28/03/2017, 18:01
Cuando Shiona les dio permiso para relajarse, Akame notó como si le hubiesen quitado un enorme peso de encima. Sus hombros se destensaron, al igual que su mandíbula, la espalda se acomodó libremente al asiento y de repente se notó la garganta extraordinariamente seca. Entonces fue como si un vacío sin fondo se le hubiera formado en el estómago y la cabeza empezó a darle vueltas. Se dio cuenta de que estaba cansado, muy cansado; agotado más bien. La urgencia de llegar a la Aldea y transmitir a la Uzukage lo sucedido le había mantenido en vela, apático pero en movimiento, como un muerto viviente. Ahora sentía como si estuviese a punto de desmayarse.
Empezó a recordarlo todo. Las pesquisas que le habían llevado hasta Ushi en busca de aquel libro genealógico Uchiha. La tozudez de los lugareños. El encuentro sorpresa con Eri y Daruu. Lo sucedido después con el chuunin traidor.
Con las manos temblorosas abrió el brick de batido de chocolate y se lo llevó a los labios. Bebió durante unos segundos, con tragos largos y nada disimulados. A medida que aquel nutritivo líquido le recorrió la garganta, Akame sintió cómo volvía a la vida.
Luego vino lo peor. La solución de Shiona a aquel inesperado contratiempo era mandarlos al País de la Tormenta, a buscar al tal Daruu. Akame no pudo evitar que el abatimiento se le dibujase en el rostro.
—¿Por dónde empezaremos a buscar? —dejó escapar, casi sin aliento.
Arashi no Kuni era una tierra vasta e inhóspita, un lugar poco atractivo tanto por su orografía como por su clima. Y ahora ellos dos tenían que recorrerlo, quizás, de cabo a rabo para buscar al gennin al que habían sido demasiado inútiles como para capturar. El rostro de Takeuchi Iwara apareció, claro como el día, en sus pensamientos, y Akame notó como una mezcla de rabia e impotencia le recorría el cuerpo. Habría querido matarle él mismo. Pero ya era tarde.
—Entendido, Shiona-sama —respondió, lacónico, el Uchiha—. ¿Hay algún otro detalle que debamos saber?
Empezó a recordarlo todo. Las pesquisas que le habían llevado hasta Ushi en busca de aquel libro genealógico Uchiha. La tozudez de los lugareños. El encuentro sorpresa con Eri y Daruu. Lo sucedido después con el chuunin traidor.
Con las manos temblorosas abrió el brick de batido de chocolate y se lo llevó a los labios. Bebió durante unos segundos, con tragos largos y nada disimulados. A medida que aquel nutritivo líquido le recorrió la garganta, Akame sintió cómo volvía a la vida.
Luego vino lo peor. La solución de Shiona a aquel inesperado contratiempo era mandarlos al País de la Tormenta, a buscar al tal Daruu. Akame no pudo evitar que el abatimiento se le dibujase en el rostro.
—¿Por dónde empezaremos a buscar? —dejó escapar, casi sin aliento.
Arashi no Kuni era una tierra vasta e inhóspita, un lugar poco atractivo tanto por su orografía como por su clima. Y ahora ellos dos tenían que recorrerlo, quizás, de cabo a rabo para buscar al gennin al que habían sido demasiado inútiles como para capturar. El rostro de Takeuchi Iwara apareció, claro como el día, en sus pensamientos, y Akame notó como una mezcla de rabia e impotencia le recorría el cuerpo. Habría querido matarle él mismo. Pero ya era tarde.
—Entendido, Shiona-sama —respondió, lacónico, el Uchiha—. ¿Hay algún otro detalle que debamos saber?