19/01/2018, 20:12
A ojos de aquel lunático, estaba claro que se pensaba a la inversa la situación. Como si que alguien hablase de empalar y entonces se llevase la mano al cinto que guarda su ropaje junto fuese lo más normal del mundo.
Las expresiones de aquel extraño no se habían movido de la linea que separa la seriedad de la ira incontrolada, estaba justo en medio constantemente. Además, le añadía un componente de egolatría impresionante, como si el mundo no fuese lo suficientemente bueno como para que su pie lo pisara.
Ni intentándolo hubiese encontrado un espécimen tan puramente amenio como lo parecía aquel nativo.
Con el tiempo y la peor compañía que te podías encontrar en la Academia de las Olas, aprendes a evaluar a la gente por su reacción ante cosas absurdas o bromas. Y aquel chaval era de los enfadados con el mundo, todo es culpa de sus alrededores, puto mundo que les odia.
Vamos, un miembro honorifico de la gran Amegakure, obviamente a los buenos shinobis de la villa les quitan el humor a latigazos. Pero nada me tenía preparado para la oración mítica que me dedicó al irse.
—Mira, tío. No me rayes.
Me reí de nuevo, ese chaval era un saco de sorpresas. De cualquier forma no podía dejarle marchar sin saber su nombre y contarle la historia de Datsue, así que me interpuse en su camino, seguido de Stuffy.
— Espera, espera, esa cita necesita el nombre del autor. "Mira, tío. No me rayes." Amenio, 218. No suena guay. Además, tienes que decirme de qué conoces a Datsue y yo tengo que decirte de qué conozco a Datsue. Venga, tío, no te piques, tronco.
Parecía que me estaba riendo de él, y un poco sí, pero eran bromas inocuas, para aligerar el ambiente que él se encargaba de sobrecargar con negatividad y violencia.
Las expresiones de aquel extraño no se habían movido de la linea que separa la seriedad de la ira incontrolada, estaba justo en medio constantemente. Además, le añadía un componente de egolatría impresionante, como si el mundo no fuese lo suficientemente bueno como para que su pie lo pisara.
Ni intentándolo hubiese encontrado un espécimen tan puramente amenio como lo parecía aquel nativo.
Con el tiempo y la peor compañía que te podías encontrar en la Academia de las Olas, aprendes a evaluar a la gente por su reacción ante cosas absurdas o bromas. Y aquel chaval era de los enfadados con el mundo, todo es culpa de sus alrededores, puto mundo que les odia.
Vamos, un miembro honorifico de la gran Amegakure, obviamente a los buenos shinobis de la villa les quitan el humor a latigazos. Pero nada me tenía preparado para la oración mítica que me dedicó al irse.
—Mira, tío. No me rayes.
Me reí de nuevo, ese chaval era un saco de sorpresas. De cualquier forma no podía dejarle marchar sin saber su nombre y contarle la historia de Datsue, así que me interpuse en su camino, seguido de Stuffy.
— Espera, espera, esa cita necesita el nombre del autor. "Mira, tío. No me rayes." Amenio, 218. No suena guay. Además, tienes que decirme de qué conoces a Datsue y yo tengo que decirte de qué conozco a Datsue. Venga, tío, no te piques, tronco.
Parecía que me estaba riendo de él, y un poco sí, pero eran bromas inocuas, para aligerar el ambiente que él se encargaba de sobrecargar con negatividad y violencia.
—Nabi—
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