4/05/2018, 04:22
Claro que eran buenos días, para Uzumaki Kiyomi todos lo eran. Risueña, aún y viéndose perpetuamente inundada entre infinidad de papeles que podría amargar la vida a cualquiera —como al renuente de Goro, que para la suerte de Riko, sólo trabajaba en las tardes—. recibió a Riko con una grata sonrisa y la mejor de las predisposiciones. Lo hacía con todos, y en especial con los más jóvenes, pues era madre de dos y la maternidad le había vuelto incluso más amigable.
—Bienvenido, joven Senju. ¡¿Con que buscas una misión, eh?! —indagó, irradiando carisma a través de aquel par de ojos color caramelo que rebuscaban en los archiveros—. ésta te vendrá bien. Toma, y mucha suerte.
