11/12/2016, 20:53
En un principio el chico pareció sorprenderse del nuevo comentario soltado por la kunoichi, pero no era cosa de una mala sorpresa, si no mas bien lo contrario. En su rostro volvió a blandir una sincera sonrisa, aquella que tanto le caracterizaba. Le agradeció el comentario a su compañera, y aprovechó para confirmar que obviamente tras el trabajo encargado volvería sobre sus pasos hasta la casa de esa señora. Una disculpa sería mas que suficiente, además de lo mas educado. Todo el mundo tienen derecho a cometer errores, después de todo, somos humanos no computadoras.
La peliblanca asintió con la cabeza, y tras de ello señaló el lugar donde debían entregar el siguiente encargo. Mogura confirmó la dirección, y apresuró a tapar la constante lluvia que caía sobre sus ojos, además del resto de su cuerpo, para poder visualizar algo mejor el susodicho local. Sin mas, lanzó la pregunta de qué había pedido el cliente. La Sarutobi tomó de nuevo el papel, y buscó el encargo realizado por éste restaurante. En la descripción decía Gardenias Blancas, la verdad es que esas flores si que le sonaban.
Antes siquiera de que pudiese dar a conocer el encargo, el médico se apresuró en anunciar que en la entrada faltaba una de las plantas que asistían al recibidor con una hermosa vista. Eran unas flores blancas y grandes, que daban un toque elegante y distinguido al restaurante.
—Pues creo que si... falta una igual para acompañarla, al parecer son gardenias blancas. —Informó a su compañero mientras echaba un vistazo al contenido del carro. —Sin duda, son éstas.
Al cabo de unos escasos segundo buscando, la chica encontró las susodichas flores. Le eran familiares, al menos por su olor, unas flores preciosas de un olor muy dulce y discreto. Para nada hacía competencia a los jazmines o cualquier otra flor, pero sin duda eran únicas.
—¿Te importa ir quitandole los nudos? Yo iré en busca del dueño del local.
Sin demora, y quizás sin esperar respuesta de su compañero, tomó camino. Ante todo, decisión no le faltaba, eso seguro. Con paso raudo y firme, se encaminó hacia el interior del local.
La peliblanca asintió con la cabeza, y tras de ello señaló el lugar donde debían entregar el siguiente encargo. Mogura confirmó la dirección, y apresuró a tapar la constante lluvia que caía sobre sus ojos, además del resto de su cuerpo, para poder visualizar algo mejor el susodicho local. Sin mas, lanzó la pregunta de qué había pedido el cliente. La Sarutobi tomó de nuevo el papel, y buscó el encargo realizado por éste restaurante. En la descripción decía Gardenias Blancas, la verdad es que esas flores si que le sonaban.
Antes siquiera de que pudiese dar a conocer el encargo, el médico se apresuró en anunciar que en la entrada faltaba una de las plantas que asistían al recibidor con una hermosa vista. Eran unas flores blancas y grandes, que daban un toque elegante y distinguido al restaurante.
—Pues creo que si... falta una igual para acompañarla, al parecer son gardenias blancas. —Informó a su compañero mientras echaba un vistazo al contenido del carro. —Sin duda, son éstas.
Al cabo de unos escasos segundo buscando, la chica encontró las susodichas flores. Le eran familiares, al menos por su olor, unas flores preciosas de un olor muy dulce y discreto. Para nada hacía competencia a los jazmines o cualquier otra flor, pero sin duda eran únicas.
—¿Te importa ir quitandole los nudos? Yo iré en busca del dueño del local.
Sin demora, y quizás sin esperar respuesta de su compañero, tomó camino. Ante todo, decisión no le faltaba, eso seguro. Con paso raudo y firme, se encaminó hacia el interior del local.
