8/08/2017, 00:30
Tras tomar el pergamino y leer los detalles de la misión, los dos genin abandonaron el Edificio del Uzukage y echaron a andar hacia el barrio de Yutaka, al norte de Uzushiogakure. Caminaron durante varios minutos y subieron bastantes cuestas hasta que la arquitectura típica de la aldea comenzó a verse sustituirse por auténticas mansiones cargadas de lujos. orgullosamente ornamentadas con objetos tan caros que escapaban a la imaginación y con extensos jardines de exóticas plantas y altos setos que, en muchos casos, sus propietarios habían convertido en auténticos laberintos para su propia diversión. En más de una ocasión, a Eri y a Nabi les parecería escuchar un agudo y lastimero graznido. Pavos reales.
Completamente decidido, Nabi guió a su compañera por las calles de Yutaka hasta que llegaron a las puertas de la verja de una de aquellas mansiones. Cerca de allí, el jardinero que en aquel momento estaba atendiendo un bonsai, giró la cabeza hacia ellos al percibir su presencia.
—¿Buscáis a alguien, niños? —preguntó, y parecía ciertamente extrañado.
Completamente decidido, Nabi guió a su compañera por las calles de Yutaka hasta que llegaron a las puertas de la verja de una de aquellas mansiones. Cerca de allí, el jardinero que en aquel momento estaba atendiendo un bonsai, giró la cabeza hacia ellos al percibir su presencia.
—¿Buscáis a alguien, niños? —preguntó, y parecía ciertamente extrañado.