23/11/2016, 17:57
En el tiempo que la chica se había perdido para encontrar la cuerda, Mogura invirtió beneficiosamente el tiempo y terminó de colocar la mercancía en el carrito. Bueno, terminaba justo para cuando la peliblanca llegaba, lo cuál no le quita mérito. Lo había logrado relativamente rápido, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de macetas y flores encargadas. No eran pocas, y seguramente no eran demasiado livianas. Además, no había usado ningún tipo de técnica de viento para aligerar la carga, o al menos esa era la impresión que daba.
«¿Existirá una técnica de viento que le permita hacer esas cosas?» Pensó la chica en el momento que daba la cuerda a su compañero. Éste no tardó en darle uso, aunque si que es cierto que se tomó su tiempo en completar el trabajo de sujetar las urnas de cristal. No solo las bordeó todas, si no que unió la mayoría de forma individual al grupo, buscando que ninguna se pudiese desprender de forma accidental.
La Sarutobi comenzó a organizar el itinerario, y tras un breve lapso de tiempo ahí lo tenía, al menos mentalmente. Su compañero la interrumpió a últimas para avisarla de que todo estaba preparado para emprender el viaje; cuando ella diese la señal podían dar comienzo de verdad a la misión. La chica gesticuló de manera afirmativa con la cabeza, mientras que terminaba de labrarse el comienzo de la ruta.
—Ya lo tengo todo. —Anunció a Mogura. —Empezaremos por ésta casa, después la tercera, tras ello ésta otra, regresamos a ésta que está de camino hacia ésta otra, pasamos de camino por ésta, y ésta otra. Entregamos ésta, y vamos a la parte oeste... allí seguimos con ésta otra, ésta, ésta y por último ésta. Y así terminamos con la última, que nos pilla justo aquí al lado de regreso. ¿Te parece?
Su explicación e indicaciones no tenía mas que las direcciones, pero ciertamente era una ruta la mar de organizada. No se podía pedir mucho mas para el tiempo en el que habían tardado en poner todo el alboroto en marcha. En fin, si el médico tenía medio planteada la urbe, seguramente se daría cuenta de que lo había organizado de manera que iban barriendo los pedidos por distritos, de manera ergonómica y posiblemente veloz.
—Si lo ves bien así, podemos empezar con el reparto.
Obviamente, de ser afirmativa la respuesta de su compañero, guardaría la lista de encargos en el sostén y ayudaría al matasanos a empujar el carro. No todo iba a ser hablar y buscar cuerdas después de todo.
«¿Existirá una técnica de viento que le permita hacer esas cosas?» Pensó la chica en el momento que daba la cuerda a su compañero. Éste no tardó en darle uso, aunque si que es cierto que se tomó su tiempo en completar el trabajo de sujetar las urnas de cristal. No solo las bordeó todas, si no que unió la mayoría de forma individual al grupo, buscando que ninguna se pudiese desprender de forma accidental.
La Sarutobi comenzó a organizar el itinerario, y tras un breve lapso de tiempo ahí lo tenía, al menos mentalmente. Su compañero la interrumpió a últimas para avisarla de que todo estaba preparado para emprender el viaje; cuando ella diese la señal podían dar comienzo de verdad a la misión. La chica gesticuló de manera afirmativa con la cabeza, mientras que terminaba de labrarse el comienzo de la ruta.
—Ya lo tengo todo. —Anunció a Mogura. —Empezaremos por ésta casa, después la tercera, tras ello ésta otra, regresamos a ésta que está de camino hacia ésta otra, pasamos de camino por ésta, y ésta otra. Entregamos ésta, y vamos a la parte oeste... allí seguimos con ésta otra, ésta, ésta y por último ésta. Y así terminamos con la última, que nos pilla justo aquí al lado de regreso. ¿Te parece?
Su explicación e indicaciones no tenía mas que las direcciones, pero ciertamente era una ruta la mar de organizada. No se podía pedir mucho mas para el tiempo en el que habían tardado en poner todo el alboroto en marcha. En fin, si el médico tenía medio planteada la urbe, seguramente se daría cuenta de que lo había organizado de manera que iban barriendo los pedidos por distritos, de manera ergonómica y posiblemente veloz.
—Si lo ves bien así, podemos empezar con el reparto.
Obviamente, de ser afirmativa la respuesta de su compañero, guardaría la lista de encargos en el sostén y ayudaría al matasanos a empujar el carro. No todo iba a ser hablar y buscar cuerdas después de todo.
