25/09/2017, 21:30
La risa del Ichibi se le clavó en el cerebro como un taladro percutor. Akame se llevó las manos a la cabeza, aferrándosela con fuerza al sentir tantísimo dolor, mientras el mundo daba vueltas y más vueltas a su alrededor, como si en realidad el agua del suelo fuese un lavabo encharcado y alguien acabase de quitar el tapón.
ZZZZuUUUUm.
El Uchiha se incorporó como un resorte, con las manos agarradas a los bordes de la cama. Casi de forma instantánea notó un chakra fortísimo acumulándose en su garganta y luego una arcada. Blerg. Un sonido idéntico rompió el aire a su lado, y los dos proyectiles de arena impactaron contra Zoku —que no acababa de salir de su asombro— con gran violencia. El Uzukage fue propulsado hacia atrás y terminó por chocar brutalmente contra el cristal del lado opuesto de la habitación.
En su cabeza, Akame oyó fuerte y clara la voz del Ichibi... Y supo que no tenían una sola milésima de segundo que perder. Al fin y al cabo, se estaban enfrentando al mismísimo Uzumaki Zoku. ¿Quién lo iba a pensar, eh?
Rápidamente el Uchiha se puso en pie, de un salto, y se sorprendió al notar cómo el chakra denso y áspero del bijuu le cubría la parte derecha del cuerpo con una capa de arena cubierta de símbolos de sellado. Fue entonces cuando entendió lo que estaba ocurriendo y se sintió plenamente consciente del poder que el Ichibi acababa de darles.
«Esto es... En efecto... El poder de un bijuu...»
Abrió la boca, ahora convertida parcialmente en unas fauces serradas, y rugió con fuerza. Se sintió poderoso, enardecido, animal. Pero la parte racional de su cerebro todavía funcionaba a toda máquina, y en breves instantes trazó un sencillo plan: atacar con todo. Su ojo derecho, deformado por la capa de chakra del bijuu pero luciendo todavía el poderoso Sharingan de tres aspas, se fijó en Zoku.
«¡Datsue-kun, es nuestra oportunidad! ¡Gōkakyuu no Jutsu!»
Al momento se dio cuenta de que había dicho algo a su compadre... Pero no había hablado. ¿Era también parte de las formidables habilidades del Ichibi? No le dio muchas vueltas. Sus manos se entrelazaron a toda velocidad en una secuencia de sellos, y luego se colocó la zurda en torno a los labios. Aquellos labios parcialmente cubiertos por una hilera de dientes de arena y chakra.
—¡Katon...!
«Todo o nada».
ZZZZuUUUUm.
El Uchiha se incorporó como un resorte, con las manos agarradas a los bordes de la cama. Casi de forma instantánea notó un chakra fortísimo acumulándose en su garganta y luego una arcada. Blerg. Un sonido idéntico rompió el aire a su lado, y los dos proyectiles de arena impactaron contra Zoku —que no acababa de salir de su asombro— con gran violencia. El Uzukage fue propulsado hacia atrás y terminó por chocar brutalmente contra el cristal del lado opuesto de la habitación.
En su cabeza, Akame oyó fuerte y clara la voz del Ichibi... Y supo que no tenían una sola milésima de segundo que perder. Al fin y al cabo, se estaban enfrentando al mismísimo Uzumaki Zoku. ¿Quién lo iba a pensar, eh?
Rápidamente el Uchiha se puso en pie, de un salto, y se sorprendió al notar cómo el chakra denso y áspero del bijuu le cubría la parte derecha del cuerpo con una capa de arena cubierta de símbolos de sellado. Fue entonces cuando entendió lo que estaba ocurriendo y se sintió plenamente consciente del poder que el Ichibi acababa de darles.
«Esto es... En efecto... El poder de un bijuu...»
Abrió la boca, ahora convertida parcialmente en unas fauces serradas, y rugió con fuerza. Se sintió poderoso, enardecido, animal. Pero la parte racional de su cerebro todavía funcionaba a toda máquina, y en breves instantes trazó un sencillo plan: atacar con todo. Su ojo derecho, deformado por la capa de chakra del bijuu pero luciendo todavía el poderoso Sharingan de tres aspas, se fijó en Zoku.
«¡Datsue-kun, es nuestra oportunidad! ¡Gōkakyuu no Jutsu!»
Al momento se dio cuenta de que había dicho algo a su compadre... Pero no había hablado. ¿Era también parte de las formidables habilidades del Ichibi? No le dio muchas vueltas. Sus manos se entrelazaron a toda velocidad en una secuencia de sellos, y luego se colocó la zurda en torno a los labios. Aquellos labios parcialmente cubiertos por una hilera de dientes de arena y chakra.
—¡Katon...!
«Todo o nada».