¡HA!
El puño derecho quebraba el aire en su golpe al vacío.
¡HA!
El izquierdo lo seguía y la combinación de golpes se convertían en un no parar. Ya habían pasado varias horas desde que esos movimientos comenzaron y el cansancio comenzaba a notarse en el cuerpo de Karamaru. Las gotas de sudor se hacían gruesas y cada vez costaba más levantar los brazos.
¡HA!
Otro puño cortaba el viento y volvía a la cintura para repetir el movimiento. Pero no duraría mucho más, el calvo no podía aguantar más de unas cuantas horas gastando tanta energía. Sumado a la humedad de la niebla se hacía un entrenamiento bastante riguroso, uno de esos que tanto le gustaban.
«Supongo que hasta llegue...»
Largó un extendido suspiro y se dejó caer sobre la fina y empapada arena. Apoyo sus brazos sobre sus rodillas y miraba lo que podía del mar, todo lo que la niebla no le impedía ver. Sentía el cuerpo mojado, la presión del agua volando a su alrededor, y sin lugar a duda no podía respirar sin pensar que ese era uno de sus lugares favoritos. Era una ubicación donde se entrenaba regularmente y que extrañaba cuando tomaba sus viajes que llegaban a durar semanas.
Lo mejor era la paz, el silencio y la calma. De vez en cuando unas gaviotas se escuchaban pero después ni un alma se acercaba a su posición. Lo que desconocía Karamaru es que ese día de Otoño había muchos ojos con la mirada fija en su calva, miradas que tal vez en algún momento se le acercasen sin que él se diese cuenta. Aunque definir si eran benevolentes o crueles solo el futuro podría.
El puño derecho quebraba el aire en su golpe al vacío.
¡HA!
El izquierdo lo seguía y la combinación de golpes se convertían en un no parar. Ya habían pasado varias horas desde que esos movimientos comenzaron y el cansancio comenzaba a notarse en el cuerpo de Karamaru. Las gotas de sudor se hacían gruesas y cada vez costaba más levantar los brazos.
¡HA!
Otro puño cortaba el viento y volvía a la cintura para repetir el movimiento. Pero no duraría mucho más, el calvo no podía aguantar más de unas cuantas horas gastando tanta energía. Sumado a la humedad de la niebla se hacía un entrenamiento bastante riguroso, uno de esos que tanto le gustaban.
«Supongo que hasta llegue...»
Largó un extendido suspiro y se dejó caer sobre la fina y empapada arena. Apoyo sus brazos sobre sus rodillas y miraba lo que podía del mar, todo lo que la niebla no le impedía ver. Sentía el cuerpo mojado, la presión del agua volando a su alrededor, y sin lugar a duda no podía respirar sin pensar que ese era uno de sus lugares favoritos. Era una ubicación donde se entrenaba regularmente y que extrañaba cuando tomaba sus viajes que llegaban a durar semanas.
Lo mejor era la paz, el silencio y la calma. De vez en cuando unas gaviotas se escuchaban pero después ni un alma se acercaba a su posición. Lo que desconocía Karamaru es que ese día de Otoño había muchos ojos con la mirada fija en su calva, miradas que tal vez en algún momento se le acercasen sin que él se diese cuenta. Aunque definir si eran benevolentes o crueles solo el futuro podría.
"El miedo es el camino al lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira al odio, el odio al sufrimiento, y el sufrimiento al lado oscuro"
-Maestro Yoda.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘
-Maestro Yoda.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘