6/12/2016, 19:20
Mogura permaneció impasible, incrédulo ante la posibilidad de que una malvada bruja viviese en un edificio tan convencional. Bueno, convencional mirado por ojos de una persona acostumbrada a la mas avanzada tecnológicamente de todas las urbes. Se mofó por un instante de las palabras, pero poco tardó en amedrentarse frente a los rimbombantes movimientos siniestros de la Sarutobi. Sin duda, sus movimientos lo hicieron estremecer, tanto que el chico casi suelta la urna de cristal. La chica se apresuró a cruzar los brazos un par de veces mientras hacía una mueca con la lengua fuera.
—Naaahhh! Estate tranquilo, seguro que es una anciana bondadosa. —Aseguró mientras daba media vuelta.
Para sorpresa suya, tras ella había una mujer. Se sobresaltó un poco, pues para nada esperaba eso. Pero mas o menos mantuvo la compostura, no como otro... La mujer saludó sin preámbulo, e incluso preguntó por su repartidor habitual. A ésto, el compañero de la genin contestó con deliberado miedo, y si cabe decir con bastante mala educación. Sin duda, se había salido de su papel.
La mujer lo miró algo indignada, a la par que enfadada. Mogura por su parte entregó la urna, y no se tomó un respiro para tomar a la peliblanca por la muñeca y salir corriendo hacia la salida. La joven no frenó estrepitosamente la carrera, pero sí que miró un tanto extrañado al mismo. A sus espaldas, la mujer vociferó algo que se perdió entre el eco del pasillo y su despropósito e indignación.
—Mogura... ¿Por qué has hecho eso? Era una mujer normal y corriente... solo te había gastado una broma... —Le soltó al fin, cuando pararon a la salida. —Esa mujer ahora pondrá una queja... o quizás deje de comprar en esa floristería... No debiste hacerlo.
Tras su regaño, dejó caer un suspiro lento y prolongado. No tardó en dar un par de giros a su rostro, y terminó por encogerse de hombros. —En fin... a lo hecho pecho... sigamos, que si no van a darnos las tantas. —Inquirió posicionándose de nuevo en su sitio tras la barra de empujo del carro.
—Naaahhh! Estate tranquilo, seguro que es una anciana bondadosa. —Aseguró mientras daba media vuelta.
Para sorpresa suya, tras ella había una mujer. Se sobresaltó un poco, pues para nada esperaba eso. Pero mas o menos mantuvo la compostura, no como otro... La mujer saludó sin preámbulo, e incluso preguntó por su repartidor habitual. A ésto, el compañero de la genin contestó con deliberado miedo, y si cabe decir con bastante mala educación. Sin duda, se había salido de su papel.
La mujer lo miró algo indignada, a la par que enfadada. Mogura por su parte entregó la urna, y no se tomó un respiro para tomar a la peliblanca por la muñeca y salir corriendo hacia la salida. La joven no frenó estrepitosamente la carrera, pero sí que miró un tanto extrañado al mismo. A sus espaldas, la mujer vociferó algo que se perdió entre el eco del pasillo y su despropósito e indignación.
—Mogura... ¿Por qué has hecho eso? Era una mujer normal y corriente... solo te había gastado una broma... —Le soltó al fin, cuando pararon a la salida. —Esa mujer ahora pondrá una queja... o quizás deje de comprar en esa floristería... No debiste hacerlo.
Tras su regaño, dejó caer un suspiro lento y prolongado. No tardó en dar un par de giros a su rostro, y terminó por encogerse de hombros. —En fin... a lo hecho pecho... sigamos, que si no van a darnos las tantas. —Inquirió posicionándose de nuevo en su sitio tras la barra de empujo del carro.
