4/05/2017, 01:05
El interior de aquel túnel era oscuro, y se hizo más lúgubre cuando el portón fue cerrado detrás suyo. Sin embargo, las rendijas de la gran tabla de madera dejaba entrever alguno que otro rayo de luz, lo que les permitía visualizar al menos un par de metros adelante de su posición. Kaido pensó que con aquello habían concretado su victoria, pero Riko le recordó luego que aún no habían vencido.
Necesitaba de algo que sirviera de palanca, afín de trancar la puerta desde adentro y así impedir que los esbirros pudieran seguirlos luego de lamer sus heridas.
—No, déjalo. ¿No viste acaso la cimitarra de ese tipo? con dos sablazos puede romper ésta cosa. Mejor empecemos a correr, el otro extremo del túnel está a unos diez minutos de caminata. Si corremos podemos llegar en la mitad del tiempo.
—Tiene razón. Pero mira ese camino, no es más que oscuridad. ¿Cómo cojones nos vamos a guiar de aquí en adelante?
—El trayecto está iluminado con antorchas, la primera no debe estar muy lejos. Vamos, no se alejen.
Hoshu entonces tomó ahora el liderazgo. Era su ciudad, era su zona, eran sus túneles. Nadie mejor que él para guiar a los dos shinobi a encontrar la seguridad del otro lado de la ciudad, donde podrían acudir al refugio de quienes en un principio le habían acompañado en su viaje a Inaka.
El muchacho comenzó a correr como buenamente pudo, manteniendo un ritmo que probablemente no era digno de su condición física. Pero viéndose aterrado ante la idea de volver a enfrentar a aquellos custodios, lo mejor era ignorar sus limitaciones y tratar de mantener el ritmo de sus dos compañeros. Así pues, mientras más se adentraban a lo largo y ancho del camino, más se podía denotar el cómo la tierra llevaba consigo las marcas de grandes ruedas, e incluso se podían observar alguno que otros objetos dejados a la deriva, probablemente artilugios sin ningún valor.
Incluso alguna serpiente anunció la amenaza con el inminente sonido de su lengua tiritar, pero por suerte ninguna se vio en la necesidad de atacar.
Mientras más se alejaban, mayor era la preocupación, sin embargo, de que alguien les estuviese siguiendo. Y sin poder ver atrás más allá de un par de metros, la incertidumbre cada vez se hacía más grande.
Hasta que, finalmente, Hoshu apuntó adelante entre jadeos. La luz al final del tunel.
La salida hacia el reencuentro con su caravana.
Necesitaba de algo que sirviera de palanca, afín de trancar la puerta desde adentro y así impedir que los esbirros pudieran seguirlos luego de lamer sus heridas.
—No, déjalo. ¿No viste acaso la cimitarra de ese tipo? con dos sablazos puede romper ésta cosa. Mejor empecemos a correr, el otro extremo del túnel está a unos diez minutos de caminata. Si corremos podemos llegar en la mitad del tiempo.
—Tiene razón. Pero mira ese camino, no es más que oscuridad. ¿Cómo cojones nos vamos a guiar de aquí en adelante?
—El trayecto está iluminado con antorchas, la primera no debe estar muy lejos. Vamos, no se alejen.
Hoshu entonces tomó ahora el liderazgo. Era su ciudad, era su zona, eran sus túneles. Nadie mejor que él para guiar a los dos shinobi a encontrar la seguridad del otro lado de la ciudad, donde podrían acudir al refugio de quienes en un principio le habían acompañado en su viaje a Inaka.
El muchacho comenzó a correr como buenamente pudo, manteniendo un ritmo que probablemente no era digno de su condición física. Pero viéndose aterrado ante la idea de volver a enfrentar a aquellos custodios, lo mejor era ignorar sus limitaciones y tratar de mantener el ritmo de sus dos compañeros. Así pues, mientras más se adentraban a lo largo y ancho del camino, más se podía denotar el cómo la tierra llevaba consigo las marcas de grandes ruedas, e incluso se podían observar alguno que otros objetos dejados a la deriva, probablemente artilugios sin ningún valor.
Incluso alguna serpiente anunció la amenaza con el inminente sonido de su lengua tiritar, pero por suerte ninguna se vio en la necesidad de atacar.
Mientras más se alejaban, mayor era la preocupación, sin embargo, de que alguien les estuviese siguiendo. Y sin poder ver atrás más allá de un par de metros, la incertidumbre cada vez se hacía más grande.
Hasta que, finalmente, Hoshu apuntó adelante entre jadeos. La luz al final del tunel.
La salida hacia el reencuentro con su caravana.
