran meros compradores casuales, no perdían nada. Se equivocaba, y demasiado. Quizás la chica se dio cuenta de ese error por haber estado investigando mucho el ámbito financiero y estar dándole vueltas constantemente en cómo poder llevar un negocio hacia lo mas alto. Incluso sabiendo que podía corregirlo, decidió esperar a que éste terminase de decir todo lo que tenía en mente.
No, al menos sobre eso no había mas en su cabeza, o al menos no quiso hacerlo público. Contestó a la chica sobre sus otras palabras, esas que hacían referencia al nombre del local. Karamaru en ésta ocasión parecía bastante en lo cierto, buscar un nombre que atraiga a la clientela es uno de los principios básicos del buen encargado de negocios. No estaba mal, para nada, era uno de los sistemas con los que mas porcentaje de éxito se llegaba a sacar. ¿Quién lo iba a decir? Un mero nombre sacaba un margen de beneficio mensual de casi el 15%.
Asintió la chica, bastante de acuerdo con Karamaru. —Si, la verdad es que en eso te doy la razón, Karamaru.— Pero no pudo callarse. —Peeeeero sobre lo de pasar de la opinión de la clientela, tengo que decirte que no es así. ¿Qué es lo que hace que un cliente casual se convierta en cliente constante? El buen trato, el buen servicio, y un buen producto. Tratando así a los cliente, lo único que hacen es reducir sus probabilidades de éxito en el mundo de los negocios, y le ceden ese beneficio a sitios como el que antes hemos visto...
Justo en ese instante llegaba la chica del local, con dos palos que portaban hincadas tres bolas de color caramelo. Ésto sin embargo no produjo que la peliblanco se contuviese tan siquiera un poquito en su argumento con Karamaru, para nada, ante todo sinceridad.
Cuando Katomi volvió la mirada a Karamaru, éste estaba con la cartera en la mano, dispuesto a pagar lo que había pedido. La chica miró al joven con un ganas de retorcerle la cabeza y hacérsela girar varias veces, para luego sacársela hacia arriba arrastrando con ella las tripas y todo lo que viniese...
—Karamaru...
Realmente no hacían falta mas palabras, todo estaba mas que dicho, y su mirada terminaba de aclarar el resto. Sacó su cartera color caoba, con numerosos gatos chibi adornándola por toda su cubierta, y de ésta tomó una moneda de 500 ryos. Sin mediar palabra la puso sobre el mostrador, y la arrastró hasta lo mas cerca que podía de la chica que había tras de éste.
—Aquí tiene, señora.— Escupió con la misma seriedad, o quizás algo mas.
Se cruzó de brazos, y esperó a que Karamaru tomase la comida y así pues la chica pudiese coger el dinero y tomarse lo debido.
—Karamaru, al final saldrás ganando y todo... pues te vas a tomar dos pinchitos en vez de uno... jajaja.
Tan solo le faltó a la paliblanco taparse la boca levemente y darle un tono mas siniestro a su risa para parecer una auténtica malvada. Aunque si lo pensaba bien, había salido perdiendo ella, eso no era bueno... Karamaru solo le traía problemas... vaya chico...
No, al menos sobre eso no había mas en su cabeza, o al menos no quiso hacerlo público. Contestó a la chica sobre sus otras palabras, esas que hacían referencia al nombre del local. Karamaru en ésta ocasión parecía bastante en lo cierto, buscar un nombre que atraiga a la clientela es uno de los principios básicos del buen encargado de negocios. No estaba mal, para nada, era uno de los sistemas con los que mas porcentaje de éxito se llegaba a sacar. ¿Quién lo iba a decir? Un mero nombre sacaba un margen de beneficio mensual de casi el 15%.
Asintió la chica, bastante de acuerdo con Karamaru. —Si, la verdad es que en eso te doy la razón, Karamaru.— Pero no pudo callarse. —Peeeeero sobre lo de pasar de la opinión de la clientela, tengo que decirte que no es así. ¿Qué es lo que hace que un cliente casual se convierta en cliente constante? El buen trato, el buen servicio, y un buen producto. Tratando así a los cliente, lo único que hacen es reducir sus probabilidades de éxito en el mundo de los negocios, y le ceden ese beneficio a sitios como el que antes hemos visto...
Justo en ese instante llegaba la chica del local, con dos palos que portaban hincadas tres bolas de color caramelo. Ésto sin embargo no produjo que la peliblanco se contuviese tan siquiera un poquito en su argumento con Karamaru, para nada, ante todo sinceridad.
Cuando Katomi volvió la mirada a Karamaru, éste estaba con la cartera en la mano, dispuesto a pagar lo que había pedido. La chica miró al joven con un ganas de retorcerle la cabeza y hacérsela girar varias veces, para luego sacársela hacia arriba arrastrando con ella las tripas y todo lo que viniese...
—Karamaru...
Realmente no hacían falta mas palabras, todo estaba mas que dicho, y su mirada terminaba de aclarar el resto. Sacó su cartera color caoba, con numerosos gatos chibi adornándola por toda su cubierta, y de ésta tomó una moneda de 500 ryos. Sin mediar palabra la puso sobre el mostrador, y la arrastró hasta lo mas cerca que podía de la chica que había tras de éste.
—Aquí tiene, señora.— Escupió con la misma seriedad, o quizás algo mas.
Se cruzó de brazos, y esperó a que Karamaru tomase la comida y así pues la chica pudiese coger el dinero y tomarse lo debido.
—Karamaru, al final saldrás ganando y todo... pues te vas a tomar dos pinchitos en vez de uno... jajaja.
Tan solo le faltó a la paliblanco taparse la boca levemente y darle un tono mas siniestro a su risa para parecer una auténtica malvada. Aunque si lo pensaba bien, había salido perdiendo ella, eso no era bueno... Karamaru solo le traía problemas... vaya chico...