8/08/2017, 16:28
La luz de la hoguera bailaba en los ojos perdidos de Datsue, sentado en el suelo con las piernas cruzadas y las manos apoyadas atrás, en el suelo. Estaba agotado. Terriblemente agotado. Todavía le dolían los pies, y aunque ya se le había pasado el dolor de espalda, sentía los músculos agarrotados. Jamás en su vida había caminado tanto como aquel día, ni a tan alto ritmo.
Echó la cabeza hacia atrás y exhaló un suspiro prolongado. La luz de la luna apenas lograba colarse entre la bóveda de hojas que se elevaba a varios metros de altura, y la oscuridad de la noche era cada vez más incipiente.
—Como mi abuelo decía siempre: nunca dejes con hambre a tus compañeros.
Las palabras de Yakisoba interrumpieron su descanso mental. Observó, intrigado, el enorme pergamino que había extendido sobre el suelo, y una inevitable sonrisa se formó en su rostro al descubrir su contenido. «Los rumores no son exagerados, después de todo»
—Muchísimas gracias —dijo, a la par que Akame, cogiendo su bocadillo. La boca se le hizo agua antes siquiera de dar el primer bocado—. ¡La madre que me…! ¡Está delicioso! —exclamó, maravillado. Los bocadillos nunca habían sido su predilección, pero ahora pensaba que quizá era porque nunca había hecho uno en condiciones. Aquél sabía, simplemente, de maravilla—. ¿Son imaginaciones mías o lleva tomate? —preguntó, curioso.
A su compañero Uchiha también pareció gustarle el bocadillo —o quizá solo lo decía por quedar bien con Yakisoba—, aunque se excusó por tener poca cosa que ofrecer.
—Hmm… No-gue peocupes poeso —farfulló, con la boca llena. Yakisoba le parecía una persona tan amable y cercana que a veces se le olvidaba que era Jounnin. Tragó, avergonzado, al recordarlo, y no volvió a hablar hasta tener la boca libre de cualquier condimento. Carraspeó—. Yo tengo algo muy especial que ofreceros.
¿Qué era toda buena comida sin bebida que la acompañase? «Nada. Absolutamente nada» Envolvió de nuevo el bocadillo para que no se manchase en el suelo al dejarlo allí y se levantó. Repentinamente, un sudor frío le recorrió la espina dorsal. «Dime que no he vuelto a sellar la mochila en uno de mis…» Se miró los pantalones, con el rostro pálido como la cera. Luego suspiró de alivio al recordar que en realidad lo había hecho en el hombro izquierdo. Se remangó todavía más las mangas de su camiseta y posó la mano en el sello…
—Señores —dijo, con voz pomposa—, permítanme enseñarles la nueva bebida energética que acaba de salir al mercado, llamada…
Si antes le había recorrido un sudor por la espalda, ahora simplemente salía por cada poro de su piel. El rostro se le tiñó de rojo, y apenas alcanzó a tartamudear:
—E-esto… —cuando al fin sus neuronas se volvieron a conectar, arrojó con rapidez la revista porno al fuego, dejando que las llamas consumiesen el papel… mas no su vergüenza—. E-era p-para d-darle un p-poco de combustible a la hoguera… Dicen que esas… revistas arden muy bien.
«Tonto. Tonto, tonto, tonto, tonto, ¡tonto y mil veces tonto!» Sin saber cómo arreglar aquello —mucho se temía que era ya irreparable—, se llevó la mano al otro hombro. El hombro donde, ahora recordaba, realmente había sellado la mochila con todas las provisiones que creía necesitar para el viaje.
La abrió con rapidez, incapaz de levantar la mirada hacia ninguno de sus acompañantes, y sacó una enorme botella cuyo líquido era de color verde. Una botella con la palabra Ninjarius etiquetada en ella.
—¿Alguien quiere un poco? —preguntó, ofreciendo la botella, pero todavía con los ojos clavados en el suelo, como si algo muy interesante estuviese pasando en la tierra…
... Se le había cerrado el estómago y ya no tenía ni hambre.
Echó la cabeza hacia atrás y exhaló un suspiro prolongado. La luz de la luna apenas lograba colarse entre la bóveda de hojas que se elevaba a varios metros de altura, y la oscuridad de la noche era cada vez más incipiente.
—Como mi abuelo decía siempre: nunca dejes con hambre a tus compañeros.
Las palabras de Yakisoba interrumpieron su descanso mental. Observó, intrigado, el enorme pergamino que había extendido sobre el suelo, y una inevitable sonrisa se formó en su rostro al descubrir su contenido. «Los rumores no son exagerados, después de todo»
—Muchísimas gracias —dijo, a la par que Akame, cogiendo su bocadillo. La boca se le hizo agua antes siquiera de dar el primer bocado—. ¡La madre que me…! ¡Está delicioso! —exclamó, maravillado. Los bocadillos nunca habían sido su predilección, pero ahora pensaba que quizá era porque nunca había hecho uno en condiciones. Aquél sabía, simplemente, de maravilla—. ¿Son imaginaciones mías o lleva tomate? —preguntó, curioso.
A su compañero Uchiha también pareció gustarle el bocadillo —o quizá solo lo decía por quedar bien con Yakisoba—, aunque se excusó por tener poca cosa que ofrecer.
—Hmm… No-gue peocupes poeso —farfulló, con la boca llena. Yakisoba le parecía una persona tan amable y cercana que a veces se le olvidaba que era Jounnin. Tragó, avergonzado, al recordarlo, y no volvió a hablar hasta tener la boca libre de cualquier condimento. Carraspeó—. Yo tengo algo muy especial que ofreceros.
¿Qué era toda buena comida sin bebida que la acompañase? «Nada. Absolutamente nada» Envolvió de nuevo el bocadillo para que no se manchase en el suelo al dejarlo allí y se levantó. Repentinamente, un sudor frío le recorrió la espina dorsal. «Dime que no he vuelto a sellar la mochila en uno de mis…» Se miró los pantalones, con el rostro pálido como la cera. Luego suspiró de alivio al recordar que en realidad lo había hecho en el hombro izquierdo. Se remangó todavía más las mangas de su camiseta y posó la mano en el sello…
—Señores —dijo, con voz pomposa—, permítanme enseñarles la nueva bebida energética que acaba de salir al mercado, llamada…
Si antes le había recorrido un sudor por la espalda, ahora simplemente salía por cada poro de su piel. El rostro se le tiñó de rojo, y apenas alcanzó a tartamudear:
—E-esto… —cuando al fin sus neuronas se volvieron a conectar, arrojó con rapidez la revista porno al fuego, dejando que las llamas consumiesen el papel… mas no su vergüenza—. E-era p-para d-darle un p-poco de combustible a la hoguera… Dicen que esas… revistas arden muy bien.
«Tonto. Tonto, tonto, tonto, tonto, ¡tonto y mil veces tonto!» Sin saber cómo arreglar aquello —mucho se temía que era ya irreparable—, se llevó la mano al otro hombro. El hombro donde, ahora recordaba, realmente había sellado la mochila con todas las provisiones que creía necesitar para el viaje.
La abrió con rapidez, incapaz de levantar la mirada hacia ninguno de sus acompañantes, y sacó una enorme botella cuyo líquido era de color verde. Una botella con la palabra Ninjarius etiquetada en ella.
—¿Alguien quiere un poco? —preguntó, ofreciendo la botella, pero todavía con los ojos clavados en el suelo, como si algo muy interesante estuviese pasando en la tierra…
... Se le había cerrado el estómago y ya no tenía ni hambre.
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)
¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado