7/06/2017, 01:34
Era un hermoso día de verano, a temprana hora las aves se hacían sentir, aquel ruido que emitían era música para los oídos del pequeño Hyuga, de esta forma, cada mañana se levantaba con más animo que el día anterior. Apenas abrió los ojos se levantó de la cama, se ducho, se vistió con su ropa habitual y se dirigió a la cocina para preparar un bol de cereales con leche, allí comenzó a pensar en voz alta, el día estaba espectacular para realizar algún tipo de entrenamiento.
- Ahora que tengo tiempo libre podría practicar el lanzamiento de kunais… mi punto débil siempre ha sido el manejo de armas. - Habló mirando su desayuno, parecía un estúpido dirigiendo la palabra a la comida, pero no quedaba de otra, vivía solo y no tenía con quien compartir sus pensamientos.
Rápidamente termino de comer, fue a su habitación, se acercó a un pequeño mueble ubicado al costado de su cama, del interior saco su porta objetos para atarlo a una de sus piernas, dentro colocó unas cuantas armas arrojadizas y se dirigió a la entrada de su hogar para salir en dirección al acantilado rompe-olas.
- Hace mucho que no visitó el acantilado, recuerdo que habían unos muñecos ideales para practicar el tiro al blanco… debo encontrarlos para comenzar el entrenamiento. – Pensaba mientras trotaba a gran velocidad para llegar cuanto antes a su destino, estaba impaciente por comenzar.
Se detuvo una vez que llego a la parte trasera de la villa, allí podía apreciar un enorme acantilado, una caída de muchos metros daba a conocer lo peligroso que era. Recorrió el lugar hasta que encontró los muñecos, se ubicó en frente de uno de ellos y lanzo una kunai, su mala puntería hizo que impactara en el suelo, pasando por arriba de la cabeza del muñeco, para mala fortuna de esté, a pocos metros se encontraba un joven de cabello verde que casi le golpeo.
- Eh… Di… Disculpa.- Nervioso por la situación hablaba entrecortado, pidiendo disculpa por lo ocurrido, su intención jamás fue impactar cerca del peliverde.
- Ahora que tengo tiempo libre podría practicar el lanzamiento de kunais… mi punto débil siempre ha sido el manejo de armas. - Habló mirando su desayuno, parecía un estúpido dirigiendo la palabra a la comida, pero no quedaba de otra, vivía solo y no tenía con quien compartir sus pensamientos.
Rápidamente termino de comer, fue a su habitación, se acercó a un pequeño mueble ubicado al costado de su cama, del interior saco su porta objetos para atarlo a una de sus piernas, dentro colocó unas cuantas armas arrojadizas y se dirigió a la entrada de su hogar para salir en dirección al acantilado rompe-olas.
- Hace mucho que no visitó el acantilado, recuerdo que habían unos muñecos ideales para practicar el tiro al blanco… debo encontrarlos para comenzar el entrenamiento. – Pensaba mientras trotaba a gran velocidad para llegar cuanto antes a su destino, estaba impaciente por comenzar.
Se detuvo una vez que llego a la parte trasera de la villa, allí podía apreciar un enorme acantilado, una caída de muchos metros daba a conocer lo peligroso que era. Recorrió el lugar hasta que encontró los muñecos, se ubicó en frente de uno de ellos y lanzo una kunai, su mala puntería hizo que impactara en el suelo, pasando por arriba de la cabeza del muñeco, para mala fortuna de esté, a pocos metros se encontraba un joven de cabello verde que casi le golpeo.
- Eh… Di… Disculpa.- Nervioso por la situación hablaba entrecortado, pidiendo disculpa por lo ocurrido, su intención jamás fue impactar cerca del peliverde.