1/02/2018, 02:54
Avanzar a través del frondoso bosque no tenía por qué suponer un problema para ellos, y no lo fue. Se movieron por entre las copas con la agilidad característica de un shinobi, alejándose cada vez más de la entrada y sumergiéndose en el corazón de los campos de juego. En la búsqueda fortuita de material para con qué poder hacer frente a los otros competidores.
La suerte les acompañó poco después, cuando divisaron un saco colgando en una rama de lo más inverosímil.
Riko fue el primero en divisarlo, y en sugerir tomarlo. Kaido no tuvo pegas, así que le acompañó. Dio un par de vistazos a su alrededor, alerta, y luego clavó la mirada en aquello que el peliblanco había podido obtener de su primer botin. Si es que se lo podía llamar botin a las tres míseras baratijas que obtuvieron de aquel bolso.
Y una puta mierda. Un puto Kunai, una puta bomba de humo. Ah, y un puto shuriken también. Hizo un gesto con la mano derecha y le restó importancia a los artilugios. Riko podía quedárselos, por ahora.
—A ver, voy a tomarme esta mierda un poco más en serio, así que escúchame. Estamos a unos doscientos metros aproximadamente de la entrada número diez. No sabemos qué tan grande es este maldito bosque, ni cuánto camino nos separa de las otras nueve entradas, así que no tendríamos forma de discernir según cuánto avancemos, cuándo vamos a encontrarnos con otro equipo. Así que, según lo veo, tenemos dos opciones.
Metódico, bajó ligeramente la voz. Se encanilló y se limpió luego la nariz.
»O seguimos el tramo recto, sumergiéndonos cada vez más en el corazón del bosque, o lo rodeamos por los bordes límites. Claro que, si yo fuera el jodido organizador, pondría las artilugios más necesarios y las armas más letales allí en donde tendrían que ir a parar todos, para alimentar el morbo. Por lo que considero que si queremos conseguir comida, y cualquier otra mierda necesaria, tenemos que meternos a la boca del lobo.
¿Qué piensas?
La suerte les acompañó poco después, cuando divisaron un saco colgando en una rama de lo más inverosímil.
Riko fue el primero en divisarlo, y en sugerir tomarlo. Kaido no tuvo pegas, así que le acompañó. Dio un par de vistazos a su alrededor, alerta, y luego clavó la mirada en aquello que el peliblanco había podido obtener de su primer botin. Si es que se lo podía llamar botin a las tres míseras baratijas que obtuvieron de aquel bolso.
Y una puta mierda. Un puto Kunai, una puta bomba de humo. Ah, y un puto shuriken también. Hizo un gesto con la mano derecha y le restó importancia a los artilugios. Riko podía quedárselos, por ahora.
—A ver, voy a tomarme esta mierda un poco más en serio, así que escúchame. Estamos a unos doscientos metros aproximadamente de la entrada número diez. No sabemos qué tan grande es este maldito bosque, ni cuánto camino nos separa de las otras nueve entradas, así que no tendríamos forma de discernir según cuánto avancemos, cuándo vamos a encontrarnos con otro equipo. Así que, según lo veo, tenemos dos opciones.
Metódico, bajó ligeramente la voz. Se encanilló y se limpió luego la nariz.
»O seguimos el tramo recto, sumergiéndonos cada vez más en el corazón del bosque, o lo rodeamos por los bordes límites. Claro que, si yo fuera el jodido organizador, pondría las artilugios más necesarios y las armas más letales allí en donde tendrían que ir a parar todos, para alimentar el morbo. Por lo que considero que si queremos conseguir comida, y cualquier otra mierda necesaria, tenemos que meternos a la boca del lobo.
¿Qué piensas?
