7/11/2016, 18:21
Mogura afirmó que les había tomado un buen tiempo, pero que al fin iban a poder ser compañeros de equipo. Razón no le faltaba, todo un año. Por suerte o desgracia, el destino los había vuelto a unir. Ya se sabe lo que se dice; el mundo es muy pequeño, y con el mínimo movimiento te golpeas 3 veces con la misma maldita piedra. karma, o a saber.
Lo que realmente fue digno de mención es la reacción del chico ante el comentario de la peliblanca. Ésta lo había apelado princeso, y en respuesta éste le devolvió una mirada desconcertada. Poco tardó en ruborizarse, tal y como la chica recordaba no era difícil sacarle los colores. Sin demasiada demora, el chico se encaminó hacia el interior de la tienda, plegando justo antes de hacerlo el paraguas. Con decisión, atravesó el umbral de la puerta, puntualizando que la caballerosidad no parecía haber desaparecido.
—Jajajaja... para nada. —Bromeó la chica entre risas.
Katomi no tardó en absoluto en adentrarse en la tienda, tal y como había hecho Mogura. Frente a ellos, una chica ataviada con colores mayoritariamente verdes les atendió con una agradable y calurosa sonrisa. Preguntó si podía ayudarlos en algo, e inmediatamente el matasanos dio respuesta afirmativa a la pregunta. Se presentó con un cordial saludo, y aclaró que ambos venían en pos de completar el encargo que habían hecho a la Arashikage.
La Sarutobi por su parte realizó una pequeña reverencia también. —Así es, muy buenos días por cierto.
Para ese entonces, la encargada de la floristería confirmó la necesidad. Al parecer tenían que suplir al repartidor hasta su regreso, y obviamente no tardó en dejar sobre la mesa un hoja repleta de números y nombres. Una buena cantidad de gente, encargos, o lo que fueran... «¿De verdad hay tanta gente en Amegakure que compre flores?» Pensó la chica, sin poder eludir esa idea tan absurda de la gente con plantas hiper hidratadas en casa.
La florista no había terminado sin embargo de hablar. Tras avisar de la lista de cargos, aconsejó a los chicos tomar un carro de la parte trasera de la tienda; mientras tanto, ella iría preparando los encargos. La Sarutobi afirmó con la cabeza, y se apresuró en tomar la lista. Ipso facto, comenzó a andar dirección hacia la parte trasera de la susodicha tienda.
—Vamos Mogura. —Inquirió la chica mientras no cesaba de caminar. —Deberíamos organizar la ruta por cercanía entre las direcciones, ¿no crees? Por ejemplo, ésta dirección está relativamente cerca... —Advirtió señalando la segunda. —Y ésta otra está en la dirección opuesta... y ésta pilla cerca de la anterior... —La chica ya estaba haciéndose un mapa mental de la urbe, localizando aproximadamente las direcciones.
Lo que realmente fue digno de mención es la reacción del chico ante el comentario de la peliblanca. Ésta lo había apelado princeso, y en respuesta éste le devolvió una mirada desconcertada. Poco tardó en ruborizarse, tal y como la chica recordaba no era difícil sacarle los colores. Sin demasiada demora, el chico se encaminó hacia el interior de la tienda, plegando justo antes de hacerlo el paraguas. Con decisión, atravesó el umbral de la puerta, puntualizando que la caballerosidad no parecía haber desaparecido.
—Jajajaja... para nada. —Bromeó la chica entre risas.
Katomi no tardó en absoluto en adentrarse en la tienda, tal y como había hecho Mogura. Frente a ellos, una chica ataviada con colores mayoritariamente verdes les atendió con una agradable y calurosa sonrisa. Preguntó si podía ayudarlos en algo, e inmediatamente el matasanos dio respuesta afirmativa a la pregunta. Se presentó con un cordial saludo, y aclaró que ambos venían en pos de completar el encargo que habían hecho a la Arashikage.
La Sarutobi por su parte realizó una pequeña reverencia también. —Así es, muy buenos días por cierto.
Para ese entonces, la encargada de la floristería confirmó la necesidad. Al parecer tenían que suplir al repartidor hasta su regreso, y obviamente no tardó en dejar sobre la mesa un hoja repleta de números y nombres. Una buena cantidad de gente, encargos, o lo que fueran... «¿De verdad hay tanta gente en Amegakure que compre flores?» Pensó la chica, sin poder eludir esa idea tan absurda de la gente con plantas hiper hidratadas en casa.
La florista no había terminado sin embargo de hablar. Tras avisar de la lista de cargos, aconsejó a los chicos tomar un carro de la parte trasera de la tienda; mientras tanto, ella iría preparando los encargos. La Sarutobi afirmó con la cabeza, y se apresuró en tomar la lista. Ipso facto, comenzó a andar dirección hacia la parte trasera de la susodicha tienda.
—Vamos Mogura. —Inquirió la chica mientras no cesaba de caminar. —Deberíamos organizar la ruta por cercanía entre las direcciones, ¿no crees? Por ejemplo, ésta dirección está relativamente cerca... —Advirtió señalando la segunda. —Y ésta otra está en la dirección opuesta... y ésta pilla cerca de la anterior... —La chica ya estaba haciéndose un mapa mental de la urbe, localizando aproximadamente las direcciones.
