17/01/2017, 23:23
Querido diario de bitacora, hoy es, sin duda, uno de los dias más decepcionantes de mi aventura para conocer y localizar todas y cada una de las antiguas aldeas.
Llegué pronto a la ruinas de Konohagakure, muy pronto. Todo lo que habia a la vista era un boquete en el suelo del tamaño de una pelota de ninjabola, si el ninjabola lo jugaran los Dioses del Doton con sus fuertes y rocosos brazos. Echando cuentas, un Dios Dotonero tiene una fuerza como de dos cientas técnicas de Doton juntas, ¿con qué fuerza deberia tirar una pelota de ninjabol para formar un crater así?
Nah, esa teoria es muy absurda. Como si los Dioses del Doton tuvieran tiempo para jugar a juegos mortales y estupidos como el ninjabol. Pues tenían razón en eso de que habían sido esos bichos llamados bijuus, los bichuus. Juraria haber leído en algún lugar que en este lugar aún quedaba una montaña con cara de Konohakages, pero mirara donde mirara solo había agujero, seguido de arboles por todos los lados del boquete.
A excepción de un señor que llevaba una maquina extraña con nubes rosas dibujadas en todas partes. Me acerqué a él porque parecía que vendía algún tipo de alimento de esos que no comerias en tu casa pero como estas fuera te permites el lujo, el capricho, el pecado de comprarlo. Por suerte, aún estaba en mi país, lejos de esos chantajistas, estafadores y truanes de Amegakure y Kusagakure.
Despues de una amistosa conversación sobre agujeros y nubes rosas, salí a seguir dando vueltas alrededor de la gloriosa e inexistente Konohagakure, por si se me habia escapado alguna villa, con un palo que tenia pegado a su alrededor una nube rosa. En un principio estaba esceptico, pero al probarla se me fueron los prejuicios. Dulce y blandita, como una nube rosa.
Cuando ya me encontraba casi en la mitad opuesta a donde estaba el mercader de droga coloreada, a quien le iba el negocio genialosamente por unas decenas de personas que se habían pasado por ahí a desenterrar trozos de paredes rotas o huesos no tan rotos, apareció ante mi un niño que parecía más perdido que mi apendice. Llevaba encima una mochila tapada con una sabana, seguramente con sus pocas y pobres pertenencias, no tendría donde caerse muerto, pobrecillo.
— ¿Quffiereffs?
Le soltaría sin más mientras le acercaba aquella nube rosa llena de amor y caries. Tras lo cual aparecería otro muchaho, pero a este no lo iba a tratar tan alegremente. No solo porque fuera un shinobi de Kusagakure, sino porque llevaba encima un tronco que pesaba más que él. En unos instantes, el tronco estaría en el suelo y mis ojos fulminando a aquel violador de niños que queria aprovecharse de aquel pobre e indefenso huerfano.
Llegué pronto a la ruinas de Konohagakure, muy pronto. Todo lo que habia a la vista era un boquete en el suelo del tamaño de una pelota de ninjabola, si el ninjabola lo jugaran los Dioses del Doton con sus fuertes y rocosos brazos. Echando cuentas, un Dios Dotonero tiene una fuerza como de dos cientas técnicas de Doton juntas, ¿con qué fuerza deberia tirar una pelota de ninjabol para formar un crater así?
Nah, esa teoria es muy absurda. Como si los Dioses del Doton tuvieran tiempo para jugar a juegos mortales y estupidos como el ninjabol. Pues tenían razón en eso de que habían sido esos bichos llamados bijuus, los bichuus. Juraria haber leído en algún lugar que en este lugar aún quedaba una montaña con cara de Konohakages, pero mirara donde mirara solo había agujero, seguido de arboles por todos los lados del boquete.
A excepción de un señor que llevaba una maquina extraña con nubes rosas dibujadas en todas partes. Me acerqué a él porque parecía que vendía algún tipo de alimento de esos que no comerias en tu casa pero como estas fuera te permites el lujo, el capricho, el pecado de comprarlo. Por suerte, aún estaba en mi país, lejos de esos chantajistas, estafadores y truanes de Amegakure y Kusagakure.
Despues de una amistosa conversación sobre agujeros y nubes rosas, salí a seguir dando vueltas alrededor de la gloriosa e inexistente Konohagakure, por si se me habia escapado alguna villa, con un palo que tenia pegado a su alrededor una nube rosa. En un principio estaba esceptico, pero al probarla se me fueron los prejuicios. Dulce y blandita, como una nube rosa.
Cuando ya me encontraba casi en la mitad opuesta a donde estaba el mercader de droga coloreada, a quien le iba el negocio genialosamente por unas decenas de personas que se habían pasado por ahí a desenterrar trozos de paredes rotas o huesos no tan rotos, apareció ante mi un niño que parecía más perdido que mi apendice. Llevaba encima una mochila tapada con una sabana, seguramente con sus pocas y pobres pertenencias, no tendría donde caerse muerto, pobrecillo.
— ¿Quffiereffs?
Le soltaría sin más mientras le acercaba aquella nube rosa llena de amor y caries. Tras lo cual aparecería otro muchaho, pero a este no lo iba a tratar tan alegremente. No solo porque fuera un shinobi de Kusagakure, sino porque llevaba encima un tronco que pesaba más que él. En unos instantes, el tronco estaría en el suelo y mis ojos fulminando a aquel violador de niños que queria aprovecharse de aquel pobre e indefenso huerfano.
—Nabi—
![[Imagen: 23uv4XH.gif]](https://i.imgur.com/23uv4XH.gif)

![[Imagen: tumblr_ommjidew2V1qfq1l5o1_500.gif]](https://68.media.tumblr.com/ea746ec91aab78fea28479588ed7ca0a/tumblr_ommjidew2V1qfq1l5o1_500.gif)
![[Imagen: B9D.gif]](http://k30.kn3.net/taringa/0/D/D/6/7/1/marianov4/B9D.gif)
![[Imagen: z223646398_large_large.gif]](http://data.whicdn.com/images/30014799/z223646398_large_large.gif)
![[Imagen: giphy.gif]](https://media.giphy.com/media/l0MYMqyYBRYdW1itW/giphy.gif)