6/08/2017, 13:13
(Última modificación: 11/08/2017, 11:22 por Uchiha Akame.)
Cuando por fin pararon para cenar, Akame no pudo evitar que un suspiro de alivio escapase de sus labios. Pese a su gordura, Akimichi Yakisoba hacía gala de una resistencia extremadamente superior a la de los dos gennin; aquel día habían andado tanto que el Uchiha pensaba que se le iban a caer los pies a trozos. Se dejó caer pesadamente sobre su mochila táctica de color verde caqui, y mientras los otros dos ninjas se asentaban también, aprovechó para echarse boca arriba y descansar.
Se incorporó poco después, descolgándose la pesada mochila de los hombros y rebuscando en ella uno de los paquetes de provisiones que había traído consigo. Eran cajas de cartón, herméticas, repletas de comida minimalista pero muy nutrititva. «Basura enlatada...» Por eso mismo, cuando el enorme jounin sacó un pergamino, y de él enormes bocadillos para todos, Akame no pudo evitar quedarse absorto mirando el que le ofrecía.
—Parece... Delicioso... —murmuró, literalmente babeando. Guardó su ración de combate dentro de la mochila y extendió ambas manos para abarcar la totalidad de aquel manjar—. Muchas gracias, Akimichi-dono.
Pese a que aquel tipo parecía de lo más cordial con ellos, Akame no estaba seguro de cómo debía llamarle, y por eso optó por la formalidad. «Siempre hay menos posibilidades de equivocarse cuando se es educado», pensó. Luego comenzó a devorar su cena.
—Es muy sabroso —dijo, poco después, tragando el tercer bocado—. Aunque me temo que yo sólo tengo raciones empaquetadas para ofrecer...
El Uchiha se acomodó en su asiento —el suelo—, remangándose la camisa de cuello alto y tela negra con el símbolo del clan Uchiha en la espalda. Era previsible que haría frío durante la noche —o, al menos, lo que se entendía como frío en Uzu no Kuni—, de modo que llevaba su capa de viaje guardada en la mochila. El resto de su indumentaria la componían unos pantalones pesqueros de color arena, sandalias ninja, su portaobjetos atado a la cintura y una espada en la espalda.
Llevaba también, por supuesto, su bandana del Remolino anudada en la frente.
Se incorporó poco después, descolgándose la pesada mochila de los hombros y rebuscando en ella uno de los paquetes de provisiones que había traído consigo. Eran cajas de cartón, herméticas, repletas de comida minimalista pero muy nutrititva. «Basura enlatada...» Por eso mismo, cuando el enorme jounin sacó un pergamino, y de él enormes bocadillos para todos, Akame no pudo evitar quedarse absorto mirando el que le ofrecía.
—Parece... Delicioso... —murmuró, literalmente babeando. Guardó su ración de combate dentro de la mochila y extendió ambas manos para abarcar la totalidad de aquel manjar—. Muchas gracias, Akimichi-dono.
Pese a que aquel tipo parecía de lo más cordial con ellos, Akame no estaba seguro de cómo debía llamarle, y por eso optó por la formalidad. «Siempre hay menos posibilidades de equivocarse cuando se es educado», pensó. Luego comenzó a devorar su cena.
—Es muy sabroso —dijo, poco después, tragando el tercer bocado—. Aunque me temo que yo sólo tengo raciones empaquetadas para ofrecer...
El Uchiha se acomodó en su asiento —el suelo—, remangándose la camisa de cuello alto y tela negra con el símbolo del clan Uchiha en la espalda. Era previsible que haría frío durante la noche —o, al menos, lo que se entendía como frío en Uzu no Kuni—, de modo que llevaba su capa de viaje guardada en la mochila. El resto de su indumentaria la componían unos pantalones pesqueros de color arena, sandalias ninja, su portaobjetos atado a la cintura y una espada en la espalda.
Llevaba también, por supuesto, su bandana del Remolino anudada en la frente.