Su compañero pareció dar el visto bueno a la ruta. Habían mil y una posibilidad, pero éste no quiso hacer inciso y dar a conocer otras de las muchas; se contentó con lo que había. Bueno, ciertamente la chica se había esforzado por un rato en hacer la ruta, quizás el chico tan solo quería que su trabajo no fuese en vano. Ambos terminaron haciendo un gesto afirmativo con la cabeza, concluyendo el acuerdo.
Mogura anunció que todo estaba en orden y listo para zarpar, así como que ya podían levar el ancla. No había ningún ancla que mantuviese allí el vehículo, pero se sobreentendía que era algo metafórico. Sin mas, se apartó lo suficiente para dejar espacio a la chica para empujar, y ambos comenzaron a mover el carro. En un principio la chica lo propulsó lento adrede, buscando ver si las urnas de cristal no se iban tambaleando demasiado; y así era, estaban férreamente atadas las unas a las otras.
Gesticuló de nuevo su afirmación con la cabeza, indicando que todo marchaba bien, y tiró del carro con la fuerza que se esperaba. —Las ataste muy bien, casi ni se mueven.
Tirando del carro avanzaron por la calle, con cuidado de no causar ningún accidente involuntario. La chica tenía la vista de un lado a otro, cual rapaz en busca de su presa. En éste caso, la chica solo buscaba libertad para los vidrios, no algo que cazar. Pero igual que en la comparación, no alejaba su atención por un solo segundo de su prioridad; mantener a salvo las carcasas de vidrio hasta que llegasen a su destino.
Arrastarían el carro por las calles hasta llegar a la primera de las direcciones, justo antes de llegar la peliblanca alzó el índice y señaló un portal. Su número era el 311-22, número del encargo que la chica había tomado para el primer puesto. —Aquí es donde va el primero. —Informó mientras que sacaba la lista y le echaba un ojo. —Lazo rojo dice en la indicación del pedido, y que es la casa número 30 izquierda.
La información quizás no era abundante, pero era lo que había. Tenían que tomar lo que había y cumplir, no había otra. Entre tanto, buscó hábilmente entre las urnas por si veía algo parecido a un lazo rojo. Podía ser un ramo, una maceta, o a saber... habían bastantes encargos, y no estaban del todo diferenciados.
Mogura anunció que todo estaba en orden y listo para zarpar, así como que ya podían levar el ancla. No había ningún ancla que mantuviese allí el vehículo, pero se sobreentendía que era algo metafórico. Sin mas, se apartó lo suficiente para dejar espacio a la chica para empujar, y ambos comenzaron a mover el carro. En un principio la chica lo propulsó lento adrede, buscando ver si las urnas de cristal no se iban tambaleando demasiado; y así era, estaban férreamente atadas las unas a las otras.
Gesticuló de nuevo su afirmación con la cabeza, indicando que todo marchaba bien, y tiró del carro con la fuerza que se esperaba. —Las ataste muy bien, casi ni se mueven.
Tirando del carro avanzaron por la calle, con cuidado de no causar ningún accidente involuntario. La chica tenía la vista de un lado a otro, cual rapaz en busca de su presa. En éste caso, la chica solo buscaba libertad para los vidrios, no algo que cazar. Pero igual que en la comparación, no alejaba su atención por un solo segundo de su prioridad; mantener a salvo las carcasas de vidrio hasta que llegasen a su destino.
Arrastarían el carro por las calles hasta llegar a la primera de las direcciones, justo antes de llegar la peliblanca alzó el índice y señaló un portal. Su número era el 311-22, número del encargo que la chica había tomado para el primer puesto. —Aquí es donde va el primero. —Informó mientras que sacaba la lista y le echaba un ojo. —Lazo rojo dice en la indicación del pedido, y que es la casa número 30 izquierda.
La información quizás no era abundante, pero era lo que había. Tenían que tomar lo que había y cumplir, no había otra. Entre tanto, buscó hábilmente entre las urnas por si veía algo parecido a un lazo rojo. Podía ser un ramo, una maceta, o a saber... habían bastantes encargos, y no estaban del todo diferenciados.
