24/09/2017, 17:54
Mogura logró abrirse paso entre los escombros gracias a la técnica de fuerza sobrehumana de la que les había informado a sus compañeros. Cuando Shanise le vio correr hacia ella, la mujer puso una cara de terror.
—¡No! Mogura-san... Manase... Debes ayudar a Ayame... Es la jinchuuriki... A Ayame...
Sin embargo, cuando Mogura empezó a usar el Shousen no Jutsu sobre sus heridas, no pudo evitar dejar escapar un suspiro de alivio y de echar la cara hacia atrás. Se dejó lamer por aquella energía verde durante un rato, cerrando los párpados.
—E-espero que... Que no haga ninguna locura. Es sólo una niña.
»Aunque la hijaputa pega fuerte, eh.
Warau también reía. Reía con aquella estridente carcajada mientras movía los dedos y disfrutaba de la agonía de su víctima. pero Warau no contaba con una cosa. Warau no sabía... Él no sabía que el bijuu estaba colaborando con Ayame. De hecho, siquiera desconocía que el Gogyō Fūin se podía romper.
Por eso la risa cesó cuando, después de salir volando debido a la onda de chakra que había emitido Ayame, se levantó y la vio allí, a lo lejos, liberada de su atadura. Y su cara era de pura ira.
Porque no había nada peor en el mundo para Warau que que alguien interrumpiese sus sádicos rituales de tortura.
—Hija de perra. ¡¡Hija de perra!! ¡¡¡Os he dicho que sois meros juguetes!!!
Warau se mordió el dedo pulgar.
—Esto se acaba aquí. No mereces ser un juguete. Y si no mereces ser un juguete, no mereces existir.
«Ayame, es la hora. ¡Vamos allá, juntas!»
—¡Kuchiyose no Jutsu!
Una nube de humo gigantesca revelaría, más pronto que tarde, la figura de un zorro blanco, gigantesco, de ojos purpúreos, gigantesco, que se sostenía sobre dos patas, sentado, y empuñaba una katana entre sus zarpas. Sería una katana, si no hubiera medido más de cincuenta metros de largo.
«¡¡Ayame, contraataquemos!!»
La hoja de la espada se dirigía directa hacia ella. Warau montaba el zorro, en el lomo, riéndose, riéndose...
Las heridas de Shanise estaban prácticamente curadas. Se estaba reincorporando, con dificultad, después de que Mogura sanara provisionalmente sus heridas y le aplicase uno de sus vendajes. Y entonces...
...se oyó un estruendo lejano.
—¡¡Mierda!! ¿Qué ha sido eso? ¡Ayame!
Shanise prácticamente tiró de la mano de Mogura y le obligó a moverse. Salieron por el pasillo largo con las puertas para el que el médico había diseñado una nueva entrada.
—¡No! Mogura-san... Manase... Debes ayudar a Ayame... Es la jinchuuriki... A Ayame...
Sin embargo, cuando Mogura empezó a usar el Shousen no Jutsu sobre sus heridas, no pudo evitar dejar escapar un suspiro de alivio y de echar la cara hacia atrás. Se dejó lamer por aquella energía verde durante un rato, cerrando los párpados.
—E-espero que... Que no haga ninguna locura. Es sólo una niña.
»Aunque la hijaputa pega fuerte, eh.
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Warau también reía. Reía con aquella estridente carcajada mientras movía los dedos y disfrutaba de la agonía de su víctima. pero Warau no contaba con una cosa. Warau no sabía... Él no sabía que el bijuu estaba colaborando con Ayame. De hecho, siquiera desconocía que el Gogyō Fūin se podía romper.
Por eso la risa cesó cuando, después de salir volando debido a la onda de chakra que había emitido Ayame, se levantó y la vio allí, a lo lejos, liberada de su atadura. Y su cara era de pura ira.
Porque no había nada peor en el mundo para Warau que que alguien interrumpiese sus sádicos rituales de tortura.
—Hija de perra. ¡¡Hija de perra!! ¡¡¡Os he dicho que sois meros juguetes!!!
Warau se mordió el dedo pulgar.
—Esto se acaba aquí. No mereces ser un juguete. Y si no mereces ser un juguete, no mereces existir.
«Ayame, es la hora. ¡Vamos allá, juntas!»
—¡Kuchiyose no Jutsu!
Una nube de humo gigantesca revelaría, más pronto que tarde, la figura de un zorro blanco, gigantesco, de ojos purpúreos, gigantesco, que se sostenía sobre dos patas, sentado, y empuñaba una katana entre sus zarpas. Sería una katana, si no hubiera medido más de cincuenta metros de largo.
«¡¡Ayame, contraataquemos!!»
La hoja de la espada se dirigía directa hacia ella. Warau montaba el zorro, en el lomo, riéndose, riéndose...
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Las heridas de Shanise estaban prácticamente curadas. Se estaba reincorporando, con dificultad, después de que Mogura sanara provisionalmente sus heridas y le aplicase uno de sus vendajes. Y entonces...
...se oyó un estruendo lejano.
—¡¡Mierda!! ¿Qué ha sido eso? ¡Ayame!
Shanise prácticamente tiró de la mano de Mogura y le obligó a moverse. Salieron por el pasillo largo con las puertas para el que el médico había diseñado una nueva entrada.
![[Imagen: MsR3sea.png]](https://i.imgur.com/MsR3sea.png)
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