4/06/2017, 19:42
Kōtetsu observaba con atención la senda que se habría ante él, sin estar seguro de si llevaría a su destino. Se dirigía al valle de los dojos, lugar en cual jamás había estado, por lo que no sabía cómo llegar. Al principio la cosa no pintaba tan mal, pues tenía un mapa y la voluntad de pedir guía a cuanta persona se encontrase por el camino. Aquello había compensado su poco desarrollado sentido de la orientación.
“Si, todo marchaba bien hasta que pase por Minori.”
En aquella ciudad había conseguido un caballo, provisiones y suficientes indicaciones como para terminar su viaje sin problema alguno. Había marcado cada detalle y acotación en su mapa, con el fin de asegurarse de no desviarse.
“Comencé mi viaje como todo un aventurero y ahora parezco un vagabundo.”
Prueba de aquella comparación era que andaba a pie y descalzo, con su ropa parcialmente destrozada y con un cuerpo cubierto de mugre y moretones. Tampoco llevaba consigo un mapa, o algún tipo de alimento o bebida. Lo único que aun conservaba consigo era su bandana y su inseparable espada. También le acompañaba un avasallador sentimiento de incertidumbre, pues desde el día anterior no encontró población o señalización alguna, ni siquiera un simple viajero al cual pedir indicaciones. Y con todo y eso, se mantenía sereno, viajando hacia lo que él consideraba que era el noroeste.
De pronto un ruido llamo su atención. Se giro sobre sus talones y vio como por el polvoriento camino alguien parecía acercarse hacia donde se encontraba. Había estado caminando lo más rápido posible, por lo que no esperaba que alguien lograse darle alcance. Sujeto el mango de Bohimei, que yacía colgando en su espalda y se planto para hacerle frente a lo que sea que estuviera tratando de llegar hasta su posición.
Suspiro profundamente, y con dureza se dijo a sí mismo:
—Parece que los problemas me persiguen desde que me atreví a salir de Uzushio.
“Si, todo marchaba bien hasta que pase por Minori.”
En aquella ciudad había conseguido un caballo, provisiones y suficientes indicaciones como para terminar su viaje sin problema alguno. Había marcado cada detalle y acotación en su mapa, con el fin de asegurarse de no desviarse.
“Comencé mi viaje como todo un aventurero y ahora parezco un vagabundo.”
Prueba de aquella comparación era que andaba a pie y descalzo, con su ropa parcialmente destrozada y con un cuerpo cubierto de mugre y moretones. Tampoco llevaba consigo un mapa, o algún tipo de alimento o bebida. Lo único que aun conservaba consigo era su bandana y su inseparable espada. También le acompañaba un avasallador sentimiento de incertidumbre, pues desde el día anterior no encontró población o señalización alguna, ni siquiera un simple viajero al cual pedir indicaciones. Y con todo y eso, se mantenía sereno, viajando hacia lo que él consideraba que era el noroeste.
De pronto un ruido llamo su atención. Se giro sobre sus talones y vio como por el polvoriento camino alguien parecía acercarse hacia donde se encontraba. Había estado caminando lo más rápido posible, por lo que no esperaba que alguien lograse darle alcance. Sujeto el mango de Bohimei, que yacía colgando en su espalda y se planto para hacerle frente a lo que sea que estuviera tratando de llegar hasta su posición.
Suspiro profundamente, y con dureza se dijo a sí mismo:
—Parece que los problemas me persiguen desde que me atreví a salir de Uzushio.
![[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]](https://i.pinimg.com/originals/aa/b6/87/aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif)