18/02/2018, 19:57
(Última modificación: 20/02/2018, 03:17 por Uchiha Datsue.)
—¡Va a ser complicado! ¡Casi nada pasa en este barco sin que esas dos mujeres se enteren! ¡Es cosa sobrenatural! ----respondió a Kadio, cuando éste le pidió cambiar de sitio el contenido del tesoro.
Después, Kaido realizó la pregunta. Por primera vez en aquel día, Shenfu Kano pareció quedarse sin palabras. Sus ojos, perdidos en la superficie del ron de su copa. Pasaron eternos segundos, quizá incluso minutos, hasta que abrió la boca.
—Una tragedia. —Su voz, quizá por primera vez en años, se había quedado sin fuerza. Sin ese ímpetu que tanto le caracterizaba—. Mis cuñados, padres de mi sobrina Koe… —tomó aire y lo dejó escapar lentamente—. Efectos colaterales, dijeron. Ellas jamás pudieron comprenderlo. Yo tampoco —le miró a los ojos, y Kaido pudo apreciar en su mirada enturbiada por el alcohol un fuerte rencor. Se quedó mirándole por unos segundos. Luego, volvió a suspirar—. Pero Amegakure no estuvo implicada. No quiero generalizar. No quiero.
Sin decir una palabra más, se llevó el vaso hasta los labios y se bebió todo el contenido de una tacada. Eructó con fuerza.
—¡Pero basta de melodramas! —rugió, recobrando su habitual jovialidad—. ¿¡Qué más hay que hacer!?
Después, Kaido realizó la pregunta. Por primera vez en aquel día, Shenfu Kano pareció quedarse sin palabras. Sus ojos, perdidos en la superficie del ron de su copa. Pasaron eternos segundos, quizá incluso minutos, hasta que abrió la boca.
—Una tragedia. —Su voz, quizá por primera vez en años, se había quedado sin fuerza. Sin ese ímpetu que tanto le caracterizaba—. Mis cuñados, padres de mi sobrina Koe… —tomó aire y lo dejó escapar lentamente—. Efectos colaterales, dijeron. Ellas jamás pudieron comprenderlo. Yo tampoco —le miró a los ojos, y Kaido pudo apreciar en su mirada enturbiada por el alcohol un fuerte rencor. Se quedó mirándole por unos segundos. Luego, volvió a suspirar—. Pero Amegakure no estuvo implicada. No quiero generalizar. No quiero.
Sin decir una palabra más, se llevó el vaso hasta los labios y se bebió todo el contenido de una tacada. Eructó con fuerza.
—¡Pero basta de melodramas! —rugió, recobrando su habitual jovialidad—. ¿¡Qué más hay que hacer!?
